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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Desafíos de ser otros

Acercamiento a estéticas de actores y actrices que conmueven desde el audiovisual

La indagación constante debe acompañar al artista en el espectáculo televisual, este requiere del aporte colectivo, en función de la puesta. En el momento del relato ficcional suceden escenas que en la estructura narrativa concretan una idea. Actores y actrices llevan adelante el diálogo y las acciones en el desarrollo de la trama.

¿Cómo se construye lo “invisible” que da vida a la creación actoral? ¿Qué exige cada personaje del intérprete? Para referirse al proceso, el director italiano Eugenio Barba retoma a Stanislavski, quien “pareció un maestro de interpretaciones psicológicas, pues analizaba caracteres y motivaciones con el refinamiento de un novelista. Cuando hablaba de acciones físicas, entendía sobre todo una sucesión de actitudes o movimientos dotados de una profunda interioridad”.

Al construir sus dramaturgias, los intérpretes actorales logran impacto sensorial e imaginativo en el televidente. Por ejemplo, Octavio Rodríguez, Churrisco, galardonado con el Premio Nacional de Humorismo 2018, reconoce: “En nuestro trabajo es fundamental tener una sólida cultura. De ningún modo hacer reír resulta fácil. Hay que pensar, coordinar ideas, sugerir actitudes positivas, reflexiones, en las personas.

Estos objetivos son válidos tanto para el cine, la televisión, la radio y cualquier tipo de espectáculo. El arte no reconoce diferencias entre los medios, aunque cada uno tiene su lenguaje propio”.

Actores y actrices dan vida a lo escrito para desarrollar con sentimientos, compromiso, entrega. Los desafíos de ser otros humanos exigen saberes, rigor, estudios sistemáticos, no admiten superficialidades.

Muchos consideran que el valor del arte se determina por su contenido espiritual. Para Daysi Granados ningún personaje es igual a otro. “Por eso hay que desarrollar la capacidad de observación e interiorizar conflictos, alegrías, miedos, tal como ocurre en la vida misma, aunque el arte no es la vida misma, sino su recreación”.

Las actuaciones mecánicas, los clisés, deforman a los actores y actrices. Según Miriam Socarrás: “Una debe luchar por encarnar otras vidas artísticamente. Hay que interpretar lo que dice y como se dice, incluso cuando enfrentamos roles de conducción o presentaciones de espectáculos”.

En los medios audiovisuales, las palabras, las imágenes, no son meras descripciones de circunstancias, estados de ánimo u objetos implicados, sino que denotan el espíritu del personaje y de la historia.

La adaptación de novelas, cuentos, relatos, a la tv, es una fuente de incertidumbres, establece conexiones con experiencias, sueños, utopías, realizaciones del humano. Requieren ver, profundizar, sentir lo ajeno, mediante una capacidad sensorial entrenada. No escapa a la percepción de los públicos que el espíritu de las palabras trasciende las definiciones del diccionario o las simples presentaciones icónicas de plantas, flores, arbustos, paisajes.

La lectura exige modos de comprender vivencias que pueden ser útiles al televidente avezado. No pueden escapar ante nuestros ojos: prejuicios, paradigmas hegemónicos, conductas discriminatorias por orientación sexual, color de la piel, género, creencias religiosas, que limitan el ejercicio pleno de las personas.

Nunca lo olvidemos, el estudio de los textos de la cultura permite distinguir funciones de los sistemas lingüísticos y visuales. Además de su función comunicativa, el audiovisual crea significación. Si lo que interesa es entretenido independientemente de la textura del discurso hay que pensar en el ciclo de dar y de recibir, para cerrarlo es preciso ofrecerle al ciudadano un legado de normas, valores de conducta.

Los nautas digitales construyen un discurso particular que obedece a una lógica basada en las condiciones de navegabilidad por redes.

Cada texto es el resultado de una co-creación entre quien escribe y realiza; quien lee e interpreta. Lenguaje y pensamiento tejen una compleja red de significados que demandan atención. La lectura de filmes o libros requiere implicarse a fondo, descubrir sufrimientos, soledades, a veces agazapadas en el fuero interior.

El lector/espectador traduce el lenguaje de la obra a su propia cultura mientras interactúa con el texto. Incluso puede encontrarse consigo mismo mediante el espejo de personajes y relatos. De esta forma la lectura deviene acto creativo en tanto proceso de aprendizaje sobre la diversidad y la complejidad cultural.

De acuerdo con el filósofo y teórico literario polaco, Roman Ingarden, “la obra de arte requiere un agente fuera de ella, es decir, un observador que la haga concreta. A través de esa actividad de apreciación, el observador interpreta, la reconstruye en sus características efectivas, y al hacerlo de algún modo bajo la influencia de sugerencias de la propia obra, rellena su estructura esquemática completando al menos en parte las zonas de indeterminación y actualizando distintos elementos que hasta allí se encuentran solo en estado potencial”.

Ante la pantalla televisual, el acto de leer hace posible que los públicos aprehendan de forma imaginativa sobre los objetos y las vivencias presentadas. La lectura motiva la posibilidad de una reorganización de los campos de referencia más relevantes de la vida en momentos históricos, circunstanciales, que están en el texto. Se precisa estar atentos, la ampliación del universo cultural propio nutre para toda la existencia. Siempre aprendemos algo nuevo, de ahí la importancia de la lectura en cualquier soporte para el bien propio y de la sociedad.

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