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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Desde la pantalla nos hablan

Acercamiento a la comunicación audiovisual en diferentes programas y canales
De la gran escena

De la gran escena

En el panorama mediático coinciden disímiles audiovisuales múltiples, la cultura es clave en la comprensión de la naturaleza comunicativa dado su carácter de proceso productor de significados, vivimos en un mundo modificado por el cine, la web, las redes sociales, en tanto son fenómenos que aportan elementos a la expresión estética.

Como sabemos, no hay narración sin identidad y viceversa. Todo programa es un signo complejo, cada componente tiene prominencia en relatos, gestualidades, músicas, experiencias y modos de vida.

Según el semiólogo Göran Sonesson: “Nuestra sociedad de información es una sociedad de imágenes, pero también esta combinación sería más ilustrativa si se invierte: la sociedad de imágenes es, por primera vez en la historia, una sociedad de información”.

Por eso es importante visualizar en la TV cubana lo que ocurre en todo el país y allende los mares, nunca olvidemos: en el audiovisual resulta tan necesario construir la mirada como aprender a ver. Desde la pantalla todo nos habla.

A ello contribuye el programa Isla TV.cu (CE/2, viernes, 7:00 p.m.) con historias de la Isla de la Juventud donde raigambres y contemporaneidad revelan hitos de la nación. Escuchar en la voz de los protagonistas hechos, aportes, otras novedades, influye decisivamente en el conocimiento sobre particularidades de nosotros mismos.

De igual modo, durante el verano, en los espacios del Canal Educativo: Nocturno (jueves, 11:30 a.m.), Entre Claves y corcheas (sábado, 6:00 p.m.) y Brasil (viernes, 3:15 p.m.), hubo diversidad de músicas, puntos de vista y estéticas que establecieron jerarquías de instancias; comprenderlas no solo exige desentrañar la historia o pasar de una palabra a otra, sino profundizar en lo que se dice, cómo se dice.

En opinión del director José Ramón Artigas, Premio Nacional de Televisión, “hay que velar por las imágenes de quienes conducen cada emisión y la calidad de los materiales seleccionados de acuerdo al tema abordado. Esta concepción la mantengo en De la gran escena”.

Junto a las formas canónicas del medio aparecen nuevos formatos –con tiempos y estilos diversos–, géneros que mezclan convenciones clásicas e innovadoras: ficción-realidad, subjetividad-objetividad y distracción-utilidad.

De ello es consciente Guille Vilar en el espacio A Capella, en el que propone músicas, sonoridades, ritmos de todas partes del mundo. “Informar a los televidentes constituye una prioridad, si desconocen lo que está ocurriendo en otros continentes, no pueden elegir las producciones de esos lugares”.

La TV exige una estética del impacto, de la comprensión inmediata, pues opera en sensaciones y percepciones. En ocasiones, se colocan disímiles elementos en el plano, pierden relevancia los sujetos protagonistas y lucecitas impertinentes restan brillantez al hecho cultural.

De igual modo, la intencionalidad expresiva del director de fotografía es de vital importancia para comprender los contenidos de las puestas.

En ocasiones algunos espacios suelen orientarse al didactismo exacerbado, a los planos abiertos, falta la perspectiva de considerar a los públicos como elementos interactivos en los mensajes.

Durante el verano, en el espacio El piquete (Cubavisión, lunes, 2:00 p.m.) fueron destacados instrumentos, géneros, ejecuciones de jóvenes valores, dicha perspectiva estimuló el valor creativo, el énfasis de conceptos y textos ilustrativos sobre el acervo musical cubano.

Los contextos son marcos de referencia, le conceden significados al producto comunicativo, otorgan connotaciones a sus códigos y signos, contribuyen a establecer juicios, interpretaciones, asociaciones.

El arte puede adelantar una idea que el conocimiento social no ha formulado aún, incluso socializar lo más difícil de comprender mediante las emociones y la participación. Atmósferas, diálogos, efectos sonoros se integran en un conjunto visual y sonoro que conforma la puesta televisual.

Cerrar la brecha entre la realidad mediática y la social debe ser una prioridad de las producciones cubanas, pues cultura y entretenimiento no constituye un par antagónico.

Todo debe disfrutarse para legitimar el reconocimiento, las vivencias, la búsqueda del consenso. Los nuevos sentidos que se le da al arte requieren la complicidad de realizadores, directivos, públicos.

Un eslabón suelto puede ser una piedra en el camino. Hay que estar atentos para no cejar en el propósito y seguir cultivando el espíritu desde edades tempranas, lo visto, lo aprehendido, constituyen huellas para toda la existencia.

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