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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Desde la pantalla, una narradora de nuestro tiempo

Lourdes de los Santos es una de las tantas mujeres dentro de la producción cinematográfica nacional que se ha aventurado en la dirección de documentales
Lourdes de los Santos

Lourdes de los Santos

Talentosos realizadores han enriquecido con su obra a la documentalística cubana, pero trascendentales son también las féminas que se han atrevido a hacer suyo un camino iniciado por los hombres. Lourdes de los Santos no escapa a los elogios. Es una de esas ya numerosas féminas que han sido capaces de captar nuestra realidad desde una mirada otra, al sacar a la luz esos detalles que hacen especiales o únicos a una persona, e irrepetible la narración de una historia. Su trabajo es la constancia de una Cuba que ha recreado desde la vida e identidades particulares que las cámaras han puesto en sus manos para registrar una época que, como ella misma comenta, no puede pasar desapercibida.

Quizás solo tengamos como referencias de su quehacer algunos títulos como Son para un Sonero, Alicia la danza siempre o Estado de gracia, pero lo cierto es que desde un tiempo ya lejano como el casting para El siglo de las luces, esta historiadora del arte ya le daba su mano al cine para comenzar a conocerlo y paso a paso, convertirlo en lo que es hoy: profesión, vida, destino.

Atrapada en su propio oficio, por una tarde se invierten los roles y es ella quien responde a mis preguntas. Su imparable trayectoria desde que decidió acercar el arte a las pantallas con una óptica e iniciativa propias, y su opinión sobre sus compañeras en ese valiente empeño devino tema de conversación donde experiencias y esperanzas se fusionaron en un interesante diálogo cuando el mundo del séptimo arte y la propia televisión cubana sufren una metamorfosis que allana y complica realidades.

-Su trabajo anterior dentro de la cinematografía comienza como productora, asistente de dirección, organizadora de muestras audiovisuales, entre otras labores. ¿Cuánto le ha aportado esa experiencia a su trabajo actual?

Cuando yo empecé no existían las escuelas de cine. Venía precedida de un trabajo en el departamento de cine de Extensión Universitaria, pero del trabajo en el medio, en la práctica, yo tenía muy pocas referencias. La política del ICAIC en aquel momento era empezar a vincular a los graduados universitarios a través de su inserción en las producciones como asistentes para que, poco a poco, fueran dominando el medio.

Comencé justamente como analista, asistente de dirección y productora. Después me fui perfilando  y especializando en la producción de documentales, y más adelante en lo que es el casting de largometrajes, que es una media entre el asistente de producción y el de dirección, y consiste en seleccionar o escoger a todo el personal que aparece en pantalla. Considero que realmente esa fue la cantera más grande que tuve para aprender a hacer cine, porque además me dio la oportunidad de estar en contacto con los grandes maestros; pues trabajé directamente con Humberto Solás, Titón, Manuel Octavio Gómez, y después ser la productora, digamos la máxima responsable de la producción de más de treinta proyectos de documentales, me aportó mucho. Además en aquella época era en 35 mm, que era muchísimo más complejo, había todo un proceso de laboratorio, había que dominar bien todo el proceso de post producción, el trabajo de trucaje.

-¿Cuándo se decide a hacer documental como directora?

Fue justamente con el Período Especial. En esa etapa hubo un retraimiento de la producción y empieza a introducirse un nuevo medio que es el video. Entonces sucedió que muchos realizadores de documentales se cohibieron de utilizar la nueva tecnología y conmigo sucedió todo lo contrario: me dio el pie para comenzar y a partir de ahí me empiezo a vincular directamente con la dirección.

Mi primer trabajo como directora lo hice en el año 1996 con Manuel Iglesias y fue “Alicia la danza siempre”. Con él compartí la dirección en varias ocasiones hasta que llegó el momento en que seguí trabajando sola.

Para mi la llegada de esa tecnología fue muy buena y hay quién me dice que el video es una cosa y el cine otra y no, yo creo que se puede hacer video pensado como cine y se puede hacer perfectamente bien. Eso para mucha gente ha sido un gran obstáculo, para mí todo lo contrario: fue realmente la oportunidad que estaba esperando, porque si bien el formato de 35 mm me dio la posibilidad de aprender bastante era muy difícil poder llegar a dirigir en esas condiciones.

-Sus trabajos como directora se acercan a la trayectoria de figuras destacadas de la cultura nacional. ¿Por qué ese interés?

Lo que a mí me apasiona es la cultura del momento en que vivimos, todo lo que contribuye a formarla, a afianzar los valores que tenemos como cubanos, e indiscutiblemente eso se construye a través del prisma de determinadas personalidades que marcan pautas dentro de ese período. Me interesa descubrir cuáles son las motivaciones que llevan a estas figuras a crear y a hacer las cosas que hacen. Por eso he trabajado con personalidades de diferentes ámbitos como la danza, las artes plásticas, pero sobre todo la música, porque yo pertenezco a una generación que surge con la Nueva Trova y eso me marcó muchísimo.

-¿Qué otros proyectos tiene en mente?

Después de un tiempo a la espera de una posibilidad financiera, finalmente espero realizar un proyecto sobre el pintor pinareño Pedro Pablo Oliva que lo voy a filmar gracias a la productora de documentales de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), llamada Octavio Cortázar.

Sucede que todo este período complejo económicamente afecta al género documental de una manera tremenda, es el que más sufre. En este momento, la producción de documentales en el ICAIC es casi mínima porque pienso que en definitiva lo que les interesa es hacer más largometrajes, pero considero que los documentales son tan importantes como una cinta de larga duración porque son el reflejo, el testimonio de la época en que estamos viviendo. Tú puedes ver una película que trata de esta época; pero es mucho más efectivo a veces ver un documental, aunque sea breve, de un testimoniante del momento que te habla de determinados temas. Creo que se ha perdido un poco esa óptica y se está yendo hacia una cosa más simplista en el sentido de que el largometraje se coloca más fácil, se vende más caro, es decir, recupera más rápido la inversión. Sin embargo, un documental, una mirada verídica a la realidad, es lo que le vamos a dejar a las nuevas generaciones para que sepan cómo vivimos.

-¿Hasta que punto ha alcanzado protagonismo la mujer en la documentalística cubana?

Me parece que es el género donde más protagonismo han logrado alcanzar, aunque el camino no ha sido fácil. Sucede que para que una mujer logre montar un proyecto de ficción debe tener un apoyo exterior y los extranjeros se dejan guiar mucho más por el currículum que por otras cosas. Ellos ponen dinero más fácil en un proyecto en que esté involucrado un realizador que en manos de una persona, en este caso una mujer que empieza y que no se sabe si su trabajo va a resultar o no. Entonces es muy difícil colocar el proyecto de una mujer para realizar un largometraje de ficción en 35 mm.

En ese sentido se han abierto un poco más las posibilidades con la tecnología digital que ha facilitado mucho las producciones, pero desde hace muy poco tiempo. Además, a través de las escuelas de cine han surgido muchachas que desde edades muy tempranas han experimentado en cortos de ficción y, específicamente en el documental, hay muy buenas realizadoras. Esos centros de enseñanza han sido otra cantera importante en el surgimiento de nuevas generaciones de féminas dedicadas a esta profesión.

-¿Qué aportes ha hecho la mujer como directora al documental cubano?

Yo pienso que un elemento fundamental que la mujer ha aportado al documental cubano es la mirada, una visión característica que va a la introspección, a lo sutil de cada temática, porque a veces nada es lo que aparenta y hay que ir un poco más a la esencia. Esa mirada, sin dudas, la  ha dado la mujer.

-¿Cree que se le está dando espacio suficiente a la mujer en el cine y la televisión?

Precisamente una de las cosas que tiene pendiente la Asociación de cine, radio y televisión de la UNEAC para el 2011, es un debate sobre las alternativas a la producción documental, porque cada año que pasa es más difícil, desde el punto de vista institucional, que produzcan documentales.

Ese es un problema que nos está golpeando a los que durante años hemos utilizado esa vía para realizar nuestros proyectos. Ahora se han generalizado mucho las producciones independientes, las cuales han encontrado el inconveniente de que no existe una fórmula que permita a las instituciones mostrar los materiales y a la vez, retribuir a los realizadores por la obra.

Entonces estamos tratando a través de la UNEAC, de la Comisión de Economía de la Cultura, de crear un decreto ley sobre el creador autónomo que lo ampare para poder trabajar por su cuenta, fuera de las instituciones y le ofrezca un marco legal de diálogo. Ese decreto ya está en manos de la Asamblea Nacional para que se firme. Así el creador autónomo se podrá sentir protegido.

-¿Hasta qué punto considera que la producción de las mujeres como documentalistas y cineastas ha dejado atrás el mito de que el cine es para los hombres?

Sí se han dejado atrás todas esas creencias y pienso que la tecnología ha contribuido mucho a que se olvide ese mito. Antiguamente, era muy difícil ver a una mujer directora de fotografía, por ejemplo, porque las cámaras pesaban mucho para que una mujer las llevara y ahora sí se puede y existen varias. Lo mismo ha sucedido con las directoras de cine y dentro de él, de documentales, que cada día son más y las hay muy talentosas, aún siendo jóvenes.

-¿Cree que el trabajo de las directoras de documentales en nuestro país ha sido reconocido lo suficiente?

Pienso que sí. Incluso esa alternativa que se está manejando de originar nuevos espacios de creación para las documentalistas es una manera de reconocer también el trabajo de la mujer en esa esfera del arte.

Mi última interrogante despeja las dudas sobre los posibles detractores que pudiera encontrar una mujer al colocarse detrás de las cámaras. “No he recibido críticas por mi interés en la dirección de documentales. Al contrario, me han estimulado muchísimo, incluso las mismas personas con las que trabajé al inicio de mi carrera en el cine”, comenta.

Termina nuestro diálogo, pero Lourdes no para de recomendar nuevas entrevistadas cuyo trabajo también merece, a su parecer, el reconocimiento de los medios. Está segura de que cada una de ellas tendrá una diferente pero interesante visión del tema. Entonces las puertas quedan abiertas con la esperanza de que este no sea más que un primer homenaje a tantas féminas capaces de convertir cada realidad en una historia.

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