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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El “noticiero” de José Martí

José Martí y la cultura

De acontecimientos ocurridos en diferentes países trataba la “Sección Constante”, escrita por Martí

Cuando se habla de noticiero, lo más probable es que se piense en alguno difundido por la televisión o la radio. Pero tal vez nadie asocie esa palabra con un diario.

Sin embargo, la primera acepción que ofrece el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española de ese adjetivo es esta: “Que da noticias. Periódico noticiero”.

Y precisamente, como un verdadero “noticiero” consideró el ensayista Cintio Vitier la “Sección Constante”, escrita por Martí de noviembre de 1881 hasta junio de 1882 en el diario La Opinión Nacional, de Caracas.
En su libro Vida y obra del Apóstol José Martí, Vitier destaca que el más universal de los cubanos “hizo cátedra de la noticia; laboratorio, del suceso; de lo efímero, poema; extrajo de lo sucesivo, leyes. Expuso, con olor a tinta fresca y para siempre, su galería de retratos ejemplares”.

Para el citado intelectual cubano, fallecido en octubre de 2009,  aquel escritor no desdeñó la célula ni el átomo noticioso, microscópico protoplasma de la historia.

Muchas fueron las noticias amenas que compartió con el público caraqueño el periodista que residía en Nueva York, Estados Unidos, donde se nutría de lo publicado en periódicos europeos y estadounidenses.

Los antecedentes de esta columna estuvieron en otras dos que Martí publicó durante su estancia mexicana (1875-1876) en la Revista Universal: “Ecos de Todas Partes” y “Sueltos”. Así lo expresa la investigadora del Centro de Estudios Martianos, Mayra Beatriz Martínez, en su artículo “Sección Constante: vértigo y servicio”.

Para él, sostiene Martínez, debió significar un desafío bien atractivo mantener por primera vez una sección fija noticiosa desde otro país. Se dice que fue el primero en realizar este trabajo en la prensa hispanoamericana.

En ese sentido, la estudiosa apuntó que el Maestro tenía a su alcance materiales de sumo interés para lograr “conectar” a sus lectores periféricos -lector medio ex colonial- con el acontecer de los centros culturales del mundo capitalista en desarrollo.

A su juicio, esa oportunidad resultaba idónea para cumplir sus propósitos de formar al público hispanoamericano, en pos de nuestro propio progreso, informando, lo cual implicaba relacionar los hechos de actualidad y, sobre la marcha, ser capaz de interpretarlos.

El análisis discursivo de las 113 secciones, en las que se agrupan 537 notas, fue el tema de la tesis de licenciatura en Periodismo de Taimyr Sánchez Castillo, quien tuvo como tutores al Doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez y a mí.

La egresada de La Universidad de La Habana constató cómo Martí informaba sobre científicos, escultores, sacerdotes, músicos, poetas, actrices, presidentes, escritores, condes, arqueólogos y reyes, entre otros.
El corresponsal hizo narraciones y descripciones cinematográficas verosímiles; donde cajas chinas, mudas temporales y espaciales, vasos comunicantes y datos escondidos comparten el espacio con la metáfora y la enumeración, confirmó la autora.

Para Sánchez Castillo la rutina de Martí consistía en documentarse, buscar, consumir, seleccionar y verificar las fuentes de información. Antes de reelaborar la noticia, valoraba el grado de noticiabilidad de los acontecimientos, los contextualizaba e interpretaba.

Otras de las conclusiones de la periodista es que la extensión de las notas variaba en dependencia del tema. Por ejemplo, las curiosidades, generalmente eran breves; mientras que los asuntos literarios, científicos, históricos y relacionados con personajes famosos, fueron abordados con mayor profundidad y extensión.

“El empleo de la narración y la descripción con fines estéticos e ideológicos convierte algunas notas en relatos cortos. La narración es viva, realista, se inspira en acontecimientos verdaderos y aunque utilice algunos elementos de ficción, son verosímiles”, subrayó.

En otra de sus conclusiones se refiere a que lo dramático subyace en el relato, no solo en la estructura y el empleo de las técnicas narrativas sino en la serialización de la información, que atrapa al público.

Para tener una idea del tipo de notas, ejemplifico con tres de las 15 publicadas el 5 de noviembre de 1881:
—Un doctor en San Francisco pidió $53 000 por haber asistido durante un año a un enfermo, que murió. Pero se contentó con $5 000.
—Para construir, en Londres, un hotel inmenso, al estilo norteamericano, con 400 cuartos, se tendrá que derribar entre otras casas históricas, la casa en que Haydn escribió la mayor parte de La Creación.
—Desde las 9 de la noche del día en que se celebraron los funerales de Garfield en Cleveland hasta las 12 de la noche, una sola empresa de telégrafos trasmitió para la prensa 110 000 palabras. El día anterior había trasmitido 292 000.

No sería ocioso leer esta columna en los tomos 12 y 13 de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí. Indudablemente aquella sección de Martí constituye un referente para hacer hoy un periodismo informativo más ameno y variado, sazonado con buenas dosis de dramaturgia e intencionalidad.

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