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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Ela Calvo: la elegancia en la canción

En Ela Calvo todo fue donaire, distinción. Eso que algunos llaman "don de gente"

Ela Calvo

A estas horas han de estar de luto todas esas canciones a las que Ela Calvo les aportara no solamente su voz tan plena, sugerente y cálida, sino esa particular elegancia con que las envolviera durante su extensa y fructuosa carrera, que tan maravillosos frutos rindiera a la cancionística cubana, incluso más allá de nuestras fronteras.

Porque en Ela todo fue donaire, distinción. Eso que algunos llaman «don de gente», desde el timbre depurado hasta el sobrio desplazamiento escénico, siempre desprovistos del rebuscado impacto al cual se recurren algunos intérpretes que no tienen algo más intenso y verdadero que ofrecer.

Muchas veces pensé que ya no se recordaba lo suficiente a una mujer que unas décadas atrás se enseñoreó con su arte en la televisión, la radio, el teatro y centros nocturnos de nuestro país. La misma que tantas veces y tan exitosamente representara a Cuba en diversos festivales y espectáculos musicales, para cautivar a públicos de todos los idiomas en todos los confines del planeta.

Ela Calvo se ha marchado hacia otra dimensión de la existencia, y evoco la última vez que le escuché un hermoso ramillete de canciones, que ella era capaz de embellecer mucho más. Fue en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba hace casi veinte años, y confieso no haberme sorprendido entonces con el dominio con que su voz aún acometiera los más exigentes temas. Porque esa mujer que tanto dudó en dedicarse profesionalmente al canto, había nacido para cantar… y los admiradores de su voz y su elegancia agradeceremos por siempre que haya sido así.

 

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