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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

En homenaje a José Raúl Estol

Versión reducida del prólogo titulado “Ab initio”, escrito por el para el libro Memorias de un olvido, que próximamente publicará Ediciones En Vivo

José Raúl Estol

Actualmente en Cuba abundan los textos sobre la historia del cine cubano y también sobre la historia de la radio de la isla. No solo circulan en el país varias historias omnicomprensivas y totales de dichos medios, sino que además se pueden encontrar textos que enfocan con lente de aumento géneros, formatos y aspectos puntuales del desarrollo del cine y de la radio. Se podría debatir si el vocablo abundan, que he utilizado aquí, es el apropiado para el caso de las publicaciones sobre el cine y la radio nacionales, pero si se tiene en cuenta el volumen de público interesado en estos temas, no me queda duda de que podemos hablar de una rica biblioteca de textos sobre radio y cine, y en especial, sobre sus respectivas historias, a pesar de que ello todavía pueda saberle a poco a algunos.

Sin embargo, hay otros dos medios en Cuba que no gozan del mismo favor que el cine y la radio. Estos son la prensa plana y la televisión. La prensa plana está quizá más favorecida que la televisión en relación con la cantidad de estudios diacrónicos y sincrónicos presentes en librerías, bibliotecas y otros centros de información; aunque curiosamente la mayoría de esos estudios se concentra en las publicaciones (periódicos y revistas) que ya no circulan entre nosotros. La televisión cubana, por su parte, carece del caudal de estudios que acompañan al cine, la radio y hasta la prensa plana del país.

Cierto es que la televisión es el medio más joven de los antes mencionados y por tanto tiene “menos historia”. Cierto es también que se han realizado algunos programas habituales de televisión (60 y más, TV en TV, Imagen y sonido) y hasta una célebre serie para la televisión (Hasta el último aliento, dirigida por Vicente González Castro) que han abordado el tema de la práctica televisiva y del devenir de la televisión en Cuba; pero no ha sido así en el ámbito de las publicaciones, tanto en papel, como en soportes digitales. Aunque se pueden citar varios e importantes libros y el nombre de destacados investigadores como Vicente González Castro, Arnoldo Tauler López, Sahily Tabares, Mayra Cué, Jorge Alonso Padilla, Maribel Acosta Damas, Reinerio Flores Corbelle y Paquita Armas, por mencionar algunos de los más sobresalientes. No quiero dejar de resaltar en estas líneas la sostenida labor de Ediciones En Vivo durante esta última década (2010-2020) para lograr la edición y publicación de textos de autores cubanos sobre radio y televisión.

No obstante el loable trabajo en el campo de los estudios sobre televisión realizado por los autores mencionados y otros que mi memoria no rescata ahora, queda aún mucha información por recuperar y sistematizar sobre la televisión cubana y mucha reflexión teórica y crítica que desarrollar sobre este medio en la isla. Afortunadamente, el profesor José Raúl Estol Román (1928-2020) nos ha sorprendido con la presentación de su Memorias de un olvido. Etapa fundacional de la televisión cubana 1950-1962, con el que se suma ―al menos para el gran público― al grupo de investigadores y teóricos de la televisión en nuestro país, casi todos provenientes de la práctica televisiva. Su texto contribuye notablemente a incrementar el fondo de información sobre dicho medio.

José R. Estol Román tal vez no haya sido una figura muy conocida por ese gran público que arriba se menciona, pero sí lo fue, y mucho, para el gremio de la televisión y de los medios en general. Estol era muy admirado, respetado y querido por varias generaciones de artistas, técnicos, directivos, asesores y el personal en general que ha laborado en los medios cubanos desde la fundación de nuestra televisión hace 70 años. Este ingeniero en Telecomunicaciones tuvo una larga y brillante hoja de servicios en la televisión, institución a la que prácticamente dedicó toda su vida.

Fundador de dicho medio y merecedor del Premio Nacional de la Televisión en 2012, también fue uno de los fundadores de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) de la Universidad de las Artes de Cuba (ISA), en la cual laboró como profesor titular adjunto e impartió la disciplina Historia de la Televisión por espacio de 16 años. Personalmente recuerdo que cuando comencé a impartir clases como novel profesor en la FAMCA en 1993, me admiró el hecho de que el profesor Estol fuera una figura venerada por sus colegas y sus estudiantes como gran amauta de los medios. Era la época en que la FAMCA estaba dirigida por Jesús “Chucho” Cabrera ―el decano por antonomasia de dicha facultad― y en su claustro se podían encontrar los nombres de importantes figuras del cine, la radio y la televisión.

Toda la experiencia y los conocimientos adquiridos a través de sus largos años en el medio, Estol los ha sistematizado y los ha ofrecido en los innumerables cursos y conferencias que sobre la televisión y su historia ha impartido en Cuba, los EEUU, Canadá, Hungría, Italia, Japón, y Rusia, entre otros países más. De modo que ahora presentamos aquí una obra muy sedimentada y revisada, que se ha estado pensando, escribiendo, expandiendo y actualizando a través de setenta años de labor técnico-profesional, investigativa y docente. Tamaño caudal de información no cabe en solo un libro y por eso tal experiencia y tanto saber se extienden a tres sustanciosos volúmenes que componen esta ambiciosa investigación.

No creo que exista una obra sobre la televisión en Cuba tan detallada y preciosista en datos y a la vez tan pantagruélica en su conjunto como Memorias de un olvido. Ninguno de los textos existentes sobre cine cubano, ni ninguno de los libros sobre la radio nacional, incluyendo el célebre La radio en Cuba de Oscar Luis López, se comparan, hasta el presente, con esta trilogía de Estol en lo referente a la diversidad de temas y aristas abordados, al volumen de información compilado, el nivel de detalles y la amplitud de la información presentada, y en la narración clara, objetiva y sin afeites de los acontecimientos trascendentales y de las anécdotas puntuales. No es un libro de chismes de la farándula. Estol evita caer en el facilismo comercial del gossip típico de muchas publicaciones de radio, cine y televisión anteriores a 1959. Memorias… es un trabajo profesional, serio y confiable.

Hoy resulta difícil encontrar protagonistas o testigos de aquella etapa, pues el tiempo ha hecho su trabajo. Súmese a este natural proceso de la vida, la carencia casi total de estudios históricos y críticos, bien ordenados y sistematizados, de aquellos momentos fundacionales. Buena parte de esa historia había quedado preservada en la tradición oral. Suerte que José Estol se ocupó, paralelamente a su trabajo técnico-profesional en la televisión, de ir registrando los hechos que luego serían historia, aunque no solo anotó sus experiencias. Valga apuntar que Memorias… no es una nostalgia personal de la televisión cubana de aquellos años, ni la biografía cuasi novelada de uno de sus protagonistas. Memorias… es un documento que registra y analiza objetivamente ―hasta donde la objetividad le es permitida a los seres humanos― no solo los acontecimientos vividos por el autor, sino también la información obtenida de diversas publicaciones, documentos oficiales y legales, contratos de servicios, reportes de trabajos, cuentas de pagos, demandas judiciales, proyectos presentados, guiones, escaletas, cartas, notas manuscritas, material visual (fotográfico y televisivo), reseñas radiales, revistas de farándula, la prensa plana ―especialmente sus secciones y artículos dedicados a la televisión―, entrevistas a colegas, expertos y personalidades en general. También se deben incluir en esa enumeración de fuentes las muchas horas de conversaciones y fructíferos intercambios informales con familiares, amigos y gente afín al gremio que contribuyeron a precisar y darle forma a estos tres volúmenes que constituyen Memorias de un olvido.

No quedan fuera de este estudio las relaciones extratelevisivas con el entorno político, social y económico de Cuba en esos años. Estol logra apartarse del manido discurso político sobre la televisión cubana en tiempos de la influencia norteamericana y en particular de la dictadura batistiana, y busca un enfoque más descriptivo y objetivo de la liaison TV-sociedad, aunque en algún que otro momento de su narración aflore, inevitable, su posición personal ante ciertos hechos o personajes de la época. No es este un libro apologético, nostálgico, biográfico, ni es un panfleto político, aunque tampoco es apolítico. Con una prosa clara, que elude tanto el barroquismo sensiblero, como el discurso académico hermético y excluyente del lector promedio no especialista, Estol nos regala una fuente inestimable de información desde una perspectiva analítica y crítica, y con una vocación de objetividad que mucho se agradecerá en los años por venir.

También mucho debemos agradecer a la Editorial En Vivo su acertada decisión y empeño por publicar esta necesaria obra. Gracias al profesor José R. Estol el vocablo olvido ya puede ser borrado del título de su propia obra. Esperamos que este estudio que ahora comentamos sirva de inspiración y guía a los presentes y futuros investigadores y estudiosos de los medios en su labor profesional, no solo como fuente de datos, sino también como modelo de sistematización y de presentación de los resultados de una investigación como la realizada por un profesional de la talla del maestro José R. Estol, quien permanecerá vivo en estas páginas a las que dedicó su vida y su amor por la televisión.

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