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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

En la historia de nuestra radio

El 24 de mayo de 1882 nace en Camagüey un ser ante el cual hay que quitarse el sombrero: Luis Casas Romero

Luis Casas Romero

Cuando este humilde ser que suscribe vino al mundo –hace un chorro de años– ya oyó decir que “los americanos de la ITT con su planta PWX, pusieron en el aire la primera transmisión radial originada en Cuba, el 10 de octubre de 1922”. (¡No olvidar las siglas de la empresa!).

Y todo el mundo se tragaba aquella triquiñuela.

Pasó el tiempo. Y la celebérrima águila martiana sobre el mar. Llegué a la adolescencia. Entonces, “descubrí” la usurpación de los yanquis. Fue cuando tropecé con un nombre: Luis Casas Romero, personaje sobre el cual volveremos en estas líneas.

Ahora, retornemos a una presencia ya mencionada, que tuvo el papel decisivo en este escandaloso hecho.

La ITT, una trayectoria ignominiosa

En 1920 el coronel estadounidense Sosthenes Behn y su hermano Hernan crean la International Telephone & Telegraph.

De entrada, controlan la telefonía y la telegrafía de Cuba y Puerto Rico. Pero eso era solo un bocadillo para las voraces tragaderas del naciente monstruo.

Ya en 1923 se enseñorea de las telecomunicaciones españolas. ​​ Desde 1922 hasta 1925 compró varias compañías telefónicas europeas. Sus tentáculos llegan hasta la lejana Rumanía.

En Cuba, la tiranía machadista le otorga una concesión por cincuenta años para operar el servicio de radiocomunicaciones con el extranjero.

El 3 de agosto de 1933, Hitler recibió a Sosthenes Behn en una de las primeras reuniones con los empresarios estadounidenses. El director general de ITT, a través de Heinrich Himmler –líder de las SS–, le hace llegar una cuantiosa suma al jefe nazi. Y la ITT sería fuerte accionista en la empresa alemana que fabricaba los aviones de combate de la Luftwaffe.

Más acá en el tiempo. La tenebrosa compañía se sintió a sus anchas durante el batistato. En 1957 obtiene de la tiranía un abusivo aumento de las tarifas. Un año después la compañía no tenía permiso legal para seguir operando en Cuba, pues su concesión se había vencido; pero los gobernantes no se dieron por enterados.

Como cierre de este incompleto historial de infamante proceder, dígase que la ITT organizó el grupo de poderosas empresas norteamericanas involucradas en el derrocamiento de Allende. (Qué casualidad. El entonces director de ITT antes había estado al frente de la CIA).

Por tanto, no ha de extrañarnos lo sucedido en torno a Cuba a partir de 1922.

Nuestro saqueado compatriota

El 24 de mayo de 1882, en Calle de los Pobres número 95, Camagüey, nace un ser ante el cual hay que quitarse el sombrero: Luis Casas Romero.

Adolescente aún, lo hallamos como corneta de órdenes en una tropa mambisa.

Flautista, compositor, director de orquestas, como las de los teatros Martí, Alhambra, Molino Rojo.

Estuvo entre los fundadores de la primera fábrica electromecánica de rollos de pianola que hubo en Cuba.

Creador de un género musical que destila cubanía: la criolla.

Es de su autoría una pieza que sigue estremeciendo a cualquiera de nosotros que mantenga vivo el patriotismo en su miocardio: El Mambí.

Y se aseguró su lugar en la posteridad el 22 de agosto de 1922. Ese día, en su hogar habanero de Ánimas No. 99 –ahora 457–, desde su humilde emisora 2LC, lanzó al éter la primera transmisión de radio originada en este archipiélago.

Anótese, con letras descomunales, que el hecho ocurrió un mes y dieciocho días antes de que saliera al aire la señal lanzada por la PWX, de la infame gringa ITT.

(A Casas eso no le resultó suficiente. Y fue también quien primero nos puso en la onda corta, cuando transcurría 1933).

 

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