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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Enrique Molina, ese actor necesario

Enrique Molina se suma a la prestigiosa nómina de grandes hombres de la escena cubana
Enrique Molina

Enrique Molina

Silvestre Cañizo en Tierra Brava se tornó invencible. Ese personaje se convirtió en uno de los imprescindibles dentro del imaginario popular cubano. Enrique Molina le dio vida, ofreciendo una actuación completa que regaló al televidente cubano dolor y goce.

Antes de encarnar la popular interpretación, Molina fue antes Lenin y pudo haber sido José Martí, luego de someterse a un riguroso tratamiento para lograr asumir el rol. Asimismo, logró convertirse en el tenaz padre de familia en Contigo, pan y cebolla y el agente infiltrado en la serie En silencio ha tenido que ser, por solo por mencionar algunas de sus grandes actuaciones. En cada uno de esos roles marcó huellas en diversas generaciones que lo admiraron.

De igual manera fue ese actor que todos querían volver a ver; el rostro, casi familiar, que nunca permitió que un personaje se pareciese a otro, aun cuando por determinadas situaciones conectaran entre sí. Molina es —y continuará siendo— ese cubano auténtico y valedero que defendió la esencia del artista en cada propuesta, en cada acto sublime.

Hace más de un año su nombre pertenece a un pasado reciente y debemos acostumbrarnos a escuchar su voz y ver su rostro en grabaciones. Enrique Molina se suma a la prestigiosa nómina de grandes hombres y mujeres de la escena cubana. Él forma parte de esta otra tierra brava que le vio nacer y que nunca le dirá adiós.

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