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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Ese sentimiento que se llama radio

Sobre los aportes desde el arte y la técnica a la radio cubana versa el libro Sentir la radio, de la editorial En Vivo

Ese sentimiento que se llama radio

Como es sabido, las trasmisiones radiales tienen larga data en Cuba. La década de los años 20 del pasado siglo dejó escuchar en la Isla los primeros sonidos que difundiera esa eterna acompañante. Por ende, en tan larga existencia no han sido pocas las personas, desde el arte y la técnica, que han aportado, además de pasión y amor, sus saberes y labores. Justo sobre algunas de esas personas y también sobre cómo hacer mejor a nuestra radio versa el libro que reseñamos.

La editorial En vivo ofrece el volumen Sentir la radio, de Roberto Rodríguez Menéndez. Dos grandes grupos temáticos conforman esta obra. Por una parte, el tomo reúne un importante número de entrevistas a renombradas personalidades con participación en nuestro devenir radiofónico. En segunda instancia, pero no por ello menos importante, brinda un conjunto de textos, mitad nostálgicos, mitad orientadores, repartidos en diferentes contenidos. Se trata de una sección donde se mezclan tanto el útil magisterio como las evocaciones del pasado.

Del autor de este trabajo digamos algunas palabras. Como resalta en el prólogo la periodista Yuzaima Cardona Villena, nos referimos a un profesional que ha dedicado su vida a múltiples ramas de la creación radial. Señala la periodista que, por sus conocimientos, Rodríguez Menéndez puede hablar “con propiedad de la dirección de programas (…) disertar sobre medios audiovisuales, realizar las veces de promotor, publicista, analista cultural y profesor de Dramaturgia y Dirección aplicadas a la radio. Más de un curso para guionistas contó con sus saberes (…) además de conferencista y jurado de radio en varios festivales nacionales y provinciales, donde obtuvo distintos galardones”.

En las entrevistas que atesoran estas páginas también vale la pena detenerse y tomarlas en cuenta. Conforman una sólida lista donde hay actores, escritores, cantantes, cineastas, amantes del idioma y hasta poetas. Aunque, bien pensado, algunas de esas categorías pueden adjudicarse en plural a más de una de las personalidades convocadas. De cualquier modo, antes de cualquier comentario, escuchemos mejor las ideas de su propio autor sobre estos diálogos.  “Se trata de quince momentos diferentes y llenos de especiales secretos, esos que brotan sin pedirlos pero que tienen la capacidad de ajustarse ante sugerentes preguntas (…) Cada uno de esos quince convocados a esa suerte entrañable de la confesión, tuvo para mí el descubrir la palabra conmovedora que todo lo dice y lo calla (…) Todos, en su justa medida, han enriquecido los caminos de la radio en Cuba”.

Sin dudas, hay gratos momentos y regalos en estos intercambios. Sume usted las obras, recuerdos y valores de una lista donde aparecen los criterios de Esther Borja, Eduardo Robreño, Santiago Álvarez, Cuca Rivero, Manolo Ortega, Luis Alberto Casanova, José Antonio Rodríguez, Celima Bernal, Lilia Esteban de Carpentier y Jesús Orta Ruíz (El Indio Naborí), entre otros nombres. Entonces, imagine cuánto de bueno y de sabio puede contarnos tal constelación de grandes figuras, no solo ya de sus quehaceres en nuestra radio, sino para la cultura cubana toda.

El otro segmento del libro, que su autor ubica a medio camino entre la teoría y los recuerdos, también ofrece valiosos aportes, entre ellos memorias y anécdotas que implican a personajes como un Chan Li Po o a una Mamá Dolores, salidos de la pluma de Félix B. Caignet, y protagonistas de algunas de sus más renombradas obras. Otras remembranzas van de la mano de la crónica roja y aquella sangrante “Guajira guantanamera” que, en la voz inconfundible de Joseíto Fernández, relataba crímenes en décimas. En predios más de la teoría y la enseñanza, los trabajos recorren, entre otros temas, el análisis y evaluación de los trabajos de una emisora radial, el buen hacer e imprescindible dicción y uso del idioma ante el micrófono y la necesaria preparación y conocimientos al encarar un guion radial.

Este volumen de Roberto Rodríguez Méndez reúne en sí la estupenda cualidad de servir tanto al público ávido y curioso como a los especialistas y profesionales del medio. En todo caso, ni uno ni otro bando podrán prescindir de ninguno de los contenidos de la obra y recibirán por igual, en bien logradas dosis, tanto disfrute como saber. Las pantallas de papel de Sentir la radio esperan por ser abiertas.

Danayris Caballero

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