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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Evocaciones sobre Luis Casas Romero

A partir de los recuerdos de Luis Casas Rodríguez y Mirta Casas Terradas    

Cuando Luis Casas Romero, músico, mambí y fundador de la radio en Cuba, murió Mirta Casas Terradas -una de sus nietas- tenía tan solo nueve años. Era el 30 de octubre de 1950. Para ese entonces su abuelo había tenido tiempo suficiente para hacer historia.   

 
De niña no tenía conciencia, como es lógico, de que su abuelo era una personalidad de la cultura cubana. Años después supo que a Casas Romero lo aplaudían como un virtuoso de la flauta y lo respetaban por haber peleado en la llamada Guerra del 95, por la independencia de Cuba.
    
Ya vestía como una jovencita cuando comenzó a comprender que gracias a él y a su padre se lograron hacer las primeras transmisiones radiales en Cuba, aquel 22 de agosto de 1922 a través de la 2LC.   
 
“Recuerdo que era muy elegante. Siempre vestía de uniforme. Y en una ocasión, bueno yo era una niña, se apareció de noche a la casa a vernos porque tenía una actividad, una fiesta. Entonces vino vestido de gala, ¡ay, con aquel traje blanco, qué lindo lo vi!”, dice Mirta, quien se siente a gusto mientras comparte fotos sobre su familia.     

En una de ellas, Luis Casas Romero luce botas y traje blancos, sentado en una butaca. De pie, a su lado, está su hijo Luis Casas Rodríguez, vestido de traje y corbata, con pantalón bombache. Calza unas botas negras que le llegan casi a las rodillas. Al fondo está el ingeniero Adalberto Álvarez, quien lleva una corbata y traje oscuros.  
 
“Él era el director de la banda del Estado Mayor del Ejército. Tocaba en el Parque Central. La marcha símbolo que tocaba el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación fue a un concurso en Canadá. Y esa música, con su banda, ganó medalla de oro a nivel mundial. Él fue el creador de esa música”.

Mirta tiene en la memoria pocas vivencias de su abuelo. Pero ella escucha con frecuencia una conversación que grabaron en un casete su hermano Rafael y su padre Luis, en la que, entre otras cosas, se habla del autor de la célebre composición musical “El Mambí”.  
   
En ese diálogo, que data de 1986, Casas Rodríguez revela detalles sobre el surgimiento de la radio en Cuba y sobre los valores de su padre.      

“Quiero agregar que mi padre, el maestro Luis Casas Romero, es el autor del himno universitario y de la marcha fúnebre “Patria”, que todavía se utiliza en los entierros de los militares: es la marcha fúnebre oficial”, evocó Casas Rodríguez.  

“Luis Casas Romero no se hace un potentado de la radio en Cuba, como se hicieron otros que entraron posterior, debido al comportamiento de él, la idiosincrasia de él”, dijo hace 31 años.  
   
Aclaró que los programas se hacían gratuitos: “no había que pagarle nada a la planta, escasamente a algún anunciante que ayudaba y pagaba a los artistas, las orquestas”.    
 
Sobre la modestia de su padre expresó que a él no le gustaba trasmitir su música ni hacer esa gran propaganda de su música como hacían en otras emisoras otros autores. “Él decía que eso era inmoral, que no era correcto”.  “No quiso apropiarse de su propio medio para hacer su propaganda. Él transmitía un número más que otro, “El mambí”, por ejemplo, “Si llego a besarte”. Pero nunca puso una hora de música de Luis Casas Romero, sino que esporádicamente ponía algún número”.     

Más de 500 partituras, un centenar de criollas y 23 zarzuelas salieron del genio musical de aquel artista, condecorado con la distinción honorífica de “Hijo Predilecto de Camagüey”.
    
En la pared de la sala de la casa de Mirta, a unos centímetros del piano, está una pintura de Luis Casas Romero, quien regaló a la cultura cubana creaciones románticas como “Si llego a besarte”:
     
Dicen que tus caricias no han de ser mías    
que tus amantes brazos no han de estrecharme    
y yo he soñado anoche que me querías    
y aunque después me muera quiero besarte    
Dame un beso y olvida que me has besado,    
yo te ofrezco la vida si me la pides    
y si llego a besarte como he soñado    
ha de ser imposible que tú me olvides.

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