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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Frank Sinatra y Ava Gardner

Dos estrellas de luna de miel en La Habana
Frank Sinatra y Ava Gardner

Frank Sinatra y Ava Gardner

En la pareja de la cual se ocuparán estas líneas, el integrante masculino fue Francis Albert Sinatra, cuyo nombre devino en Frank, nacido en Hoboken, Nueva Jersey, en 1915, hijo de humildes inmigrantes italianos. Bajo la influencia de su padre —Antonino, tabernero—, inicialmente mostró interés por el boxeo.

Después, andaría bronqueando con la policía, como pandillero juvenil. Pero ni el deporte ni el delito marcarían su vida, sino el canto, arte que comenzaría a ejercer en la radio. Ahí comenzó su carrera meteórica, que lo llevó a ser llamado The Voice, o sea, La Voz, por excelencia.

No había quien no suspirase cuando interpretaba Strangers in the night o quien no sonriera cuando hacía suya la juguetona letra de That is my baby now. Grabó más de mil discos y su presencia cinematográfica excedió el medio centenar de filmes. Obtuvo diez Grammys, el Premio de la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación y la Medalla de la Libertad del Congreso Norteamericano.

Pero vayamos ahora a la atractivísima mitad de aquella pareja. En Brogden, Carolina del Norte, cuando transcurre la Nochebuena de 1922, llega a este mundo Ava Lavinia Gardner, en lo que sus biógrafos han descrito como “una casucha”. Pero no hay nada que celebrar, pues ella resulta el sexto hijo de Jonas y Molly, unos paupérrimos agricultores, que a duras penas logran poner algo en los platos de la familia.

En 1940, con 18 años, está alojada en la casa neoyorquina de una hermana, cuyo esposo es fotógrafo. Este le toma a la campesinita una foto, que exhibe en su estudio, de la Quinta Avenida. Y la suerte —si es que esa entidad existe— se muestra favorable a la muchacha.

Acierta a ver la imagen un cazatalentos de la Metro Goldwin, quien exclama que la chica tiene una belleza que no parece pertenecer a este mundo. La localiza y la contrata, nada menos que por siete años. Después, bueno, después vendrían 44 años de carrera y 50 películas. Y un comentario que se iba a hacer unánime: “Es el animal más bello del mundo”.

Presentados los protagonistas, dígase que entre Frank y Ava surgió ese sentimiento que, apasionadamente, seguimos denominando amor.

En 1951 Frank se divorcia de su esposa y al día siguiente contrae matrimonio con Ava.

Hastiados del atosigamiento al cual los somete el público estadounidense, toman un avión hacia La Habana, para aquí pasar su luna de miel.

 Se alojan en esa joya que sigue siendo el Hotel Nacional.

Visitan Tropicana, de donde, reconocidos por alguien, se escapan, por decisión de Frank, siempre huraño. También van a La Bodeguita del Medio, al restaurante Montmartre y a algunos clubes nocturnos de medio pelo.

Frank no cantó aquí, según se dice, porque se lo prohibía su contrato en exclusiva con la Columbia.

Su estancia en la Antilla Mayor duró un par de semanas, tras las cuales, en un vuelo privado, partieron hacia Los Ángeles, donde se iban a establecer.

La unión de los dos artistas duró hasta 1957, recorriendo un accidentado camino de altas y bajas, acompañado de innumerables escándalos empapados en alcohol.

Después ellos comentarían que la ruptura se produjo… porque eran excesivamente parecidos.

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