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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Homenaje a un creador y actor que recordamos con melancolía

Pedro Álvarez fue un reconocido director y guionista, actor de televisión, teatro y cine

Este actor, nacido en La Habana de padres asturianos, no fue como otros que desde niños recitaban en la escuela, aunque siempre le atrajo la actuación. Su familia era humilde, y desde muy joven comenzó a ganarse la vida en diferentes trabajos: vendió seguros, fue cortador de diamantes y trabajó en una agencia vendiendo automóviles, pero además se hizo bachiller.

 

 Cuando estaba en el negocio de los automóviles, en los bajos de CMQ, conoce a quien después sería la madre de sus hijos -una bella francesa- , y ella un día le dijo: “¿Qué haces aquí vendiendo autos con ese rostro?, sube a la CMQ están buscando caras nuevas”.

En efecto, subió y comenzó sentado en el famoso banco de donde llamaban a los extras. Allí lo descubre el dueño de los cigarros Regalías el Cuño para hacer un comercial. Su porte y su sonrisa atrajeron enseguida la atención de los televidentes y, sobre todo, a las mujeres. Inmediatamente otras firmas comerciales lo utilizaron en sus anuncios, como la Goodyear y otros productos, pero al final se quedó con Regalías el Cuño. Ganaba 400 pesos mensuales.

Los directores de televisión comienzan a fijarse en él, y de extra, pasa a trabajar en distintos dramatizados, haciendo algunos personajes que aunque no eran protagónicos, ya tenían algún peso en las actuaciones. Así se va desarrollando como actor. Se convierte en el galán de las telenovelas de las siete de la noche, con figuras femeninas como: Ada Bejar, Tete Machado y otras. Estas novelas lo catapultan y, en 1959, es un actor altamente cotizado, y buscado por los grandes directores de la época.

Pasó un curso sobre actuación y se integró a Teatro Estudio desde su fundación, pues según decía, él era un hombre de teatro. Debuta en ese medio con la obra“La voz de la tórtola”, con el grupo Patronato del teatro.

En televisión participó en los programas: Conflictos humanos, Esta es tu vida, Enrique cuarto, Lo conseguirán luchando, Rebeca, La malquerida, y muchos otros.

Protagonizó famosas obras literarias llevada a la televisión como: Hiroshima Mon Amour, Una muchacha, Bodas de sangre, La conjura de la ciénaga, El ángel azul y Bajos fondos, entre otras. En 1961 protagonizó la obra del brasilero Figueireido Don Juan.

Para el programa Teatroen Televisión este actor protagonizó: El jorobado de Nuestra Señora de París,Julio César. En 1955 los actores lo eligen como su vicepresidente. Trabajó siempre con grandes actrices como: Raquel Revuelta, Verónica Lynn, Gina Cabrera, Minin Bujones y Margarita Balboa.

En 1959 trabaja en la Sala Prometeo donde protagonizó la obra Aniversario de bodas, pero en ese grupo permanece poco tiempo. Lázaro Peña, con quien lo unían lazos de amistad, un día le propone que se haga cargo del Sindicato de los Artistas; tuvo que pensarlo mucho, pero al fin aceptó con la condición que fuera por un año, pero estuvo cinco. Hacía esta labor sin abandonar su ascendente carrera como actor.

Asegura En Vivo su hijo Max Álvarez que su padre era un “melancólico visceral”.

En 1960, junto a Miriam Acevedo, protagoniza La ramera respetuosa, de Jean Paul Sastre, quien vino al estreno de la misma. Esta obra se presentó en varias ciudades además de La Habana, con gran afluencia de público.

Era un hombre de bien, nunca se creyó galán y creía mucho en el ser humano. En una publicación guardada por Max Álvarez, donde no se precisa el crédito del autor, se plantea sobre Pedro Álvarez: “Un rostro tan familiar, envuelto en el humo de los anuncios y tan olvidado”.

Hizo televisión, teatro y cine con los mejores directores, trabajo por 25 años en la TV. Cumplió su sueño de fundar un grupo teatral llamado Trotamundo, junto a Verónica Lynn, en el año 1989, donde dirigió y escribió obras. Muere a los 68 años cuando estaba en los mejores momentos de su carrera artística.

Pedro Álvarez se merece que acabemos esta reseña con un pensamiento del más universal de todos los escritores, Miguel de Cervantes y Saavedra, quien escribió: “Al bien hacer jamás le falta premio”.

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