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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

“Jamás se domina el arte verdadero”

El maestro Frank Fernández comparte ideas sobre la importancia de los medios de comunicación en la formación cultural

Rigor académico, temperamento, disciplina, entre otras cualidades, predominan en su personalidad artística. El maestro Frank Fernández (Mayarí, 1944), pianista, compositor, orquestador, productor musical, nunca abandona las esencias primigenias en su quehacer sonoro y rítmico de reconocida universalidad.

Estudia a diario con el propósito de ser lo mejor posible. Según precisa, “el piano conoce todos mis secretos, pero no domino los suyos. Nunca la técnica puede estar separada de la espiritualidad. Agradezco a las enseñanzas de la profesora Margot Rojas, alumna de Alexander Lambert, discípula a su vez de Franz Liszt; del gran pianista y pedagogo Emérito Víctor Merzhanov en el Conservatorio Tchaikovski de Moscú”.

Otros pilares influyeron en su formación: la obra de Manuel Saumell, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona; vínculos tempranos con los mejores exponentes de la música popular en Cuba y América Latina.

“Es importante difundir por la Radio y la Televisión cubanas el patrimonio de la nación, del mundo. Lo desconocido, lo que no se escucha, de ninguna manera puede atraer a diferentes generaciones”, comenta.

Para él es fundamental la musicalidad, rasgo distintivo inherente al individuo. “Estimular el punto de vista apreciativo mediante información y orientaciones, resulta esencial para los públicos, destinatarios principales de la música. Podrán disfrutarla plenamente quienes más sepan sobre su significado en distintos contextos y ámbitos”.

Le satisfizo componer la música de la telenovela Tierra brava. “Todavía es recordada por quienes agradecen los temas de Justa y Silvestre Cañizo, personajes que interpretaron dos excelentes actores: Alina Rodríguez y Enrique Molina, ambos amigos entrañables.

“Se mantiene en el aire la pieza escrita para el Noticiero Nacional de Televisión, que identifica un espacio imprescindible para la familia cubana”.

El maestro incursiona en los formatos de coros, orquestas sinfónicas y de cámara, solistas, agrupaciones de música popular, medios audiovisuales.

Siente pudor en colocar obras propias en cada presentación. “Incorporé “Suite para dos pianos”, la cual termina con “Zapateo por derecho”, es bien recibida en muchos países. Quizás por lo sui géneris, pues se escuchan dos pianos al unísono. Esta propuesta forma parte de las programaciones de emisoras radiales.

“Compongo poco para piano, casi todo lo hago para orquesta. Una de las obras con grata acogida ha sido el tema de amor de la serie La gran rebelión. De mi cosecha personal se registraron más de 600 obras en filmes, discos, entre otros soportes”.

La trova madre le corre por las venas. “Esa música es maravillosa, igual que las de Mozart y Rachmaninoff. Tuve una formación atípica, en esta confluyen raíces de lo popular auténtico y lo universal. En mi formación las fronteras han sido inexistentes. Dediqué el primer disco a Cervantes, no lo fragmenté con varios compositores. Acompañé a Elena Burke en el club Karachi durante varios meses; en algunas descargas a Elena Burke y Pacho Alonso. Para mí, aquello se convirtió en una escuela.

“En 1972 era colaborador de la Unión de Jóvenes Comunistas, me encomendaron asesorar desde el punto de vista técnico al Movimiento de la Nueva Trova, el cual tenía grandes talentos en todo el país. Fue esencial el auspicio de la Casa de las Américas, del Icaic y el Grupo de Experimentación Sonora.

“Un grupo maravilloso de trovadores buscaba una canción elevada en valores músico-literarios, ellos querían acercarse a elementos de mayor cultura y estéticas. Fortalecimos una gran amistad con Silvio, Pablo, Sara, Eduardo Ramos, Augusto Blanca, Marta Campos.

“Fui el productor del primer disco de la Nueva Trova,   del que realizamos en solidaridad con Salvador Allende, de los seis primeros fonogramas de Adalberto Álvarez. Hice esos trabajos con mucho cariño, todo influye al momento de tocar a Beethoven, uno de los compositores que me ha dado suerte en el mundo.

“Los públicos deben tener la oportunidad de escuchar músicas diferentes por los medios de comunicación. El gusto se forma paulatinamente. Debemos escuchar, mostrar lo nuestro. No por ser polaco ya se es un gran intérprete de Chopin, o de Lecuona por ser cubano. Jamás se domina el verdadero arte. Comparto la filosofía de Chaplin: “no somos más que aficionados, la vida no alcanza para más”.

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