Jarol González y el reto de dar voz a la historia
Jarol González
Entre micrófonos encendidos en la cabina y el murmullo de voces que se preparan para entrar en escena, nos encontramos en las últimas grabaciones de la serie radial Mis muchachos, los Saíz en los Estudios de Radioarte. La obra, escrita y dirigida por Manuel Ramírez Heras, forma parte de los proyectos que celebran el 40 aniversario de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y revive la memoria de aquellos jóvenes intelectuales cuya vida y legado siguen inspirando.
En medio de ese ambiente de concentración y emoción, actores y actrices que forman un elenco de lujo; destaca un joven que asume el reto de interpretar a Sergio Saíz, el menor de los hermanos. Su nombre es Jarol González Nocedo. Para las personas que siguen la telenovela Entre aguas le resulta conocido por su papel de Aníbal, el joven profesor de baile que transmite disciplina y liderazgo en cada escena.
Pero su camino artístico comenzó mucho antes: en la radio, exactamente en Radio Arte, bajo la dirección de Manuel Ramírez. Allí, Jarol dio sus primeros pasos y hasta hoy se mantiene como parte de ese colectivo entrañable para él. A la par, integra el grupo de teatro Caballero Andante, donde ha destacado su interpretación en personajes como Rubén en Tras el Espejo y el Juglar en Todas las Mujeres del Presidente.
Ese recorrido lo preparó para asumir en televisión a Aníbal y ahora, en la radio, a Sergio Saíz. Dos personajes distintos que revelan su amplitud artística y su capacidad de conectar con públicos diversos. Con esa experiencia a cuestas, Jarol nos comparte en esta conversación cómo vivió el proceso de dar voz al menor de los hermanos Saíz.

Para él, este papel significa enfrentarse por primera vez a un personaje histórico de gran fuerza y descubrir en el proceso nuevas dimensiones de su talento. Cuenta que la propuesta le llegó de manos de Manuel Ramírez, director de la serie; en tanto reconoce que dudó bastante para asumir el personaje y que tuvo inseguridades como cualquiera que enfrenta lo desconocido, pero también que entendió la responsabilidad y la confianza ante lo que se le estaba entregando.
“Fue un riesgo porque nunca me habían visto en este tipo de personajes ni yo mismo había pensado en asumir un rol histórico con tanta fuerza como el de los Hermanos Saíz. No podía dar un paso atrás, lo asumí con todo el profesionalismo”.
Además, – revela- la preparación fue intensa: apenas una semana y un libro clave, Cuerpos que yacen dormidos, de Luis A. Figueroa Pagés.
“Ese texto contiene obras, documentos, anécdotas, imágenes que ilustran la vida de los Saíz y eso me permitió encontrar a Sergio. No quería caer en el cliché del mártir solemne, sino mostrarlo como un joven impulsivo, curioso, rebelde, con bromas y bondad, respetuoso de su madre y de su hermano”.
En la grabación, Jarol se encontró con figuras consagradas de la radio y la televisión como la maestra Kenia Ortíz.

“Desde el primer día fue nuestra madre dentro y fuera de la serie, siempre brindando seguridad y consejos oportunos, constructivos. Esos que te dan el empujoncito necesario para eliminar cualquier nervio que pudiera existir. Cada capítulo fue desgarrador, la fuerza de la historia hacía llorar a todos en cabina, pero en los episodios 9 y 10 sentí la verdadera tensión y profundidad del personaje: las últimas escenas eran devastadoras y, como dice Manuel Ramírez, “la radio se hace para sentir”.
Finalmente, expresa su gratitud: “Agradezco al colectivo de Radio Arte, a Manuel Ramírez, a Vivian Myrie, directora de Radio Arte, y a Dairon Bejerano, asesor de la serie; por la confianza y por ayudarme a descubrir facetas de mí que estaban dormidas, esperando el momento para salir a flote”.
La trascendencia de una obra
La serie Mis muchachos, los Saíz aún no ha sido estrenada, pero ya en su proceso de grabación ha dejado huellas profundas en quienes participaron. Para Jarol González Nocedo, fue un viaje de dudas, preparación y descubrimiento personal.
En el marco del 40 aniversario de la AHS, esta obra se convierte en un homenaje trascendente: no solo revive la memoria de los Hermanos Saíz, sino que también revela nuevas voces que, como la de Jarol, se suman al legado de sentir la radio como arte y compromiso.
Más allá de la cabina, lo que queda es la certeza de que la radio sigue siendo un espacio de creación, capaz de emocionar y de convocar generaciones. En cada palabra y cada silencio, se escuchan las resonancias de un pasado que inspira y de un presente que se construye con jóvenes como Jarol, dispuestos a asumir la responsabilidad de dar voz a la historia.