envivo

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Joaquín Cuartas Rodríguez: maestro del guion radial dramatizado

A sus 80 años es quien mejor conoce en Cuba cómo escribir una sugerente radionovela

En su casa de la habanera barriada de Lawton, Joaquín Cuartas Rodríguez sigue encontrando inspiración para sus libretos radiales que, cual orfebre, va tejiendo para el espacio Tu novela de amor, de la emisora Radio Progreso, la misma donde alcanzó la cima de su desarrollo profesional.


Muchos recuerdos se agolpan en la mente del Premio Nacional de Radio, un medio al que ha dedicado casi toda su vida. El Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt), nacido en septiembre, celebra su cumpleaños 80.

“Estudié Contabilidad y Mecanografía en Inglés y Español. Después, pasé un curso de teatrología con varios dramaturgos cubanos y, cuando me quedé excedente como contador, en 1967, mi gran amiga Maité Vera me llamó porque en Radio Progreso hacía falta un escritor”, explica.

Al llegar a esa emisora conoció al director Antonio (Ñico) Hernández, a quien Cuartas recuerda con gratitud por todo lo que le aportó profesionalmente.

“Él fue quien me enseñó que los guiones se escribían directamente a máquina y no se hacían manuscritos. En Progreso me recibieron con mucho cariño el locutor Juan Ramón González Ramos (Tatita) y la actriz Natalia Herrera. Mi primer trabajo fue adaptar Fahrenheit 451 (la novela distópica del escritor estadounidense Ray Bradbury). Después, me dediqué a la adaptación de aventuras y cuentos hasta que pude escribir mi primera obra original que se desarrollaba en Irlanda: La canción del Shannon, para el espacio La novela de las dos”.

A lo largo de su carrera ha cosechado varios lauros: mención del Premio Casa de las Américas (1965) por Llegó a la gloria la gente de los Santos Inocentes; el Premio de Teatro Radiofónico Margarita Xirgu, de España, con la obra Descubriendo América, y el Premio de teatro Tirso de Molina, con Vereda Tropical, pero con su radionovela Cuando la vida vuelve –basada en el argumento de El derecho de nacer– obtuvo el reconocimiento de su pueblo pues ha sido una de las más exitosas de todos los tiempos. Para concebirla realizó una profunda investigación en revistas y periódicos de época.

“Me inspiré en la estructura de Félix B. Caignet y la modernicé para ver qué pasaba. Lo que sucedió todavía me lo estoy preguntando porque tuvo una gran audiencia. Paquita Armas citó a un encuentro en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Pensé que no iba a ir nadie y asistieron más de 500 personas. Algunos vinieron desde Matanzas. El encuentro se hizo en el patio y, en ese momento, me di cuenta del poder de convocatoria de una novela”.

En opinión de Cuartas los dramatizados radiales han sido muy importantes para los cubanos: “Tomaron gran auge en el Período Especial cuando no se podía ver televisión por los apagones. Todavía hoy lo tienen pero ya no es como antes, porque los actores de aquella época se murieron y a los jóvenes les seduce más la televisión. Además, los que dirigen tienen que ser verdaderos artistas y sentir lo que están haciendo”.

De sus años de gloria, cuando cada planta tenía su staff de actores, rememora a actrices excepcionales como Aurora Pita, Marta Velazco, Miriam Mier y Fela Jar, que hacían las delicias con los libretos que escribía especialmente para ellas.

A Iván Pérez lo reconoce como un gran hombre de la radio y gran musicalizador, que ha formado a varias generaciones de radialistas cubanos. Menciona al efectista Orlando Hernández y a los directores Rafael Linares, Marta Jiménez Oropesa y Moraima Osa, junto con su inseparable asesora, Norma Abad.

“Para mí fue una gran dicha que Josefa Bracero fuera vicepresidenta del Icrt para la radio. Con ella se celebraron unos maravillosos Festivales de la Radio. Es una mujer talentosísima que sabía cómo agradarles a las personas que tenía a su alrededor y trataba con mucho respeto a todas los trabajadores de este medio”.

En Radio Liberación, Cuartas laboró cerca del inolvidable Oscar Luis López y, en Radio Rebelde, con Juanito Hernández. Allí pudo formar parte de un espacio que se llamaba La película de la semana, que consistía en la realización de adaptaciones radiales a partir de propuestas cinematográficas de estreno.

Desde su niñez era un lector voraz, sobre todo del género fantástico. Tuvo el privilegio de vivir la época de oro de las radionovelas: la década del 40 del pasado siglo.

“Yo era un muchacho y escuchaba Tamakún, el vengador errante, El alma de las cosas y La novela del aire”, sonríe con nostalgia.

Aunque su obra ha sido objeto de tesis de grado en la Facultad de Comunicación Social, nunca ha impartido la docencia. No es remiso en regalar una fórmula precisa a los nuevos profesionales: “A los guionistas les aconsejo que lean mucho y que dialoguen, porque la radio es diálogo. Deben tener mucha bomba y resaltar los valores familiares y la dignidad”.

La jubilación no encuentra cabida en su diccionario personal: “Me divierto mucho con mi profesión. No tengo que ver nada con las computadoras. Con tanta tecnología se va perdiendo la ingenuidad y el humanismo del ser humano. Algunas personas, todo el tiempo pegadas a las pantallas, se van convirtiendo poco a poco en máquinas.

“Escribo dos capítulos diarios por las mañanas. Los personajes me hablan y me van diciendo lo que pongo en el papel. El momento más duro es cuando termino una novela y tengo que dejar a los personajes a un lado para que no aparezcan en la nueva obra. Mi mordacidad característica está presente en lo que escribo. Me gusta colocar mis argumentos en el pasado. Ahora estoy escribiendo la novela Entre sedas y amores. Ya voy por el capítulo 43. Una vez al mes voy al Icrt a entregar mis libretos”.

Los temas principales que siempre lo han motivado son: el amor, la familia y la dignidad del ser humano. “Esa es la premisa vital para mí. Para alcanzar la libertad plena hemos pagado un precio altísimo porque defendemos la dignidad a capa y espada. Cuando un ser humano pierde la dignidad lo pierde todo”.

Todavía tiene el sueño de ver en las tablas el estreno de sus piezas Vereda Tropical, Carmen quiere un son y Descubriendo América. También le gustaría publicar algunos de sus libretos radiales.

Así arriba a sus 80 años el último de los grandes escritores cubanos de radionovelas, rodeado del amor de su hija y sus nietos, con la satisfacción de haber dado lo mejor de sí mismo cada día de su vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

6 + 2 =

| Newsphere por AF themes.