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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Julio Aberto Casanova, esa inolvidable voz

Julio Alberto Casanova asumió la locución, el doblaje, la actuación, la conducción de presentaciones en vivo y ante cualquier responsabilidad nunca dejó de ser ese cubanazo
Julio Aberto Casanova

Julio Aberto Casanova

El mes de septiembre queda marcado por el nacimiento y el silencio de una querida voz dentro de la locución cubana: Julio Alberto Casanova. Durante dos décadas, a partir de 1994, fue el conductor del espacio Nocturno, ese tiempo hecho para los enamorados, donde la combinación entre música y poesía ha marcado a generaciones enteras de cubanos.

Casanova formó parte de la historia radial de la Isla con su cálida voz que parecía acariciar mientras traía a la cabina clásicos de la poesía nacional y foránea. La posibilidad que siempre ofreció el programa de complacer peticiones, no solo musicales, le permitió a los radioyentes disfrutar de la impronta de Neruda, a la par de Amado Nervo, sin dejar de conocer los versos, incluso, menos conocidos de José Martí.

Ávido lector, según conocimos de anécdotas rescatadas de Radio Progreso, fue esa condición indispensable en el sello que distinguió su decir. De acuerdo con referencias, al llegar a la cabina, Julio Alberto, tras un suspiro, decía: “Llegó la hora del amor”, y bajo ese presupuesto personal creaba esa particular relación con sus oyentes que, en ese tiempo de transmisión, consideraba familia.

No solo fue el querido Casanova de Nocturno, en los espacios de radionovelas igualmente convenció bajo la piel de Chaplin, Van Gogh, Toulose Lautrec, y Nikita Artamonov.

En la televisión cubana, el espacio de aventuras lo recuerda entre los personajes de La isla del tesoro o en la singular Shiralad: el regreso de los dioses, así como en los breves minutos promocionales de Para la Vida, donde resultó ser un auténtico alcohólico, en un spot que, sin necesidad de verbo, expresó tanto a través de su acertada introspección. Tanto es así, que a más de dos décadas de haber conocido la experiencia televisiva sigue siendo referencia actoral, y se extraña cuando bajo otros contextos personajes con estas características se acercan más a la caricatura que a la verdad.

También el teatro supo del talento de Julio, como comúnmente se le llamaba, de ahí que bajo la dirección de Jesús (Chucho) Hernández, fuera el “marqués de Mascarilla”, en Las Preciosas ridículas de Molière, o el secretario en Farsa justicia del Señor Corregidor.

Julio Alberto Casanova, entre otros roles, asumió el doblaje, la conducción de presentaciones en vivo, y ante cualquier responsabilidad nunca dejó de ser ese cubanazo de Guanabacoa, fiel a sus orígenes, que se entregó al arte de la palabra por el cual sigue vivo entre los cubanos.

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