1 de septiembre de 2026

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Editorial envivo del ICS

Julio César Ramírez Ojito, desde la memoria que no puede caer en el vacío

En Vivo se dispuso a conversar con el actor cubano Julio César Ramíres Ojito para conocer de cerca sus enfoques y líneas de compromiso desde la pasión que rige sus límites y trasciende sus fronteras.
Los ojos de Raquel

Los ojos de Raquel

De actor a escritor, itinerario concedido con licencia de las artes en favor de la tradición legada por los guías de la mejor actuación. Así pudiera introducirse este artículo para referir el nuevo rumbo escogido por uno de los artistas más íntegros y viscerales de la escena cubana actual: Julio César Ramírez Ojito.

A este espirituano de nacimiento se le recuerda por su personaje televisivo más célebre e icónico: el periodista Arce, interpretado en la exitosa y memorable telenovela cubana “Al compás del son” (2004) que punteó el primer gran debut masivo en la pantalla chica de Ramírez Ojito, consolidándolo popularmente en el país.

De esta forma, se abrieron las puertas a producciones dramáticas de la televisión cubana donde el actor impregnó su huella. Entre estas creaciones podríamos mencionar su participación en las telenovelas “Renacer” (2024), “Historias de fuego” (2007), “Bajo el mismo sol” (1ra, 2da y 3ra temporada, 2010) y “La otra esquina” (2013); así como las series “Flores con Patricia” (2008), El que debe vivir” (2009) y el policíaco “Tras la huella. “Sábados de gloria”.

Por otra parte, en el cine, Julio César ha hecho también gala de su dimensión actoral en el Cortometraje “El maní es así” (2007) y “José Martí, el ojo del canario” (2009). Además, también se ha desempeñado como director teatral, una labor que inició con el estreno en el teatro Terry de Cienfuegos de la obra “Ni un sí, ni un no” de Abelardo Esttorino.

Sin embargo, con cuatro décadas de intenso bregar y más de 100 puestas teatrales, el consagrado actor no detiene su caudal creativo y se muestra ahora como investigador y escritor; una faceta que se presenta al mundo con “Los ojos de Raquel”, un libro de Ediciones en Vivo dedicado a preservar el legado ético y artístico de la icónica actriz cubana.

“Es, sobre todo, un tributo de recordación a la maestra, colega y amiga, querida y admirada por muchos, controversial para otros; figura que dejó una huella imperecedera en el teatro, el cine, la televisión y la radio cubanas, y que destacó en todos los medios hasta alcanzar la categoría de leyenda”. Así versa en la contraportada del texto de Julio César, quien, además, resalta por su impacto pedagógico e institucional y su labor docente con repercusión internacional al frente del grupo Teatro D’ Dos del cual fue su creador.

Así, su experiencia como profesor de actuación ha trascendido en la Escuela Nacional de Teatro y en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Igualmente, en el Centro Cultural Raquel Revuelta asumió la dirección general y ejerció un rol activo a nivel continental en la Red de Promotores Culturales de América Latina y el Caribe, como representante de La Habana.

Conociendo esta trayectoria, En Vivo se dispuso a conversar con el autor para conocer de cerca sus enfoques y líneas de compromiso desde la pasión que rige sus límites y trasciende sus fronteras. En el principio de este diálogo precisamos la idea del libro.

JC- Hay una generación de actores en Cuba que, con su trabajo sostenido y talento, durante muchos años forjaron una escuela. De eso no tengo la menor duda. Actores que hicieron su aporte técnico a esta profesión. Todos ellos merecen que su legado y memoria permanezca viva. La manera de hacerlo es recogiendo sus aportes y documentándolos en libros y trabajos de tesis en las universidades. Pienso que esa generación de actores merece un estudio profundo.

Raquel Revuelta es, digamos a mi modo de ver, y creo que no estoy errado, una figura trascendental en ese sentido; no solo por su talento y presencia en la televisión, la radio, el teatro y el cine, sino por su capacidad de organizar y proyectar el arte del actor desde el punto de vista formativo y también en la organización y producción artística del teatro. Creo que todo eso, reunido en una artista, merece un libro o dos. Por ahí es que surge la idea.

Indispensable resulta conocer, de buena tinta, el tipo de relación que lo vincula con Raquel Revuelta.

JC- En el libro lo subrayo porque mi relación con Raquel fue desde quien observa. Me impactó con su Doña Bárbara siendo yo un niño, viéndola en ese personaje descubrí qué era eso que llamaban ser artista y, con ese descubrimiento, me acerqué a lo que sentimos siendo actores. Después fui a estudiar a la escuela de arte y mis visitas sistemáticas a Teatro Estudio me acercaron aún más a esa imagen. Aunque nunca tuve el valor de presentarme, su imagen era imponente. Ya a principios de los años 90 fundo mi grupo Teatro D’ Dos y me toca ir al Consejo de Artes Escénicas para defender el proyecto, pero no logro coincidir con ella; me recibe Francisco Noa, el vicepresidente.

El encuentro personal entre Julio César y Raquel vincula sus antecedentes con una de sus experiencias profesionales. Ramírez Ojito cuenta que, al inaugurarse la Sala LLauradó, estrenó en la sala Covarrubias del Teatro Nacional, la obra de Amado del Pino “El zapato sucio”.

JC- Después la llevo a la sala El sótano, Vicente va a una función y a la salida dice que era el mejor espectáculo que él había visto en los últimos cinco años. Ese criterio me sorprendió tanto que no pude dormir esa noche. Pues al día siguiente recibo una llamada de Raquel diciéndome que fuera a la Casona de Línea a verla.

Del recio carácter de quien fuera la mítica Doña Bárbara dice mucho este inolvidable encuentro que ahora nos devuelve Ramírez Ojito desde sus memorias.

JC- Y así empezó mi encuentro con Raquel, le dije de toda mi admiración, me miró mal y me dijo que no le adulara. En esos inicios de la Sala LLauradó, pusimos “El zapato”, “La edad de la ciruela”, “La casa vieja”, “Fausto”. Surgieron algunas conversaciones sobre el teatro, la formación del actor, mi carrera como director y el inicio de una gran amistad.

El tiempo del vínculo fue intenso, pero resultó breve para quien tenía mucho más para transmitir al joven que al fin conocía más de cerca el ímpetu de una maestra. Ese joven sería quien luego se convertiría en el guía del sitio que llevaría su nombre. 

JC- Pero un día al final de esos 11 meses de encuentros me sorprendió su muerte. Después en 2012, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas decide que yo dirija el Complejo Cultural Raquel Revuelta.

Algunos años deben acontecer en tiempos y espacios para concretar una idea, primero se requiere de un lapso de investigación, para que ocurra luego el nacimiento del libro.

JC- Creo que mi investigación viene de años por el seguimiento a su figura. Leí todo lo que se escribía sobre ella, sus entrevistas y el anecdotario en torno a su figura. Cuando empiezo a dirigir el Teatro Raquel Revuelta convoco a varios encuentros con sus actores y amigos, ahí logro anotar mucha información. Esas notas me sirvieron de mucho para estructurar el libro.

Finalmente viene el centenario y, dos años antes, ya tenía una idea sobre qué hacer. Ahí es que comienzo a investigar, acercarme a sus alumnos y buscar en sus colaboradores toda la información posible. Entonces, decidí no hacer una biografía sino acercarme a su figura y a su condición de ser humano. Es decir, la figura que causó en mí una impresión única que es también la impresión que tienen muchos de sus amigos y colaboradores.

Los caminos se valoran no por llegar al colofón y sentir el sueño cumplido, sino por lo aprendido en el trayecto. ¿Qué le deja entonces a Julio César Ramírez Ojito esta investigación?

JC- El proceso para el libro, creo que me acercó mucho más a su deseo y entrega por el teatro y el arte del actor. Me ratificó que la entrega a esta profesión tiene que ser absoluta porque si no es así estamos jugando mal y perderemos el partido.

Julio César en su capacidad de comprensión infinita del arte de la actuación, resume la esencia de esta experiencia vivida frente a la actriz y posterior a su existencia tras la investigación. 

JC- Hay algo esencial que me queda y es la certeza de que todo radica en la formación que le demos al actor; de eso depende la verdad de la escena. Nosotros, los que dirigimos grupos de teatro, los que formamos actores en las escuelas, debemos tener la objetividad de ver la trascendencia de esta profesión para luego saberla transmitir a actores y estudiantes. La mayor impresión es la certeza de que solo con el rigor requerido se puede llegar a ser grande en esta carrera.

Lo más importante de este material es transmitir a las nuevas generaciones el legado de Raquel Revuelta y de quienes la acompañaron durante años en esta aventura de la escena. Hoy, como nunca antes, las nuevas generaciones necesitan referentes y no sólo referentes de alto grado artístico, sino éticos y de entrega.

Pero siempre sobre la mesa de labor quedan pendientes, sobre todo cuando las pasiones reorientan los caminos y el tema renace con nuevas proyecciones.

JC- Creo que lo ideal sería una segunda edición, para incorporar nuevos materiales que logré tenerlos cuando ya el libro estaba para la imprenta. Tengo una entrevista fabulosa a María Vilaboy, gran amiga de Raquel. Un testimonio de alguien que siendo niño de 10 años participó en la inauguración de la televisión en Cuba. Esa noche Raquel recitó un poema de Juana de Ibarburu, y logré la descripción de todo el ambiente de ese momento. Creo importante también incorporar material de varias entrevistas, no reproducir sino recrear conociendo el contexto. Pero, estoy feliz con el libro.

Y por supuesto, avanzar demanda de metas, se planifican entonces nuevos proyectos sobre la mesa.

JC- Varios. Siempre dije que, a cierta edad, intentaría escribir sobre las diversas experiencias que uno transita en la vida. Lo estoy haciendo. Tengo un libro inédito con obras teatrales escritas y algunas estrenadas, me gusta mucho la dramaturgia.

De inmediato, se concreta uno de sus más deseados empeños.

JC- Ahora mismo trabajo en un libro sobre la figura de Alden Knight, ya va avanzando, solo debo hacer algunas entrevistas imprescindibles. Está en proceso de edición mi texto sobre Teatro D’ Dos, que no es un libro de anécdotas y procesos. En él voy haciendo un recorrido por la experiencia actoral y el trabajo de dirección escénica en 35 años. Es importante hablar sobre el actor y el director, experiencia y formación. La memoria no puede caer en el vacío.

Así concluyó el diálogo con el gran Julio César Ramírez Ojito, una conversación que fue posible gracias a las ventajas de estos tiempos digitalizados que acortan las distancias con un simple clip. El actor, director de teatro y profesor forma parte, también, de un proyecto de Iberescena entre Cuba y Portugal, por lo cual, en el momento de la entrevista, se encontraba en territorio europeo.

Por ello, otro intercambio queda pendiente a su regreso pues será el pretexto para que nos cuente acerca de sus experiencias fuera de nuestras fronteras a donde le acompañan su experiencia, reconocida en premios y distinciones como el Premio Villanueva de la Crítica (1997, 2002, 2010), el Premio Caricato de actuación en Televisión (2011) y el Premio Caricato de Dirección (2011).

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