23 de mayo de 2024

envivo

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La cubana que combatió en la guerra civil norteamericana

Loreta tomó el nombre Harry T. Buford y, disfrazada de hombre, peleó en el bando confederado.
Loreta

Era aquel un apacible hogar habanero. Él, un acaudalado funcionario cubano; ella, descendiente de oficial de la marina francesa y de norteamericana pudiente.

Cuando el 26 de junio de 1842 Loreta vino a engrosar la familia, nadie detectó en su sonriente carita que la recién llegada iba a ser una sujeta de armas tomar. Su regocijada parentela ni se olía que estaba dándole la bienvenida a una Rambo.

A los siete años de edad ya sabiendo inglés es enviada hacia el norte, a Nueva Orleans, para estudiar bajo el cuidado de una tía. Pero, con solo catorce años, andaba enredada en materia de amores con un oficial norteamericano del cual solo se sabe el nombre: William, con quien se fuga. Continuará escandalizando a la tía cuando se convierte al credo metodista. Y, en 1861, tomó el uniforme militar, como soldado masculino.

Iba a ser ese el inicio de una saga: la de la cubana que fue combatiente del bando confederado en la guerra que enfrentó a los norteamericanos en los años mil ochocientos.

Loreta tomó el nombre Harry T. Buford, el grado de teniente autoconcedido y la apariencia masculina. E iba a reclutar a 236 hombres en cuatro días, tropa al mando de la cual se presentó en Pensacola, Florida. Después lucharía en diversos escenarios: Bull Run, Ball’s Bluff, Fort Donelson.

Pero, quizás por algún descuido suyo, en Nueva Orleans descubren su verdadero género, por lo cual la licencian. Sin que la venza el desánimo, vuelve a alistarse y combate en Shiloh.

Mientras sepultaba a los soldados caídos en la mencionada batalla, resulta herida por un casco de metralla. Cuando recibe asistencia médica, es de nuevo identificado su verdadero sexo.

Entonces, se convierte en espía, desempeño en el cual a veces se presenta como mujer con el nombre de Alice Williams y otras en calidad de hombre. Loreta afirmaba que en Washington, durante esas andanzas, había conocido a Abraham Lincoln, el líder de sus enemigos norteños. Se dice que entre los servicios secretamente prestados, estuvo la organización de rebeliones entre los soldados confederados prisioneros en Ohio e Indiana.

El marido murió durante la guerra, accidentalmente, mientras entrenaba a los recién enrolados en el uso de las armas. Ella, hasta su muerte ocurrida alrededor de 1897, en lugar desconocido celebró otros tres matrimonios, para volver a enviudar en cada unión.

En 1876 publicaría el libro La mujer en la batalla, narración de las hazañas, aventuras y viajes de la Señora Loreta Janeta Velázquez, también conocida como el teniente Harry T. Budford. Declaró que lo había escrito para sobrevivir y alimentar a un pequeño hijo, gracias a los derechos de autor.

Sobre este texto se armaría una bronca que hasta hoy perdura. Según algunos, pura ficción. (Tenía la autora, sin dudas, gran imaginación, pues aseguraba ser descendiente del conquistador Diego Velázquez y del pintor de igual nombre). No obstante, otros afirman que sólo quien hubiese sido testigo presencial de los hechos podía brindar detalles como los incluidos en la obra.

Así, pues, juzgue cada cual según su libérrimo buen juicio. De todas maneras, acaba de ser exhibido, este mismo año, el documental investigativo Rebel, de 73 minutos, que recorre la historia de Loreta Velázquez. Y en el filme la directora, Maria Agui Carter, defiende la autenticidad de la vida hazañosa de la habanera.

A modo de colofón, queden estas palabras de la insólita habanera: Espero que me juzguen con imparcialidad, pues intenté defender lo correcto. (Claro, para ella lo correcto, entre otras cosas, era el régimen esclavista sureño).

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