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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La cultura en la radio

El 20 de octubre es un día señalado para valorizar la obra cultural que hacemos desde la radio

Siempre es un placer escuchar la radio que se hace en nuestro país. Las emisoras dedican espacios especializados al arte y algunas como CMBF o Radio Enciclopedia, hacen de esas temáticas, uno de sus propósitos esenciales, promoviendo el buen gusto.

Si atendemos al concepto más amplio de cultura, podremos apreciar que nuestra radio es un difusor de esta, e indiscutiblemente es diseñada y realizada por profesionales que investigan, elaboran y radian sus contenidos, con una lealtad total a la diversidad de públicos a lo que tributan.

La exigencia constante a sostener y elevar los niveles de calidad es el camino obligado para no perder lo logrado en el siglo anterior y en los primeros veinte años del que vivimos. Sin dudas, existen especialidades de la radio dramatizada, que tendrán que enrumbar nuevamente sus propósitos en la búsqueda de una expresividad actoral más contemporánea, para hacer desaparecer definitivamente las falsas entonaciones y expresiones del habla popular exageradas, como errónea expresión de realismo.

Volver a los estudios, después de la pausa obligada provocada por la pandemia, será una oportunidad para hacerlo mejor. Como ha enseñado el maestro Luis Alarcón Santana a sus alumnos de Radio Reloj: “Siempre alguien escucha atentamente y no merece errores al aire, lo que se dice en el micrófono es irreversible en el tiempo y en el espacio”.

Tenemos una historia radial tan digna, con un repertorio variado en todos sus formatos y que ha contribuido tanto la radio cubana, a la educación del pueblo y a los conocimientos culturales que ha generado y de los que se ha hecho eco, que solo merece ser asumida con respeto.

Expresión de cultura son también los programas musicales, los cuales, conducidos por uno o dos locutores, satisfacen al oyente con las manifestaciones musicales de su preferencia. El nivel de improvisación que se les exige a estos profesionales sufre en ocasiones de un parloteo vacío, que atenta contra el nivel del programa y el prestigio de la emisora que lo transmite.

No todos son buenos para improvisar, aunque lo crean, y solo existe un camino, estudiar, ese verbo que gusta tanto a los viejos locutores, ese hábito de leer que siempre han defendido y acompañaba a Pinelli, a Agustín Roque Fuentes y a todos los grandes nombres, que tuvieron el atrevimiento de pararse ante un micrófono. El conocimiento auxilia al más perdido, pues siempre será necesario un tema del que echar mano al aire, en un momento de bache o confusión.

Si el oyente tuviera la oportunidad de escuchar con frecuencia las emisoras provinciales, también podría reconocer la calidad y la resonancia cultural de esas plantas radiales, cargadas de valores patrimoniales y afán de renovación. Hablamos de emisoras que han sostenido en el tiempo un alto nivel y abren sus puertas a exponentes talentosos de las nuevas generaciones, algunos de los cuales ganan reconocimiento en eventos como el Taller y Concurso de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam, sobresaliendo nombres que serán los maestros de mañana.

El 20 de octubre es un día señalado para valorizar la obra cultural que hacemos desde la radio, al buscar formas y contenidos originales que aporten calidad a la vida de todos. La fecha es una invitación para reflexionar sobre cuánto más puede hacer la cultura en estos momentos, en aras de contribuir a una sociedad más armoniosa, educada y culta.

 

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