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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La esencia del todo

Valoraciones sobre contenidos y formas de expresión artística que en los diferentes géneros ficcionales comunican actitudes, maneras de hacer y ser, las cuales forman parte de la vida cotidiana
ha formado parte de la banda sonora de telefilmes y series cubanas.

ha formado parte de la banda sonora de telefilmes y series cubanas.

Los medios de comunicación audiovisual son fenómenos culturales de trascendencia social. Actualmente el entretenimiento y la información son entregados a domicilio por las redes sociales, entre otras vías que no siempre contrarrestan la fácil deglución.

En el siglo XXI las tecnologías construyen un nuevo sujeto digital, cambia la participación asumida como una práctica cultural en las apropiaciones y los usos de todo tipo de mercancía. La conjunción de pantallas, ordenadores y videojuegos familiarizan a los públicos con diferentes modos digitales de acercarse al mundo, a lo cual se añade la conciencia de pertenecer a una región más amplia que al país propio.

Contar historias propias y ajenas, compartir la esperanza, las angustias, el secreto de los demás, incluso la existencia por transcurrir, evidencia una cierta ilusión de realidad en la cual influyen el tono, el punto de vista y la intencionalidad elegida para el relato.

Según el poeta y ensayista francés Charles Baudelaire: “En amor como en literatura, las simpatías son involuntarias, no obstante, necesitan ser verificadas, y la razón tiene ulteriormente su parte”. Al interiorizar esta máxima lo comprendemos, no basta la sugestión provocada por la diversidad de contenidos, ponerlos en pantalla requiere artisticidad.

A la defensa de esta prioridad se debe el auge de producciones favorecidas con buenas historias de guionistas que emigraron del cine y aprovechan la repercusión de productos audiovisuales en el incremento del consumo por internet o en la pantalla televisual.

La programación concebida en este medio para el tiempo de aislamiento físico por el bien social hace énfasis en cuentos, relatos breves, telefilmes, películas y temporadas de series que han logrado establecer un hábito en las audiencias participativas, estas suelen exigir empatía, reconocimiento e identificación con temas, conflictos y preocupaciones disímiles.

En una oportunidad me comentó la destacada intérprete Omara Portuondo: “hasta la música que una escucha en esos relatos tiene su gran significado, puede ponerte triste o alegre. Me satisface mucho cuando los guionistas o directores seleccionan temas interpretados por mí para incluirlos en las bandas sonoras de dramas o comedias”.

Transformar realidades complejas en espectáculos artísticos requiere proporcionar a los televidentes la comprensión de lo que ocurre y cómo ocurre mediante asociaciones de diversos aspectos, sin obviar que esa realidad otra pertenece a la ficción, a lo imaginario. Sin duda deviene una extensión de la realidad subjetiva del creador y del espectador, en la medida en que logra ser objetivación del contenido ideológico y emocional de las personas.

No obstante, en ocasiones los propósitos evidentes de trasladar hábitos correctos, advertir, enseñar, alertar llevan en sí cargas de didactismo en situaciones y diseños de personajes-tipo, los cuales impiden modelar la riqueza expresiva de la imagen, su función simbólica.

Pensemos, si un personaje nunca duda, teme o vacila se le pertrecha de una coraza o de la más exquisita inverosimilitud, no conquistará a quien está ávido de “ver” acciones en la trama en lugar de que le representen la perfección ganada a ultranza, lo cual es una falsedad. Guionistas y realizadores deben seguir cultivando narrativas en las que proliferen confrontaciones, luchas, catarsis.

Nunca lo olvidemos: la validez de la ficción es infinita. A veces hace creer sensato el deseo de lo imposible. Revelar valores éticos y estéticos en una trama propicia reflexionar, incluso la reconstrucción de la vida propia con su carga de causas, azares. Por tanto, la ficción se propugna en prototipo de texto abierto.

Así lo postuló Umberto Eco al referirse a que un texto origina innumerables interpretaciones, todo depende de cada humano y sus pasiones pocas veces previsibles. Pensemos al respecto.

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