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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La magia de Vuelve a Mirar

La verdadera magia de la novela de Fiallo radica en el mensaje esperanzador que abarca su título, la posibilidad de regresar en busca del crecimiento, las redenciones, los cuestionamientos sobre el rumbo de la existencia
Telenovela cubana Vuelve a mirar

Telenovela cubana Vuelve a mirar

Cuando se hablaba de la aclamada “novela de Fiallo”, solo podía pensar en la explosión multimedial que reflejaba aquel espejo pandémico del convulso 2020, y las expectativas que rozaban el cielo, si de opciones televisivas se trataba. Un rostro de aquellos días sentaba a la familia cubana, que se refugiaba en el inherente éxtasis novelero que se nos atribuye por idiosincrasia. ¿Sería que la línea de producción del género lograría mantener el estatus que, increíblemente, había alcanzado hasta la fecha? Para eso tendríamos que “volver a mirar” hacia aquella Vida de mi vida —título original de la novela— que circulaba sutilmente en las redes sociales.

El 14 de junio del presente año, la novedosa obra abrazó la pequeña pantalla. Como toda entrega dirigida a tejer el entretenimiento con hilos de concienciación, apostó por el abordaje de temáticas que hasta el momento no eran lo suficientemente reflejadas dentro del audiovisual cubano. El sello de contemporaneidad de Amílcar Salatti y Yoel Infante hizo latir un guion con destellos de cubanía y genuinos afluentes que describen nítidamente nuestra sociedad.

Los conflictos propios del adulto mayor, como principal componente dramático, hicieron de la telenovela —dirigida por el experimentado Ernesto Fiallo— una irrupción en la osadía del producto, una notable ruptura de cánones que por años simbolizaban el vivir y convivir en una línea trazada por el rol de la familia y su incidencia transformadora en toda cuestión articulada a su alrededor.

Quienes peinan canas, o se valen de su bastón mientras aludimos a ellos como “viejos” o “abuelitos” —a veces sin establecer distinciones entre lo respetable y lo peyorativo— son capaces de concebir disímiles estilos de vida para llevar a cabo la longevidad, que prolifera notablemente en la Cuba de hoy.

La telenovela situó ante nuestros ojos una amalgama de historias entrelazadas que desenmascaró la visión errónea y estereotipada sobre la ancianidad que prevalece en el lenguaje social y cultural. El protagonismo absoluto de la comunidad de adultos mayores impulsó a la reflexión y análisis de tópicos que no resultan excluyentes entre sí y, asimismo, colocó un paralelismo en cuanto a perspectivas de aplausos, prejuicios o pugnas constantes en ese típico instante en que trasladamos la novela hacia la vida.

Una mentira cargada como crucifixión, debido a la formación moral de la familia rural del pasado siglo, condujo a Nora a ocultar la versión real sobre la paternidad de su hija. Ese fue, por mucho tiempo, un enigma para los telespectadores, también conmovidos por el drama de Felito, la soledad de Luis Manuel o el alzheimer de Carmela, con quienes se creó una especie de lazo afectivo y sensibilizador.

La secuencia de subtramas, caracterizadas por choques intergeneracionales, rencores, frustraciones, sentimientos encontrados y matices que transitan desde las relaciones amorosas hasta la propia sexualidad, resultan fenómenos que existen independientemente de las barreras etarias y las diversas miradas hacia el envejecimiento poblacional.

Estos enfoques de contexto y humanización de personajes se visualizaban en hogares que pueden ser los nuestros y no en entornos poco cercanos para el televidente, como un asilo, lugar al que probablemente llevó la imaginación cuando se citaban las generalidades de la novela y que, aunque no muchos recordarán, fue el núcleo central de la telenovela Lo que me queda por vivir, en el lejano 2005. ¡Cuánto hemos evolucionado!

De acuerdo con encuestas realizadas por el Centro de Investigaciones Sociales de RTV Comercial, la acogida de Vuelve a mirar ha sido más que una victoria: un éxito rotundo en los escenarios digitales, que suscita cada vez más al abanico de opiniones, versiones libres sobre el posible desenlace e, incluso, un sentido de pertenencia guiado por la identificación o autorreconocimiento en cada tema que tipifica las manchas crudas de la realidad; prostitución, proxenetismo, la polémica disputa por la vivienda como arma destructora de la fuerza consanguínea, los retos que impone la coexistencia con personas discapacitadas, y hasta el posible incesto, esa palabra “aterradora”, que ni remotamente imaginamos como resonancia diaria en el espacio estelar de entretenimiento.

Tal vez la ausencia de soluciones mágicas haya dado un toque con marcado carácter realista, y esas aflicciones que no desaparecían con una varita dibujaron al pie de la letra un universo palpable. Pero la verdadera magia de la novela de Fiallo radica en el mensaje esperanzador que abarca su título, la posibilidad de regresar en busca del crecimiento, las redenciones, los cuestionamientos sobre el rumbo de la existencia, las oportunidades inagotables de sonreír y agradecer por lo que tenemos delante y que, en ocasiones, ni siquiera percibimos. Entonces, Vuelve a mirar no es más que una oda a la vida.

Una constelación de estrellas formó el elenco artístico, en los roles principales: Paula Alí, Rubén Breña, Nieves Riovalles, Osvaldo Rojas, Héctor Echemendía, Miriam Socarrás, Manolín Álvarez y el inolvidable Manuel Porto. Rostros noveles y actores con una amplia carrera convergieron en interpretaciones orgánicas e íntegras en cuanto a destreza e histrionismo.

A pesar de las inevitables dificultades en el proceso de rodaje, debido al impasse pandémico de siete meses, los nimios incidentes en relación al vestuario y aspectos de la edición no ofuscaron lo positivo de un audiovisual que logró flechar el corazón de todas las generaciones y que, si bien generó comentarios burlescos, memes, poesía y halagos en el escenario de las redes sociales, también exprimió ojos y almas. Desde las panorámicas vistas habaneras en compañía de acordes musicales de Raúl Paz, el trabajo de fotografía perfectamente logrado, y todos los factores que cubrieron la sobrecarga estética y emocional de la telenovela, se logró un equilibrio que no se vio en mucho tiempo.

Ciertamente, más que el listón alto, Vuelve a mirar deja una brecha abierta al florecimiento de la telenovela en Cuba, y, ¿por qué no apostar todas las fichas en producciones venideras? Independientemente de las matrices de criterios, aún hay mucho por hacer, y sobraron los motivos para emocionarse cada lunes, miércoles y viernes, con la sonrisa que esboce que ¡toca la novela cubana!

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