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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La radio y la televisión suenan con música

El libro Los musicales de la radio y la televisión en Cuba (1950–1958), de Carlos Bartolomé Barguez, se basa en una acuciosa investigación sobre temas, artistas y orquestas popularizadas en los medios de la Isla

La Mayor de las Antillas es, sin espacio alguno para dudas, una de las potencias generadoras de música de este continente. Cuba ha sido cuna de nuevos ritmos y géneros, de importantes compositores, ejecutantes e intérpretes admirados a nivel global y de un enorme número de piezas musicales invaluables. Por otro lado, en especial durante la primera mitad del siglo XX, tal maremágnum creativo estuvo acompañado, y estimulado, por un vertiginoso desarrollo de los medios de difusión. Toda esa historia será, a la vez, cimiento y legado para que esa larga tradición continúe hasta nuestros días y siga floreciendo.

Por eso, las investigaciones que persiguen, esclarecen y registran todos los hitos posibles de tan complejo y rico proceso cultural, adquieren especial significación. En esos predios podemos ubicar el libro Los musicales de la radio y la televisión en Cuba (1950–1958), de la autoría de Carlos Bartolomé Barguez y que publica la Editorial En Vivo. Un texto amplio, acucioso y que, además de sus aportes, aclara de paso algunos gazapos fijados en el imaginario popular y hasta en los trabajos de algunos investigadores.

Su autor es historiador e investigador y pertenece tanto a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, como a la Unión Nacional de Historiadores de Cuba. Desde la radio, en funciones de productor, programador, locutor y guionista, ha contribuido también a mantener y difundir los dominios y legados de la historia musical criolla. Asimismo, ha colaborado con diversos espacios de la prensa escrita y digital.

Sostiene el investigador que a lo largo del tiempo hay cierto número de errores históricos, en fechas, presencias o fundaciones, que han ido perpetuándose a lo largo del tiempo y hasta reproducidas por otros investigadores. Tal explica Bartolomé: “Siendo un símbolo referente de identidad y cubanía, paradójicamente buena parte de la historiografía de nuestra música se ha basado en testimonios, a pesar de lo peligroso que suele ser el recuerdo, sobre todo al ubicar los acontecimientos en tiempo. Por supuesto, hay autores con oficio que han sabido cruzar las fuentes orales y escritas para lograr obras maravillosas sobre agrupaciones y artistas”.

Justo por esos caminos se mueve esta pesquisa, que apela a “fuentes confiables, fundamentalmente primarias, datos estadísticos, tablas, anexos, notas y citas de autoridad elocuentes, correctamente avaladas en un aparato referencial”. A partir de tales alimentos, se nutren sus páginas.

Un breve pase de lista nos permitirá saber algunos de los contenidos que abarca la investigación. Los inicios del medio radial y televisivo ambos medios en Cuba, las más relevantes figuras involucradas en este proceso, además de las cadenas más importantes, así como su auge y desarrollo a lo largo de la década del 50 del pasado siglo, ubican en contexto histórico el relato.

En paralelo, se van ubicando programas, debut de figuras o grupos musicales, además del surgimiento, desaparición o cambios en ambos medios, así como varios de los acontecimientos más significativos que inciden sobre esta historia. Hay también un destaque para las muchas visitas de artistas extranjeros, así como su interacción con importantes personalidades y creadores criollos, que marcaron no pocos episodios destacables en la época.

Además de toda esa vasta información, el libro ofrece tres anexos de gran utilidad. Primeramente, se ubican cien cantantes y agrupaciones cubanos que aparecieron en la radio o la televisión entre los años de 1951 y 1958. Luego, y en el lapso de las mismas fechas, se menciona igual cantidad de artistas foráneos que visitaron la Isla y tuvieron presencia en espacios radiales o televisivos. Cierra este capítulo con una lista de cien hits musicales, y sus autores, que dejaron su impronta, en la memoria y el gusto del pueblo cubano.

No sobra destacar el amplio despliegue gráfico que acompaña toda la investigación y que contribuye en buena medida a ponerle rostros a muchos nombres, hoy menos mencionados y reconocidos. En dos palabras, se trata de un libro disfrutable y que puede despertar el interés de profesionales, historiadores y lectores interesados. Las pantallas de papel de Los musicales… esperan por ser abiertas.

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