23 de julio de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

LA TELEVISIÓN CERRANDO CERCO CONTRA LA HOMOFOBIA

Es lógicamente común, que ante determinadas fechas, intentemos visibilizarlas ese día, pero queda una brecha abierta fatal, pues si se trata de aportar a trazar estrategias, es menester destacarlas desde antes, como es la intención de estas cuartillas.
Televisión cubana

Televisión cubana

Es lógicamente común, que ante determinadas fechas, intentemos visibilizarlas ese día, pero queda una brecha abierta fatal, pues si se trata de aportar a trazar estrategias, es menester destacarlas desde antes, como es la intención de estas cuartillas, para lograr una programación más adecuada; además de que varias de esas conmemoraciones deben ser mucho más sistematizadas y trascender a todos los días y noches.

Vale la pena ejemplificar con el Día de los Enamorados: cada 14 de febrero insisto en lo positivo que ha sido que las campañas se amplíen mucho más allá del amor sexuado, pero aún dentro del amor sexuado, a los diversos tipos de relaciones y parejas, léase el amor en todos los grupos étnicos y generacionales e interraciales, desde los niños hasta los ancianos. Esos son avances conquistados.

Pero a pesar de otros muchos avances más profundos, como al ratificarse el Código de las Familias el 25 de septiembre de 2022 (lo que no basta para derrocar prejuicios), entre esas imágenes que promueven el Día de los Enamorados siguen sin incluirse relaciones amorosas dentro del mismo sexo, que por lo general quedan aplazadas para el 17 de mayo, Día Internacional de Lucha contra la Homofobia. Ignorar esos amores el día de los enamorados, es homofóbico, contradicción que malogra todo lo que se ha conseguido con tanto esfuerzo, en tan importante campo de batalla por la justicia social, incluso cuando la propia televisión ya esté normalizando casi tan cotidiana como por fortuna es todo amor, la visibilidad a los amores dentro del mismo sexo, y la censura en esta esfera ha ido disminuyendo sensiblemente, a mi juicio uno de los mayores logros de los últimos años.

Las campañas para cada 14 de febrero traicionan el 17 de mayo y al amor, si mantienen invisible enamorados del mismo sexo, sus besos sexuados (no solo “de piquito” o en la mejilla), como ya se han podido apreciar en la pequeña pantalla durante todo el año, He insistido en ello en esas fechas… sin mayores resultados. Tal vez publicado antes, lo concientice y los incluyan entre esos amores; la encomienda de un año al otro a menudo se diluye y relega, y no funciona. Por eso estas líneas se adelantan al 17 de mayo.

Para un debate de antecedentes dignos a considerar en la radio cubana

En mi texto Sabores y sinsabores: homosexualidad y homofobia en el cine, radio y TV cubanos, publicado el 24 de septiembre de 2013  en Letras de Uruguay (http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/couceiro_rodriguez_avelino/), identifiqué entonces en la subvalorada radio los mejores y más interesantes, constructivos y valientes aportes sobre estas problemáticas desde nuestras artes mediáticas al pueblo cubano, mediante los dos primeros hitos de la transparencia homosexual que la homofobia, tanto teme: El Programa de Ramón (Radio Ciudad de La Habana, 1988-23 de marzo de 1991, justo tres años exactos diariamente en el aire a las 5 pm y los sábados hacia el mediodía, dirigido por Ramón Fernández Larrea, con la asesoría de Ela Díaz Vázquez), que incorporaba un homosexual interpretado por Luis Alberto García, cuyo amaneramiento se prestaba a la comicidad del espacio, que por otra parte rebosaba de inquietudes sociales en general y propició el vocablo “Paco-tilla” para nuestra cultura popular. Era simpático, pero muy distante de lo burla con que se denigraba a  los otrora “sissy”: un clásico ejemplo de homosexualidad en el humor (uno de los campos más difíciles, temidos, prejuiciados y maltratados hasta hoy), sin homofobia. Abundan personajes “simpáticos” y al mismo tiempo, negativos, lo cual es muy peligroso y con frecuencia  no autoriza a conclusiones mecánicas: este no era el caso.

Por su parte, el tan intimista y coloquial Casa de Cristal (Radio Metropolitana), desde 1992, de 11 a 12 de la noche, escrito, dirigido y conducido por la poetisa Ana María Ramos hacia la medianoche y por ende, para un público que lo buscaba con todo propósito (lo que le permitía evadir pretextos censuradores) devino el “lugar de encuentro” que tanto urgía a la homosexualidad cubana antaño, hacia cuya comunicación trasgredía, a la par que satisfacía elevadas pretensiones artísticas.

Víctimas de la homofobia y otros prejuicios, ambos espacios duraron relativamente poco para tan originales expectativas, a pesar de su alta demanda popular, y nunca fueron sustituidos; mas debe reconocerse a la radio cubana tal mérito precursor.

Contradicciones del tema en los medios

No obstante, en Radio Progreso, sí se sistematizó durante años el estereotipado Lisandro (interpretado por Manolín Álvarez: todo un clásico, estereotipo absolutamente intencional, para bien y para mal) en Alegrías de Sobremesa (titánica dirección y guion de Alberto Luberta Noy durante medio siglo) evidenciando homofobia, pues el supuesto chiste era el rechazo de todos los “hombres”, casi como si pudieran “contagiarse”. Mientras, “La Mulatísima” (Aurora Basnuevo) mostraría “el hombre oriental”, “el machista” y “el infeliz”.

Aun en el año 2011, en un programa dominical mañanero en vivo en Radio Metropolitana, un radio-oyente llamó a quejarse (contrariamente a las restantes llamadas) porque en más de 50 años viviendo en Cuba jamás había visto homofobia, solo contra los descarados… fue difícil encaminar respetuoso el debate radial, hurgando con el lugar ideal de Cuba donde habría vivido; si no estuvo demasiado tiempo fuera del país, o atento al entorno social y sobre todo, qué entendía por “homofobia” y por “descarado”.

El otro gran mérito del momento corresponde en la televisión cubana, a las telenovelas brasileñas, que a la luz de este estudio devienen las primeras, mejores y de más alcance por sistemáticas, profundas y valientes clases de educación sexual (aunque no solo) en Cuba, por lo definitorio y el impacto popular, dado el excelente tratamiento (incluidos valores artísticos y culturales en general), sin desdoro de algunos otros ejemplos argentinos y otros audiovisuales extranjeros en Cuba: Degrassi Junior High (adolescentes que viven en o cerca de la calle De Grassi en Toronto, Ontario, Canada, 1979-2017); y luego de Estados Unidos El Coro o Glee, entre otras, cada vez más; seguidos no tan de cerca como urgía, por algunos pocos realizadores cubanos.

Por su alcance en nuestro pueblo, las brasileñas revolucionaron para la cultura sexual cubana desde Vale todo (1988, poco después mostrada en Cuba, donde el amor entre Cecilia y Laïs contó con el respaldo del pueblo cubano frente a la oportunista Fátima), Piedra sobre piedra (1992, en Cuba: Te odio, mi amor) y La próxima víctima (1995, cuya infeliz y obvia edición en la relación homosexual interracial Sandro-Jefferson no se evidenció felizmente sino hasta su mucho mejor retrasmisión matinal en el siglo XXI, ya sin censura mojigata), entre otras muchas casi continuadamente.

La endeble frontera entre el valiente enfrentamiento y el respeto a la privacidad

El 3 de febrero de 2016, Francisco Rodríguez Cruz (“Paquito de Cuba”), publicó en www.cubainformacion.tv, La pregunta que no hizo Amaury Pérez o La excesiva discreción de Carlos Díaz, cuestionándose por qué los medios abordan ampliamente la intimidad en las vidas heterosexuales, pero no de quienes se infieren relaciones homosexuals.

A propósito de las entrevistas de Amaury Pérez Vidal en su programa de televisión Con dos que se quieran, indaga por qué no se le ha preguntado en esa dirección, y cita, ni a Miriam Ramos, ni a Liuba María Hevia ni a Antón Arrufat Premio Nacional de Literatura, de quien añade que había sufrido explícitamente represalias por homofobia; ni a Carlos Díaz le preguntó Amaury Pérez si tenía pareja; hay que reconocer que excepcionalmente, Lester Hamlet se confesaría orgullosamente gay. Pero esta triste realidad continúa.

En la tormenta de ideas desatada, Paquito recibió entre las respuestas, que son temas privados; cabría contra-argumentar que también son privados para los heterosexuales, con quienes es difícil que las entrevistas eludan al respecto. Es cierto que a menudo, hay entrevistados gay que lo esquivan, temiendo al menos el impacto consecuente, por lo que son criticados por homófobos, análisis que exige mayor rigor porque no dejan de ser ciertas esas consecuencias sumamente destructives a sus allegados; además, una batalla a ganar sobre todo con las figuras públicas, es el respeto al derecho a la privacidad.

También es verdad: quienes con toda valentía asumen púiblicamente la homosexualidad, devjenen grandes pilares y baluartes, estocadas mortales a la homofobia. Aun más: pueden y tal vez, deben (de lo contrario se mal interpreta como vergúenzas, que está claro que no lo son), pero tampoco tienen derecho a exponer contra su voluntad a terceros: parejas y otros involucrados, y su opción de decidir si aceptan o no que sea de dominio público. No se puede anular intimidades, ni imponérselo violando derechos.

Panorama a la actualidad

En una de las cuatro historias de la teleserie La otra cara (Rudy Mora, 2000), Jacqueline Arenal interpretaba una artista de la plástica cuyo brusco novio (Albertico Pujol) es superado ampliamente por el amor de una modelo (ambas sin clichés, femeninas y bellas), relación que apenas se descubre finalizando un capítulo, muere al comenzar el siguiente, frustrando así lo que hubiera sido tan revolucionario entonces, cuando estas no eran sino fugaces referencias a estas identidades y amores que afortunadamente, se han ido sistematizando cada vez más, al tiempo que la irracional y francamente retrograda censura, ha ido cediendo terreno.

El domingo 13 de octubre de 2013, con 18 años de atraso, nuestra televisión comenzó a trasmitir muy saludablemente en un programa tan para la familia cubana como el vespertino Arte 7 que conduce Marta Araújo, El Celuloide Oculto, magistral documental sobre la censura por homofobia en el cine internacional y sobre todo, en los Estados Unidos, prometiéndose, después de la celebración del 2008, como el aporte más sustancial al tema, pero degeneró nuevo revés cuando fue frustrado sin continuidad. Creo que tardaron años en reprogramarlo en el tan adecuado Historia del Cine, sin dudas insuficiente, y muy bien debieran retomarlo las campañas por el 17 de mayo, pues con obras así y las asesorías requeridas, los medios de comunicación masiva logran la mejor educación sexual (y ambiental, y en todos los temas) para el respeto y justicia social.

En 2023-2024 hemos visto (entre otros, destacándose los dramatizados extranjeros y en particular la sana transparencia de tantas series juveniles) a Porthos (Pio Marmais, serie europea, 2023) como el mosquetero cuya bisexualidad casi solo se dice como impostado para quedar “políticamente correctos”; cierta polémica con el tratamiento de la sexualidad del impar Félix B. Caignet, magistralmente interpretado por Delvys Fernández en la telenovela cubana El derecho de soñar; y en Viceversa, las vicisitudes en la relación entre Leonardo (Gilberto Subiaurt) y Rubén (Joann Ramos). Urge insistir, sobre todo imperando las redes en el ciberespacio, que tanto odio homofóbico evidencian aún en el mundo.

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