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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La TV pensada para los niños

La sombrilla amarilla constituye un ícono de la TV infantil cubana
La sombrilla amarilla

La sombrilla amarilla

Numerosa es la producción científica, cubana e internacional, en torno al papel desempeñado por los medios de comunicación en la construcción de patrones culturales en la sociedad.

Las niñas y niños, que sabemos pasan muchas horas frente a las pantallas (la del TV del móvil, del tablet, del cine, entre otras muchas) constituyen un tipo de público especialmente susceptible a esta influencia. De ahí el reclamo de los especialistas sobre la necesidad de que los adultos conozcan y medien en los múltiples contenidos que llegan audiovisualmente a los más pequeños.

Para la Máster Ofeliz Díaz Bravo: “Las audiencias infantiles acaparan la atención de especialistas por ser consideradas particularmente vulnerables y por constituir la generación en desarrollo. Tal sensibilidad ante los medios, y en especial ante la TV, se justifica por encontrarse este público en pleno proceso de formación de sus personalidades y construcción de sus competencias comunicativas.

“Por medio de la televisión se recibe amplia información, es posible «acercarse» a lugares, culturas y personas diversas que en la vida real resulta difícil conocer. Los contenidos de su programación proponen conocimientos, valores, patrones de belleza y comportamiento, modelos sexuales, etc. y – según opinión de algunos especialistas- pueden llegar a modificar hábitos, ideologías y costumbres”.

Las encuestas nacionales de consumo cultural, lideradas por el Instituto Cubano de Investigación Cultural (Icic) “Juan Marinello”, señalan que ver televisión constituye la práctica cultural más frecuente en las niñas y los niños, quienes la prefieren por encima de jugar, leer, ir al cine, al teatro o dibujar.

Estos altos índices de audiencia en el público infantil exigen un número mayor de investigaciones que profundicen en la recepción de este medio comunicativo, y su influencia en la legitimación de modelos de comportamiento en la niñez.

La sombrilla amarilla representa un buen ejemplo en este sentido. El espacio, dirigido por Mariela López, gozó de altísimos niveles de preferencia (durante los años en los que estuvo en pantalla y en las distintas retransmisiones que ha tenido) e incluso dio origen a un exitoso proyecto editorial en el país.

El programa fue creado para niñas y niños entre 6 y 11 años de edad, aunque su popularidad trascendió estos límites etáreos. Con un claro propósito educativo-pedagógico, cada capítulo abordaba una historia diferente, en la que se integraban contenidos de ecología, alimentación, cultura universal, habilidades manuales y contenidos de asignaturas escolares.

En opinión de Díaz Bravo: “Las características de realización audiovisual (fotografía, movimiento escénico, atmósfera, concepción sonora y musical, ritmo y actuación) manifiestan un notable nivel de adecuación a las características del público al cual están dirigidas.

“Estos factores, unidos al empleo de la comicidad, la fantasía, y la incorporación de una niña y un niño entre los personajes protagónicos, han permitido educar sin didactismo y lograr la eficacia comunicativa.

“En la propuesta abundan conductas, sentimientos y actitudes que ponen de manifiesto la importancia concedida a la vida afectiva. Hombres y mujeres privilegian en sus acciones lo sentimental y lo espiritual, es así que al hablar de los tesoros personales sean mencionados gaticos, cajitas que guardan desde un cordel regalado por el abuelo para un papalote hasta caracolitos; al recomendar remedios para curar la tristeza salgan a relucir las flores;  como consejo para que crezcan las plantas se diga de recitar y cantarles y no falten en cada encuentro los regalitos de Enrique Chiquito, detalles que se hacen valiosos por la ternura que los acompaña”.

La sombrilla amarilla, escrito por Ivette Vian, sigue siendo una muestra fehaciente de lo que puede lograrse, en materia de producto audiovisual de calidad, dirigido a la infancia.

Como expresa Norma Reina, quien dio vida al personaje de Marcolina, “ella todo lo soluciona, todo lo puede. Todos salen felices y complacidos de casa de Marcolina, se hacen dulces, trabalenguas, trabajos manuales, canciones, muchas cositas que les gustan a los niños. Se aprende mucho pero las enseñanzas no son impuestas, se dan de forma natural y jugando”.

Con un fino sentido del equilibrio formal y de contenido, este popular programa demostró que con los niños pueden tratarse todos los temas, hasta los más difíciles: el secreto está en respetarlos como público y nunca subestimar su inteligencia y sensibilidad.

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