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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

¿Indicio, signo, señal de alarma? El idioma está en peligro

En los medios de comunicación aparece una seria alarma sobre el deterioro del lenguaje en Cuba

Desde hace muchos años se emite a través de diversos medios de comunicación una seria alarma sobre el deterioro del lenguaje en Cuba. Prestigiosos especialistas: lingüistas, escritores, profesores, entre otros, han manifestado su preocupación acerca de este tema.

Advierten sobre la vulgarización de las letras de los temas musicales, el empobrecimiento léxico en sentido general, entre otros muchos aspectos que debían intranquilizar a todos los que tenemos el español como lengua materna.

Ya no se trata solo de que se escapen distintas incorrecciones idiomáticas en determinados espacios, ni siquiera de las tantas palabras que se incorporan al registro coloquial constantemente gracias a la influencia de la televisión, Internet y otros medios de comunicación.

En mi opinión, en este punto de la charla, el problema es mucho más serio. El problema parte de la diferenciación que debe establecerse entre el habla coloquial y el habla vulgar: registros que están acortando, con demasiada rapidez, la distancia que los separa.

El lenguaje es uno de los elementos que se manifiesta en las obras artísticas con la intención de mostrar la realidad: así en la literatura, en el teatro o en la obra televisiva podemos caracterizar a un personaje por su forma de expresarse; un obrero, un campesino, un delincuente.

Muchos de los dramatizados que históricamente se han realizado en la Televisión cubana destacan por su respeto a esta diferenciación y por no abusar de los estereotipos.

Merecidos aplausos han alcanzado aquellos realizadores que han logrado transmitir sus preocupaciones con respecto a determinadas realidades sociales sin alimentar el mal uso de nuestro idioma.

Sin embargo, otros, en el afán de no apelar a estos estereotipos, han perdido esa línea divisoria (referida al lenguaje) entre regiones, procedencia, marginalidad-integración social, lo que hace el producto televisivo menos creíble.

Me refiero a todos los factores que conforman la comunicación: elementos verbales, no verbales (lenguaje corporal), paraverbales (ritmo, pausa, entonación, volumen), contextuales (público- privado, simétrico- asimétrico).

Por ejemplo, en cuanto a la naturaleza verbal de la comunicación, es poco probable que una mujer que vive en un pueblo alejado de la urbe se exprese con la jerga propia de las ciudades. Teniendo en cuenta los elementos no verbales, es imperdonable que no se establezcan límites en el uso de entonaciones que se acercan a lo vulgar, esto sin distinción de sexos, razas ni religiones.

Y en relación con los contextuales, ¿cree usted posible que en una misma región la mayoría de las personas, en cualquiera de los ámbitos (personal o laboral), se dirijan unas a otras con agresividad? Estos son los síntomas que últimamente ha mostrado nuestra televisión de un problema mucho mayor.

Por otra parte, mientras se apuesta en muchos espacios de nuestro país por mensajes que muestren la violencia psicológica hacia la mujer en diferentes ámbitos de la sociedad cubana, algunos productos televisivos muestran a la mayoría de las mujeres como transmisoras de esa propia violencia, verbal y no verbal.

La chusmería femenina y la marginalidad se han apoderado de la pantalla en algunos géneros televisivos. No intento que se invisibilice esta realidad que por obscena no deja de ser real, solo pretendo que se examinen los patrones de aquellos personajes femeninos que de algún modo puedan servir de modelos a seguir por los públicos.

Sin dudas, estamos debatiendo acerca de aquellos programas que merecen este tipo de crítica. Las generalizaciones siempre son malas e injustas. Pero es necesario llamar la atención hacia estos fenómenos para que no se establezcan como permanentes.

Como espectadora, claro que espero verme reflejada en lo que proyecta nuestra televisión y  aspiro a que nuestros problemas cotidianos se analicen y valoren en un medio tan abarcador como este, sin embargo, me opongo a que siga perpetuándose a través de él la vulgaridad y el deterioro del idioma que “heredamos de los conquistadores torvos”, como dijera el poeta Pablo Neruda en sus memorias.

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