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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Las novelas de los años sesenta

Repaso de las prácticas dramatúrgicas comunicativas que expandió Cuba a Latinoamérica y hoy escasean aquí
Las novelas de los años sesenta

Las novelas de los años sesenta

La reconversión acelerada de los sistemas mediáticos y comunicativos que tuvo lugar en Cuba entre 1959-1960, privilegió la propiedad estatal sobre la privada, y los objetivos de servicio público sobre los  mercantiles.

El hecho de que intentáramos de golpe y porrazo transitar del modelo económico-social capitalista al socialista, hizo que muchas practicas artísticas, mediáticas y comunicativas precedentes se consideraran inoperantes en el nuevo contexto.

Así surgió una mirada peyorativa hacia nuestras múltiples precedencias que ha costado décadas, sudor y lágrimas revalorizar la gestión realizada en los periodos previos; en tanto constituye también nuestra historia, tradición y patrimonio.

Una de las incidencias más evidentes de estos procesos en la programación televisiva  fue el abandono casi total del modelo dramatúrgico-comunicativo de las telenovelas, forjado por los cubanos desde 1952.

Aunque la investigación aun esta inconclusa, se ha podido identificar que durante esa década se mantuvieron en la pantalla algunas propuestas de la televisión comercial  y surgieron otras que respondían a los nuevos tiempos.
Con el objetivo de complementar los planes de estudio del Ministerio de Educación y amplificar el universo cultural-espiritual de los estudiantes y del resto de la población, se realizaron y emitieron memorables y excelentes adaptaciones audiovisuales originales de novelas literarias clásicas –cubanas o universales. Ese fue un aporte importante de la televisión.

La novelística clásica, proveniente de la literatura, nutrió en la década anterior un espacio denominado Grandes novelas. En esta nueva coyuntura, el mismo se retoma y redimensiona.

Le correspondió a Roberto Garriga Agramonte -creador prestigioso de la dramaturgia  radial televisiva cubana- traducir, adaptar y dirigir los guiones y la puesta en escena de la mayoría de sus obras hasta los años ochenta pasados.

En 1961, en otras frecuencias del propio Canal 6, Justo Rodríguez Santos, famoso escritor y director de radionovelas, creó Imágenes; donde adaptó y dirigió sorprendentes representaciones, usando  efectos fotográficos especiales, de las versiones audiovisuales de biografías de  artistas universales, entre otros: Chopin y Shumman en la música, y en la poesía, españoles como Federico García Lorca y Miguel Hernández.

Hasta 1967,  aproximadamente, se mantuvo en el aire el espacio Una luz en el camino (nacido en Radio Progreso), que un decenio atrás, dentro de la televisión comercial, inaugurara la firma jabonera Sabates.

En el horario estelar de las 8:30 p.m., dos veces por semana, durante esa década, desde el Canal 4 Aleyda Amaya  e Iris Dávila escribían novelas originales  de continuidad que mostraban escenas cotidianas de gente de pueblo.

En julio de 1960, Amaya  estreno allí Elena Armenteros, la maestra rural, que se mantuvo en el aire hasta diciembre de ese año. La productora era Odilia Romero; los directores, Antonio E. Vázquez Gallo y Jesús Cabrera. Integraban el elenco: Jorge Félix , Santiago García Ortega, Hada Beja, Marta del Río, Coralia Fernández, Ramón Veloz, Adolfo Llauradó, Edwin Fernández y Elvira Cervera.

En 1967 allí, Iris Dávila, famosa por sus argumentos citadinos y las problemáticas de las trabajadoras, estrenó Rumbos opuestos, interpretada por Ofelia Núñez, Celina Reynoso, Salvador Wood y Yolanda Pujols.

Hasta los primeros años de la década se mantuvo La novela de las 10, en el Canal 6; donde Roberto Garriga adaptaba y dirigía para el video muchas de sus famosas radionovelas.

Precisamente en ese espacio, Aleyda Amaya creo otro proyecto habitual de telenovelas que sería el más recordado del primer decenio de servicio público, se llamó Horizontes.

Lo dirigió inicialmente Germán Navarro, quien lo inaugura tras un programa de aficionados al arte de cobertura nacional que ocupó transitoriamente esa frecuencia y horario.

Sus novelas eran originales escritos expresamente para la pequeña pantalla, con una duración aproximada de media hora, de aproximadamente 45 capítulos, emitidos dos o tres veces por semana.

De la mayoría de ellas solo se recuerda el sector social que representaban; por ello los televidentes le llamaban “Las novelas de los sindicatos”.

Sus temáticas de actualidad sorprendieron también por su renovación radical en el  formato, los contenidos y los recursos expresivos.

Se mantuvo ininterrumpidamente, por casi 20 años, con sucesivas generaciones de escritores como Mayté Vera y Eliseo Altunaga.

En 1985, se estrenó en nuestro país La esclava Isaura, de TV Globo de Brasil, que género una conmoción general. Cuba se reencontró con los códigos básicos del modelo latino de telenovelas creado por nosotros mismos desde 1952, cuando se expandió hacia América Latina. (fotos de Esclava Isaura)

En respuesta a este impacto comunicativo foráneo, Garriga responde adaptando Sol de batey, una radionovela de Dora Alonso que abordaba similar época y ambiente. Así  demostró su pericia y sapiencia en una dramaturgia mediática fundada en Cuba y que conocía muy bien.   (Fotos de Sol de batey)

Desde entonces, de vez en vez, algunas obras cubanas usan estos recursos expresivos tradicionales, pero, en sentido general, nuestra telenovela actual se distancia de las prácticas dramatúrgicas comunicativas  latinoamericanas.

Hacer telenovelas en cualquier país conlleva gran responsabilidad por su alta  demanda. Pero en Cuba, donde nacieron las prácticas del modelo latino generalizado en el continente, la decisión de su modelo, mensaje y recursos expresivos compete, además de sus creadores y televisoras, a las audiencias.

En este aniversario 65 de la televisión cubana no es baldío recordar la sabiduría del   proverbio bíblico que afirma: Examinadlo todo y retened lo bueno.

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