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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Las vibrantes cuerdas de un solo de cultura

En su habitual estilo periodístico directo, bien documentado y con sólidos argumentos, el libro de Guille Vilar, publicado por la Editorial En Vivo, aborda figuras, conciertos y grupos musicales, así como sus respectivas trascendencias y contribuciones artísticas

Las vibrantes cuerdas de un solo de cultura

Aunque la música cubana y del mundo ha contado en nuestros medios con varios vitales defensores desde la crítica, el periodismo y la realización radial o televisiva, puede que pocos atesoren el largo acervo productivo, y de saberes trasmitidos, de Guillermo Vilar Álvarez.

El Guille Vilar, como le conocen el público, los amigos y colegas, ha sido por décadas un incansable paladín de los mejores valores de la música y la cultura nacional y universal. El rock, la Nueva Trova, los más raigales de nuestros ritmos y agrupaciones, así como lo mejor siempre de la producción cultural, han tenido como vehículos de difusión y análisis las certeras opiniones y aportes de este apasionado realizador de nuestros medios y páginas. Baste mencionar su sección Entre cuerdas, en la prensa escrita, todo un clásico hoy para el periodismo cubano en el abordaje de diversos géneros musicales y músicos (especialmente el rock, a pesar de las no pocas ojerizas que despertaba) o su programa televisivo A capella. Estos espacios bastarían para resumir, aunque sea muy apretadamente, los logros de este creador, que es graduado de Historia del Arte por la Universidad de La Habana.

En esta misma línea de seguir defendiendo lo más alto y válido de las producciones musicales criollas y foráneas se incluye el libro Las muchas cuerdas de la cultura cubana, que publica la Editorial En Vivo. En su habitual estilo periodístico directo, bien documentado y con sólidos argumentos, las páginas que ahora ofrece Guille Vilar se mueven por un amplio espectro que aborda figuras, conciertos y grupos musicales, así como sus respectivas trascendencias y contribuciones.

Tres capítulos conforman la espina dorsal de este libro. En el primero, desde la entrevista y el ensayo, Vilar recorre la impronta de importantes personalidades del parnaso musical cubano. Esta vez, el énfasis se dirige hacia la Nueva Trova y muy puntuales áreas sonoras, como la música clásica y una muy singular vertiente de la popular (aunque, para citar una frase del propio escritor, cuando la música es una sola, la buena, no hay muchas separaciones en dichos lares). Estos trabajos se acercan al quehacer de Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, el grupo vocal Sampling y los maestros Leo Brouwer y Frank Fernández. Para cualquier interesado en lo mejor de la música nacional, este resulta ser un recorrido que vale su peso en oro de páginas.

El segundo capítulo, también en predios del ensayo y de la reseña periodística, amplía el área de vuelo. Hay un estupendo trabajo sobre el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC que transita varios ejes temáticos, además de algunas interesantes anécdotas, y se mueve desde la historia hasta el análisis valorativo de legados y aportes musicales. La importancia y aceptación de una emisora como CMBF Radio Musical Nacional; las innegables huellas y batallas de una publicación como El Caimán Barbudo; más un abordaje de la Televisión Cubana como medio proveedor de cultura, también conforman esta sección. Imposible soslayar aquí un bien vitaminado ensayo que menciona algunos de los más importantes guitarristas de la historia del rock. Esta es una pieza infaltable en el quehacer de quien, por años, nos actualizó a todos en tales menesteres.

Como colofón hay un tercer capítulo, otra vez para dar rienda suelta a las satisfacciones de los seguidores musicales más fieles, en especial del rock. Aquí se resumen, con pelos y señales, varios conciertos acaecidos en la Isla a propósito de acontecimientos y visitas puntuales. La presencia en La Habana y las actuaciones de Sir George Martin, Audioslave, Air Supply, Sepultura, Kool and The Gang o aquella colosal muestra de amor y jolgorio que fuera el concierto Paz sin Fronteras, se rememoran en estas páginas del libro. Un viaje a las memorias (no falto de nostalgia para quienes tuvimos la oportunidad de estar de cuerpo presente en algunas de esas presentaciones), además de una asentada historia para los tiempos venideros, se disfrutan a través de las palabras con que se reseñan dichos eventos.

Un libro como este de Guille Vilar no es más que la mejor reafirmación de sus posturas vitales y otro logrado escalón de una labor sin concesiones. Siempre en aras de que se mantenga sonando ese solo de cubanía, y de buen arte, es que trabaja este creador. Las pantallas de papel de Las muchas cuerdas de la cultura cubana esperan por ser abiertas.

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