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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Leyendo los caminos de la guerra

El libro Por esos caminos de la guerra (Relatos de un corresponsal de guerra), de la autoría de Eduardo de la Torre, con el sello Ediciones En Vivo ofrece visiones acerca de la labor de los corresponsales de TV en los conflictos bélicos
Relatos de un corresponsal de guerra

El libro Por esos caminos de la guerra

Dentro del mundo periodístico, una de las labores que puede catalogarse por igual tanto de apasionante como de riesgosa es, sin dudas, la de los corresponsales que hacen coberturas en escenarios bélicos. Buscar la noticia, desenmascarar horrores y dejar constancia de lo que acontece entre dos bandos en conflicto, es un trabajo importante y peligroso. Para nuestro país quizás las imágenes mejor asentadas en la memoria del pueblo son aquellas de los combates en Playa Girón, en el enfrentamiento a terribles sabotajes o en algunas de las participaciones internacionalistas de las fuerzas cubanas en África.

No obstante, en otras conflagraciones contemporáneas, donde incluso no había intervención directa de tropas o asesores cubanos, sí ha habido coberturas periodísticas de nuestros enviados. Por diversas razones, no pocas de índole militar y de seguridad, muchas veces no se conocen públicamente ni tales esfuerzos, ni se han visto las imágenes generadas en esos trabajos. En suerte de útil botón de muestra, la Editorial En Vivo ofrece ahora un texto donde se hace un amplio paneo por algunos de esos complejos espacios. Se trata del libro Por esos caminos de la guerra (Relatos de un corresponsal de guerra), de la autoría de Eduardo de la Torre.

Su autor, fallecido en 2013, fue durante más de tres décadas fotógrafo y camarógrafo de los Estudios Cinematográficos y Televisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Participó en la cobertura de eventos hostiles en Cuba, no solo de índole bélica sino también en desastres naturales y otras situaciones. Además, cumplió misiones en varios países, especialmente en el continente africano, aunque también recorrió Europa, Asia y América Latina. La labor como reportero encontró espacios en revistas como Bohemia, Revolución y Cultura, Verde Olivo y Moncada.

En el prólogo, Jorge Fuentes, bien conocido por el público cubano por su obra cinematográfica, destaca los valores de estas páginas. A la vez, hace un directo retrato de las principales reglas de oro, y de las búsquedas y penas, del corresponsal de guerra trasmutado aquí en autor testimonial. “Todo el que ha filmado en las condiciones que se refieren en este libro, sabe que el documentalista se enfrenta a varias angustias; la de que no se escape el acontecimiento, la de defender su vida y la de sus compañeros y la que más lo aflige: no traer nada en la cámara. Como el autor advierte, a veces se llega tarde a lo que pudiera llamarse el acontecimiento cinematográfico, que en este caso es también acontecimiento histórico, queda entonces la posibilidad de la próxima vez. Pero la mayor de las veces eso no sucede nunca y sólo queda en la memoria de lo vivido y no reproducido. Para salir de esa angustia, que considera incumplimiento, es que el cineasta devino escritor sin abandonar su viejo oficio, como si comprendiera las limitaciones del uno y del otro”.

El libro cubre un amplio espectro de tiempo y de sucesos. Aparecen las experiencias de la Lucha Contra Bandidos, en especial en Matanzas. Se habla de las terribles consecuencias y muertes que tras de sí dejó el paso del ciclón Flora por las provincias orientales de Cuba. Está la lucha de los pescadores criollos contra el acoso, el secuestro y la quema de sus embarcaciones por piratas armados por el enemigo; así como los tensos encontronazos y provocaciones en la frontera con la Base Naval de Guantánamo. En predios foráneos, las arenas del Sahara, las costas de Omán y diversos conflictos en Yemen, Siria y otros países, son el lienzo para registrar muchos sucesos, experiencias y recuerdos.

El propio autor también deja constancia de las historias y hallazgos de este libro. “Este puede ser un cuaderno de campo, de bitácora, de viaje, de aventuras. Son hojas donde se siguen los caminos de la guerra, esa difícil pista que presupone llegar al lugar de los hechos, al dato preciso, a la persona buscada (…) Son cuartillas emborronadas, sucias a veces por la prisa o el peligro. Aparecen en ellas datos, descripciones, impresiones, entrevistas (…) Aquí están escritos los éxitos los fracasos, las alegrías y el miedo”.

No queda más que invitar a la lectura de estas páginas, habitadas por apasionantes y vívidos relatos. Las pantallas de papel de Por esos caminos de la guerra esperan por ser abiertas.

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