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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Los latidos de una emisora

Radio Reloj llega a sus 65 años con la vitalidad y la profesionalidad que siempre han sido inherentes a su quehacer
Radio Reloj

Radio Reloj

Fue a las seis en punto de la mañana del primero de julio de 1947 cuando se escuchó por vez primera un acompasado tic-tac que, semejante a los latidos anunciadores de una nueva vida, daba fe del nacimiento de Radio Reloj: la única estación radial de nuestro país -y quizás una de las pocas en el mundo- consagrada a dar la hora exacta minuto a minuto y a divulgar los más recientes e importantes acontecimientos de la actualidad nacional e internacional.

Han transcurrido desde entonces 65 años marcados sonora e ininterrumpidamente segundo a segundo por Radio Reloj, que llega aproximadamente -ya que el tiempo nunca se detiene- a la astronómica cifra de dos billones trescientos sesenta y cinco millones doscientos mil latidos. Más que suficientes para haber calado tanto en el corazón de nuestro pueblo, y para que a despecho de las modernas y diversas plataformas tecnológicas existentes, a las cuales esta emisora se ha incorporado con suma eficacia, sintonizarla convencionalmente en algún radioceptor siga siendo una indispensable alternativa y una arraigada costumbre para muchísimos cubanos y cubanas, en aras de su puntualidad y ante todo deseosos de informarse a cualquier hora.

Por eso también suman millones los radioyentes que a lo largo y estrecho de nuestra geografía han afirmado en muchas ocasiones: «Eso es verdad. Lo dijo Radio Reloj». Y es porque si para esta emisora la inmediatez noticiosa es su cometido esencial, la credibilidad dimanada de su función informativa es su fundamental razón de ser. En ello se ha fundado el prestigio de esta planta radial y de sus sucesivos colectivos de trabajo. Esos periodistas, locutores, técnicos y directivos que han hecho posible que Radio Reloj no solamente haya acompañado nuestra historia, sino que ella misma se haya erigido en historia.

Radio Reloj llega a sus setenta y cinco años con la vitalidad y la profesionalidad que siempre han sido inherentes a su quehacer. Siguen sus característicos latidos acompasándose al palpitar de una nación que se complace de tenerla para sentirse en todo momento muy bien informada y para ajustar con exactitud todos sus relojes.

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