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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Luis Rodríguez Rosales: radialista por vocación

Acercamiento al merecedor del Premio de Mérito Técnico Especial  de la Radio Cubana

Este hombre, que acaba de recibir un Premio Especial de Mérito Técnico Especial  de la Radio Cubana, se lo merece por muchas razones. Comenzaré por decir que es un excelente comunicador. Su trayectoria, por tanto, debe ser conocida y reconocida.


Asegura a En Vivo que el amor por la radio se lo debe a su padre. Este se ganaba la vida componiendo y elaborando radios. De pequeño, Luis Rodríguez Rosales observaba los misterios de cómo de un grupo de cables y bocinas surgía la música, novelas y todo lo relacionado con lo que su progenitor hacía.

Estudió electrónica en el colegio de Belén y, a los 16 años, comienza  a trabajar como jefe de mural, en el hospital Aballí. Cuenta que siendo estudiante en Belén, los curas los llevaban, una vez por semana, a los terrenos donde se estaba instalando las torres de lo que posteriormente sería Televilla.

Corría el año 1958 y se entera que en la Sierra Maestra se había inaugurado una emisora que daba todos los partes de la guerra contra Batista.  Entonces el joven radiotécnico inventa un receptor, lo conectaba y todas las noches escuchaba Radio Rebelde.

Al triunfo de la Revolución deseaba convertirse en radioaficionado y contactó con el entonces Ministro de Comunicaciones, José Mederos, para realizar el proceso que lo convertiría en radioaficionado. Este lo pone al habla con Francisco Margolles para todos los trámites, pasa el examen con todas las notas satisfactorias y es así como Luis obtiene la licencia CMVRR.

Se vincula a la Radio Cubana laborando en una emisora que funcionaba en La Cabaña, para contrarrestar a las emisoras (Radio Swan y Radio Mambí) que trasmitían desde algunas ciudades de América Latina en contra de la Revolución como fueron. De ahí sus vínculos con el entonces Instituto Cubano de Radiodifusión.
Recuerda que en 1963, junto a otros compañeros, funda una emisora que unía La Habana con Bolivia, aunque después ese proyecto quedó engavetado.

Ejecuta todas estas labores sin dejar su afición de radioaficionado. Fue fundador de Las Milicias Nacionales Revolucionarias y estuvo en el Escambray en la Lucha contra bandidos.

Pasó un curso de operador de radar en La Cabaña y se convirtió, posteriormente, en artillero. Integró luego la DAAFAR, en la especialidad de comunicaciones en San Antonio de los Baños. Después pasó al Ministerio del Interior para trabajar en el laboratorio de Comunicaciones de la Dirección Técnica, allí  desempeñó un notable rol durante la Crisis de Octubre.

Cuando en 1965 se funda en La Habana la Federación de Radioaficionados de Cuba, que ha sido y es un bastión para todos los tiempos, sobre todo frente a la ocurrencia de desastres naturales, ya sea en Cuba como en otros países. En esas circunstancias el radioaficionado mantiene las comunicaciones aunque no haya electricidad, porque sus equipos trabajan con baterías. Eso le ha ocurrido infinidad de veces.

La experiencia más reciente para Luis fue su comunicación con su compañero de la ciudad de Baracoa, durante el paso del ciclón Irma, que azotó a casi toda Cuba.

Al valorar cuán importante y trascendental resulta su labor, apuntó: “los radioaficionados siempre dicen la verdad”.

Aunque él ha perdido la vista, eso no le ha impedido seguir con su profesión. Se asombra cuando le decimos que ha recibido un premio por su constante labor durante toda la vida.

Tiene muchas medallas como la de Playa Girón, Desembarco del Granma, otorgadas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior.

Culmina la entrevista diciendo con gran orgullo que su hijo es también radioaficionado.

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