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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Mario Balmaseda: ícono de la actuación cubana

Un legado como el de Balmaseda nunca será borrado de la historia cubana

Aquel 19 de enero, hace ya 81 años, vio la luz uno de los rostros más importantes del universo actoral cubano. Mario Balmaseda ha dejado una huella imborrable desde el teatro, el cine y la televisión. Su impecable trayectoria durante más de 50 años le ha regalado el cariño y admiración del público.

Sus primeros pasos los dio en el Teatro Martí con el circo cubano Santos y Artigas, en el que trabajaba su madre como declamadora. Al llegar a la actuación estaba graduado de una academia militar y había estudiado construcción en la escuela de Artes y Oficios de La Habana. Luego de esto trabajó en el Cabaret Montmartre hasta el triunfo revolucionario en el 1959.

Fue entonces cuando, siendo miembro de las milicias de Plaza de la Revolución, conoció a importantes actores de la época y para finales de la década de los 60 del siglo XX, entró al mundo del teatro.

Logra incorporarse al grupo de teatro Ocuje y obtiene su primer protagónico en la obra El alboroto. A partir de aquí su carrera fue ascenso. Estudió dramaturgia en el Teatro Nacional de Cuba y en la República Democrática Alemana.

Su paso por el teatro ha sido muy significativo como actor y también como director, mostrando grandes dotes en ambos trabajos.

El éxito en este medio le abrió las puertas a la televisión, donde una vez más se encargó de cautivar al público con brillantes actuaciones en series como Aventuras de Juan Quin Quin, Un bolero para Eduardo y En silencio ha tenido que ser.

Finalmente, en 1971 llegó al mundo del séptimo arte y desde su debut su participación en filmes ha sido inmensa. ¿Cómo olvidar su presencia en obras como El hombre de Maisinicú, El brigadista, Se permuta, Se vende, ¿La última cena y Baraguá? En esta última dio vida a Antonio Maceo, tras un largo proceso de preparación el resultado fue magistral. Recientemente, en el año 2015 estuvo presente en los filmes Vuelos Prohibidos (Rigoberto López) y La obra del siglo (Carlos M. Quintela).

Su filmografía resulta muy amplia. Por esta razón y por su desbordante talento en el pasado año le fue concedido el Premio Nacional de Cine. Ya en 2019 había sido galardonado con el Premio Nacional de Televisión y en 2006 con el Premio Nacional de Teatro. De esta forma pasó a ser el primer actor cubano en ganar los prestigiosos reconocimientos en estas tres categorías. Todo un honor para él. Indudablemente, un reconocimiento más que justo.

Un legado como el de Balmaseda nunca será borrado de la historia cubana. Él dejó su sello en el mundo de la actuación de la Isla. Demostró su talento en múltiples facetas y contribuyó así a definir la cubanía en la cultura nacional.

Foto: Tomada de Cubadebate

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