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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Martí, La Demajagua y la Radio Cubana

El 10 de octubre marcó el inicio de la gesta emancipadora en 1868 y de las transmisiones oficiales de la radio cubana en 1922

El 10 de octubre de 1868 los cubanos se lanzaron a la guerra con el propósito de conquistar la libertad y la independencia de su Patria, bajo los criterios de la igualdad y la fraternidad.  Desde entonces, esa fecha ha marcado el inicio de otras batallas, sueños y aspiraciones, como tributo al día feliz del levantamiento de Yara.

 Por tal razón, ese mismo día, pero en el año 1922, se realizó la inauguración oficial de la radiodifusión en Cuba, con la salida al aire de la emisora PWX. En esa ocasión el presidente de la República,  Alfredo Zayas, transmitió un discurso en español e inglés.

Sobre esta fecha, en la figura de Martí, puede hablarse sin titubeos. Mucho tuvieron que haber retumbado en los oídos del Apóstol las campanas del ingenio La Demajagua, antes de que el culto político se dedicara a continuar lo comenzado por Carlos Manuel de Céspedes  en 1868.     

Si Martí no hubiera interpretado que aquellas campanas habían repicado en nombre de la libertad y de la emancipación cultural de los cubanos, no habría dedicado un segundo de su vida a seguirle la rima al suceso.

Cuando Céspedes entró a la edad de 49 años en la historia de Cuba, con su grito redentor convertido en Manifiesto del Diez de Octubre, el adolescente Pepe recibía clases de cultura y patriotismo de Rafael María de Mendive en La Habana.

Meses después de digerir las noticias que le llegaron sobre el abogado bayamés, el ataque a Yara, la toma de Bayamo, incluso respecto al levantamiento armado en Las Villas, Martí escribió su soneto 10 de Octubre.    

En el periódico manuscrito El Siboney, que circuló clandestinamente entre estudiantes de segunda enseñanza de La Habana, el muchacho de 16 años expresó en versos su voto a favor del grito independentista:    
 
“Del ancho Cauto a la Escambraica sierra, /Ruge el cañón, y al bélico estampido, /El bárbaro opresor; estremecido/ Gime, solloza y tímido se aterra./”
 
No menos elocuentes fueron las ideas que manifestara en el cierre de su composición poética: “Gracias a Dios que ¡al fin con entereza/ Rompe Cuba el dogal que la oprimía/ Y altiva y libre yergue su cabeza!”    

Pero este soneto fue apenas el comienzo de lo que sería una vida enfocada a analizar los aciertos y reveses de la primera década del proceso revolucionario cubano.

Muestra de ese quehacer constante en pro de tejer los hilos de su patria son los discursos que pronunció los 10 de octubre de 1887, 1888, 1889, 1890 y 1891 ante cubanos emigrados en Estados Unidos.  
 
Ni remotamente fue una frase fútil la que plasmara en carta remitida a Serafín Bello el 12 de octubre de 1889. El Apóstol llamaba en aquella ocasión a acabar la obra del 10 de octubre guiados por el lema de su vida y el del periódico Patria: “Con todos, y para el bien de todos”.    

En la mencionada misiva calificó la celebración de esa fecha en Cayo Hueso como “unión ardiente, bella como una obra de arte, de los corazones”.    

Con respecto a la reminiscencia del acontecimiento, Martí dijo que fue como una resurrección. “Que otros le digan. Yo sólo sé que la hora de la fundación empieza, y que allí se cogió la primera cosecha de la obra (propagandística) de ocho años (en suelo estadounidense).”    

“Allí todos. Bello, sin empujes ni redes, traídos por su propio impulso, los fieles y los que se han burlado de los fieles, el copete y el taller, el blanco y el negro. Y el tema, uno: ya no hay tiempo para errar. Juntos, y de veras, a la guerra”.

Lo más admirable de todo fue que Martí defendía la independencia de Cuba por amor, sin esperar nada a cambio.    

No pensaba el previsor político en ganar gloria para sí, sino en enamorar a los cubanos de que lo emprendido en La Demajagua merecía un final distinto al pactado entre españoles y mambises en El Zanjón tras 10 años de muerte y desgaste.

Patria, seminario dirigido por Martí desde Nueva York, dedicó varios números antes y después del 10 de octubre de 1892, 1893 y 1894 a recoger discursos y artículos alusivos a las conmemoraciones de esa fecha.    
A las celebraciones que tuvieron lugar en Nueva Orleans, Tampa, Cayo Hueso, Nueva York –y otros centros de emigrados- asistieron tabaqueros,  propietarios, artistas y médicos que deseaban ver a Cuba independiente.     

En la crónica titulada “El aniversario” se leía el 8 de octubre de 1892: “el cielo diáfano se inundó de luz, los campos del ingenio Demajagua lucían esmaltados, los grupos se consolidaban en una masa compacta, en el ancho portal de la espaciosa casa de vivienda”.    

Más adelante se rememora que Carlos Manuel de Céspedes, “hombre de enérgico continente”, arengaba con la palabra de apóstol en medio de vivas a Cuba libre y desplegaba la bandera tricolor que la noche antes aquellos 200 hombres besaron con reverencia.    

“Siervos blancos, siervos negros, esclavos, hacendados, sin armas casi, juraban en aquel momento memorable conquistar la independencia de la patria o perecer en la demanda”.   

En la portada de la edición del 10 de octubre de 1894 salió el artículo titulado “Lo redentores”, en el que se afirma que aquel día de 1868, Cuba despertó soberana a la vida de la libertad.    

“Fue un puñado de hombres, tan abnegados como indomables, los que hicieron un pacto con la muerte, que no otra cosa significaba lanzar a la faz de la metrópoli ensoberbecida y despótica el grito de independencia”, se acota al respecto.

Para encender el ánimo patriótico, Patria se valió de metáforas, datos y de imágenes como las de Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Francisco Vicente Aguilera, Salvador Cisneros Betancourt, Honorato del Castillo, Tomás Estrada Palma, el escudo de la República de Cuba, la casa de Céspedes y el árbol de La Demajagua.     

Esta última fotografía es similar a la reproducida en muchos libros contemporáneos de Historia de Cuba. Se trata del árbol que se yergue entre la herrumbrosa rueda del ingenio que fuera propiedad del Padre de la Patria.
    
“Por entre los radios de la rueda muerta ha nacido, como símbolo y profecía, un árbol bello y vigoroso”, describió Patria en el pie de foto.
 
No es casual, pues, que tan preciada fecha, reverenciada por Martí hasta la saciedad, fuera escogida 54 años después del levantamiento de Yara para inaugurar oficialmente la radiodifusión en Cuba.

Ese día supone un hito en la historia de los medios de comunicación en Cuba, y pone en firme la mirada alentadora y alertadora del Héroe de Dos Ríos.

Que sirva el 10 de octubre para inspirarnos en el ejemplo y la trascendencia de Martí, La Demajagua y la Radio Cubana.

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