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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Masificar lo válido

Privilegiar lo más valioso de la cultura y el arte, debe ser una de las prioridades de los medios de comunicación

Como nunca antes, hoy lidera en el panorama mediático el poderío de grupos económicos privados que conquistan nuevos mercados, difunden mensajes de todo tipo por diversos canales e instauran la globalización de los medios de comunicación de masas y su ideología en un ecosistema en el cual las tecnologías construyen un nuevo sujeto digital y cambia el consumo, entendido por el investigador Néstor García Canclini como “proceso en el que las personas asimilan, rechazan o negocian aquello que se les ofrece”.

El actual (des)orden mundial implica múltiples dimensiones financieras, políticas, informáticas y culturales y genera desigualdades crecientes en todos los órdenes de la vida. El poder de la cultura de masas se apoya en el manejo hábil de la industria organizada del consumo y de las redes de medios de comunicación que influyen sobre la conciencia individual y social mediante un gran despliegue publicitario con el fin de asegurar la oferta y la demanda de sus productos que se colocan en el mercado.

En dicho contexto, la expansión de la cultura de masas capitalista se concreta en variadas formas, entre ellas música masiva, literatura masiva, series y novelas televisivas, la mayoría de formato estadounidense, en los que proliferan el “inocente placer” y la diversión, lo cual no significa que todos los productos de estos géneros se incluyan en la cultura de masas.

Uno de los filósofos de la Teoría Crítica de la Escuela de Francfort, Theodor W. Adorno, en su texto “Televisión y Cultura de masas”, advirtió que el efecto de la televisión no puede enunciarse debidamente en términos de éxito o fracaso, gusto o rechazo, aprobación o desaprobación. Más bien se debería hacer una tentativa con ayuda de categorías de la psicología profunda y de un conocimiento previo de los medios para concretar cierto número de conceptos teóricos mediante los cuales podría estudiarse el efecto potencial de la televisión y su influencia en diversas capas de la personalidad del espectador.

Por su parte, Umberto Eco reivindicó los aspectos positivos de la cultura de masas y promovió la guerrilla semiótica con la que quiso significar la activación de procesos responsables y críticos de interpretación de los mensajes mediáticos.

Lo cierto es que de nada sirven las transformaciones tecnológicas si no se acompañan con una manera de hacer que propicie nuevos saberes. La digitalización y las nuevas prácticas de uso de la televisión indican cambios acelerados, los jóvenes pasan del consumo lineal de televisión hacia el consumo en otras pantallas: computadora, tables, celulares y mediante el uso masivo de las redes sociales los sujetos dejan de ser pasivos para convertirse en productores-difusores o productores-consumidores. De forma progresiva la televisión está dejando de ser una herramienta de masas para convertirse en un medio de comunicación que se consume individualmente en diversas plataformas de forma diferida y personalizada.

La sociedad cubana no está ajena a particularidades de este nuevo escenario en el que lideran negocios de las industrias de la comunicación (informática, Internet, videojuegos, redes sociales), la rápida consolidación de monopolios de la producción y la distribución que acompaña un pensamiento hegemónico.

También la globalización representa la apertura de otras posibilidades, entre ellas la emergencia de otras cosmovisiones que ponen en crisis la supremacía del racionalismo occidental y el estímulo a una acción contrahegemónica –a modo de revancha sociocultural-, la cual fortalece la unidad política y la competencia entre empresas de todo el mundo que introducen cambios de amplia repercusión social en los sectores marginados en el ámbito económico.

En contraposición al “orden desbocado”, el programa institucional de difusión masiva de la cultura en Cuba privilegia proyectos de amplia influencia en los públicos para lograr la comprensión y apreciación de códigos artísticos novedosos, el establecimiento de jerarquías estéticas y artísticas, valores universales y la participación en acciones culturales lideradas por creadores consagrados y jóvenes.

Pero no basta que existan estrategias bien diseñadas y buenas intenciones, la masificación de la cultura requiere una activa participación del Ministerio de Cultura, el sistema de la Radio y la Televisión, y de la sociedad civil, que se concrete con vocación universal, inteligencia y creatividad, en las prácticas culturales como alternativas e instrumentos de liberación en un mundo globalizado.

Sin dudas, contribuyen la Radio y la Televisión a la visibilización de la defensa de la memoria, y los valores auténticos de la cultura nacional y del mundo.

En la sociedad cubana el impacto de los medios de comunicación trasciende el entretenimiento, estos generan estados de opinión, informan, comunican, transmiten cultural, y contribuyen a socializar el conocimiento y la construcción de un pensamiento.

En ambos medios, contar historias exige la creación colectiva a la que aportan directivos, técnicos y artistas con plena conciencia de que el todo constituye una formación material-sensible, pues cada componente del relato con sus lenguajes y proposiciones tiene su propio valor comunicativo en la obra destinada, en primera instancia, a tocar las fibras íntimas del ser humano, motivar la reflexión y el disfrute.

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