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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Memoria para productores

La casa editorial En vivo presenta la segunda edición, corregida, ampliada y en dos tomos, de Lo que no puede olvidar un productor, de Norberto Abreu Lizaso.

Como se sabe, la televisión es un medio de comunicación masiva cuya posible realización descansa sobre el trabajo de un amplio equipo de diversos especialistas. Aunque la presente era de la Internet y los teléfonos móviles inteligentes han logrado que una persona pueda trasmitir en solitario y en vivo una señal a los cuatro vientos, todavía no se declaran obsoletos los estudios televisivos ni sus modos de hacer. Mucho menos caduca el grupo de técnicos que lleva la señal televisiva al aire.

Es por ello que el aprendizaje sobre todo lo relacionado con la realización audiovisual televisiva continúa siendo una materia vital para cualquier interesado en adentrarse en este mundo creativo. Dentro de las múltiples esferas de trabajo que la televisión conlleva, la producción sigue siendo uno de sus pilares fundamentales. A sabiendas de este precepto, la casa editorial En vivo, presenta la segunda edición, ahora corregida, ampliada y en dos tomos, de Lo que no puede olvidar un productor, de Norberto Abreu Lizaso.

Según advierte en el prólogo el ganador del Premio Nacional de Televisión, el también realizador José Ramón Artigas, “Norberto Abreu, avezado en labores de producción y en la enseñanza de esta disciplina, nos entrega una obra muy abarcadora que transita por los orígenes y el desarrollo del audiovisual en un sentido amplio, así como su vínculo indisoluble entre las especialidades que crean el hecho artístico (…) En nuestra opinión dignifica el oficio del productor (…)”.

El primer volumen lleva como subtítulo Los medios de comunicación. Aquí, el autor hace un ambicioso y muy extenso recorrido a través de la historia de los medios masivos de difusión. Tanto los orígenes de la fotografía, como la aparición del papel, la imprenta, la prensa escrita, la telegrafía y la radio, así como sus respectivos desarrollos, son abordados en este repaso histórico.

Se suman también reseñas específicas sobre la historia del cine, de la televisión, en marcos globales, y de la televisión cubana. Tal como afirma el propio autor, la inclusión de estos contenidos responde a que un productor de televisión debe conocer la importancia y el devenir de los diversos experimentos con que los seres humanos han estudiado la imagen. Esa larga evolución, escalonada y que atraviesa por diversos estadios y medios, desemboca en la televisión digital actual.

El segundo volumen lleva por subtítulo La producción en la industria televisiva. Sus etapas. El guion. La materia prima. Aquí se aborda de modo más directo el papel y los conocimientos que requiere un productor para llevar a feliz término su tarea. Para decirlo con las palabras de Abreu en la contratapa del libro, el objetivo es lograr “producir con el menor tiempos y gastos posibles cualquier género televisivo con la calidad requerida.”

En este tomo se abordan varias materias. En primer lugar, hay una caracterización técnica de las intenciones y de los mecanismos ideológicos y tecnológicos para poner la señal al aire y lograr la atención del público receptor. La labor dentro del estudio, el trabajo de cámaras, la preparación previa a la filmación y todo lo que se relaciona con la concepción organizativa de la labor de producción, son algunos de los ejes temáticos que se explican en esta introducción.

Asuntos más complejos como el guion, la dramaturgia y otros pilares capitales del quehacer televisivo, así como la relación indisoluble de todo ellos con las tareas del productor, se tocan también en el texto. Hay, además de la bibliografía utilizada por el autor para apoyar sus argumentos, un amplio glosario de términos técnicos y de otros afines al medio televisivo.

En resumen, como destaca Saúl Rogel en las palabras de presentación a esta segunda edición, el libro es una suerte de primer tratado de producción de televisión, netamente criollo, únicamente cubano.

Igual tal subraya Ramón Artigas, y retomemos su prólogo, este es un texto que “resulta de utilidad para todos sin excepción y pone de manifiesto los saberes que distinguen al verdadero productor como artista (…).”

La invitación queda hecha para especialistas y curiosos interesados. Ahora en doble volumen, las pantallas de papel de Lo que no puede olvidar un productor, esperan por ser abiertas.

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