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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Nuevos caminos hacia el intercambio y la participación

La Primera Bienal Internacional de la Radio en Cuba constituye un espacio para intercambiar ideas y reflexionar sobre las dinámicas de la producción radial de nuestro país
Yusimí González, directora de programación de la radio cubana

Yusimí González, directora de programación de la radio cubana

El segundo medio de comunicación más antiguo del país cumple 90 años. Durante este periodo la radio se ha distinguido por la inmediatez, la objetividad y por colocar al pueblo como sujeto protagónico de los acontecimientos.

De acuerdo con Yusimí González, directora de programación de la radio cubana, la I Bienal Internacional dedicada al medio constituye otro camino hacia el intercambio de experiencias y un nuevo espacio de aprendizaje para los profesionales de la palabra, en el intento de rejuvenecer la parrilla y las formas de hacer.

La también presidenta del Comité Organizador de la Bienal, aseguró que la cita, a celebrarse del 20 al 24 de agosto próximo, pretende explorar acuerdos de colaboración entre instituciones criollas y foráneas en la creación, promoción y formación académica. Incluirá un concurso artístico sobre la identidad nacional, integración, medio ambiente e injerencia extranjera, así como talleres teóricos que analizarán la producción dramatizada y digital, el guión y el espectáculo musical.

—¿Qué elementos de realización y producción radial, construcción de agendas, espacios noticiosos y rutinas productivas compartirán en la Bienal en aras de exponer las fortalezas del medio en la Isla?

—Mostraremos nueve décadas de un medio que siempre se ha identificado con el pueblo y su evolución social. Desde los inicios surgió como forma de recreación y entretenimiento, para ofrecer publicidad y educar a los oyentes. Ni siquiera la radio privada dejó de defender las ideas, identidad y cultura mediante las diversas expresiones de la cubanía.

Una de las virtudes de nuestro éter redunda en mantener una producción dramatizada auténtica, diversa en cuanto a espectáculos y formas tradicionales de hacer. Tales prácticas permiten a la radio competir con la prensa escrita y la televisión.

El pueblo necesita los tres medios. Un amplio sector mantiene el hábito de escuchar radio debido a su inmediatez, impronta y frescura, y por el modo de atemperar su lenguaje junto (mejor es unido) al desarrollo de las nuevas tecnologías.

—¿Qué herramientas emplean para adaptarse a los nuevos y costosos cambios de la digitalización y cómo logran conjugar las tradicionales formas de realización?

—La fidelidad de la audiencia favorece la vitalidad, junto a los creadores. Los radioescuchas asumen el medio como un compañero, a fin de informarse, recrearse, recordar momentos importantes de la historia. La radio construye una imagen sonora y cada quien la incorpora a su individualidad. Ello ha formado un oyente más culto, quien también exige un producto de mayor calidad.

Los oyentes constituyen la primera fuerza promotora del crecimiento de la radio, su permanencia, alto nivel de impacto y confiabilidad. No por gusto existe el refrán popular: ‹Es verdad; lo escuché en la radio›. Preservamos además la compañía de diferentes generaciones fieles al dial.

—¿Compartirán en el evento un método singular de realización?

—Confrontaremos experiencias con radialistas de varias naciones, sobre todo de América Latina. Exhibiremos una producción dramatizada que atesora sus códigos más genuinos, como grabar íntegramente con todos los actores de la obra. Vivimos en uno de los pocos países donde aún se escriben guiones originales para la radio. En la mayoría se limitan a leer obras de teatro y el narrador utiliza las técnicas del lenguaje radial.

Acá los profesionales hacen la caracterización psicológica de los personajes, mantienen los ambientes sonoros a través de los efectos y la musicalización. En los dramatizados se utilizan, inclusive, efectos manuales. La música, por su parte, conserva una función educativa, cultural e informativa. Estas cualidades perviven en la radio cubana y compiten con las oportunidades de la digitalización.

Queremos demostrar que nuestra radio avanza a la par de la sociedad y los medios de comunicación. Aspiramos a retroalimentarnos de otras prácticas para incorporarlas a la producción radiofónica.

—El medio se expande en América Latina a partir de radios alternativas y comunitarias ¿En Cuba se tiene en cuenta ese camino?

—Siempre hemos fomentado las radios comunitarias, de bien público, identificadas con su entorno. Esa característica ha crecido a partir de 1959. Las emisoras municipales diseñan espacios que responden a las necesidades, hábitos y culturas de los territorios donde se enmarcan.

Reconocemos el reto de perfeccionar la programación y acercarla a los intereses de la audiencia. La cultura nacional se enriquece a través de las emisoras en zonas de playa, cafetaleras, de producción de arroz, donde emerge la idiosincrasia de la mujer santiaguera, del joven pinareño, etcétera.

Mientras que la mayoría de las radios latinoamericanas son privadas, aquí resultan comunitarias e institucionales. Las primeras responden a los intereses y la política editorial de su financiador. Aquí obedecen a la política editorial institucional que, a su vez, se desprende de la política informativa del Instituto Cubano de Radio y Televisión, cuyo principal objetivo se enfoca en atrapar el interés de la audiencia.

Las seis misiones de este medio de comunicación: educar, orientar, ofrecer cultura, recrear, informar y divulgar, sustentan nuestras cuatro formas de hacer radio: informativa, dramática, musical y variada; esta última una compilación de las tres primeras. Un programa responde a diversos públicos; por tanto, podemos hablar de una diversidad de temas, pero nucleado alrededor de la familia.

—¿Se concibió la Bienal como plaza para ventilar y contrastar los retos de la radio? ¿Será una vía de participación de los receptores?

—Existe gran diferencia entre los espacios de participación y aquellos que poseen elementos participativos. Por participación radial en Cuba no puede entenderse el reporte del nivel de rating o las llamadas telefónicas de los oyentes. Debemos acercarnos a la población, abordar las problemáticas desde una perspectiva más profunda y lograr difundir las vivencias de la gente.

Se requiere más presencia de mujeres y niños en los programas, buscar un equilibrio en la representatividad social. Podemos ayudar a encontrar soluciones y para eso necesitamos realizadores comprometidos con el ejercicio de la crítica, la investigación y el acompañamiento al oyente. Lograr que la audiencia forme parte del colectivo.

—¿Hasta dónde debe transformarse la radio en pos de lograr, como en el resto del continente, un oyente que construya a la par de los realizadores?

—Encontrar nuevas maneras de construir deviene una de las mayores metas del evento. Una vía pudiera apuntar a rescatar las radios móviles en aras de llegar a un consenso con los oyentes y respetar los diferentes criterios en la construcción de una sociedad mejor. Las emisoras municipales, más cercanas al receptor, son fundamentales. Debemos personalizar más los conflictos de esos lugares y arraigarnos a sus rasgos identitarios. Una audiencia comprometida solo se logra con responsabilidad, estudio y entrega de los realizadores.

—¿Qué oportunidades brindará la Bienal a los profesionales en la construcción de productos de calidad?

—Hasta este archipiélago llega la influencia de otras culturas mediante jóvenes que estudian en nuestras universidades. Ese intercambio se estrechará en el evento. Apostamos a mostrarnos como somos y a aprender de los demás. La propuesta es reencontrarnos cada dos años para continuar perfeccionando un medio que ya luce 90 años.

– En nuestro país existen 96 emisoras radiales, de ellas 71 son municipales.
– Actualmente se radian cerca de cuatro mil espacios:

  • Informativos: 1 549
  • Musicales: 1 176
  • Dramatizados: 265
  • Variados: 977

– El 85 por ciento de la programación se trasmite en vivo.
– La radio cubana cuenta con 63 sitios en Internet.

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