Pasión por el lenguaje inclusivo
Los cambios lingüísticos que se imponen en una sociedad son aquellos que alcanzan difusión en los sectores más vastos de la población y que, generalmente, nacen de procesos evolutivos de la propia estructura del idioma, de la búsqueda de una mayor expresividad, de la necesidad de designar realidades antes no existentes y de las modificaciones sociales compartidas.
En la gramática, casi siempre prevalece una simplificación del sistema.
Cuando hablamos, escribimos o leemos la propuesta de lenguaje inclusivista, debemos tener en cuenta dos aspectos: la legítima preocupación que está en su base y que procura el reconocimiento, ampliación de derechos y defensa de un grupo de la sociedad y además de los mecanismos de intervención en la lengua de más de 400 millones de usuarios.
En los últimos tiempos se han venido haciendo varias proposiciones, una de ellas es imponer que se mencione el sustantivo femenino, como es el caso de niñas y niños, señoras y señores y otro proceder es la utilización del artículo femenino y masculino, como las y los comerciantes. Sin embargo, esto afectaría la economía de la expresión y no podemos asegurar que todos los hablantes acepten este proceder.
Otra de las proposiciones es la de unificar con la vocal e las distinciones de género presentes en los morfemas a y o y todo apunta a que proposición no tenga el éxito que algunos esperan, por dos razones fundamentales: no surge como cambio progresivo y lento de un número considerable de hablantes, sino como una propuesta numéricamente minoritaria que nace de un grupo que busca imponer en la lengua un valor en torno a un reclamo social.
Esta unificación con la vocal e no implica una simplificación, sino una complicación inducida, porque afectaría la estructura del idioma en su sistema morfológico de género, elaboradas a lo largo de los siglos y a partir del latín. Aceptar la vocal e para este propósito sería una inclusión artificial y arbitraria, pues también podrían ser la u o la i.
Si se aceptara la e esto traería grandes dificultades para la enseñanza de ese nuevo sistema y pondría en peligro la unidad del idioma de veintitrés naciones, si esta proposición solo se aceptara en algunos lugares.
Otro procedimiento curioso es el empleo de la arroba u otro signo que persigue neutralizar en la escritura la distinción de género. Este es un recurso que quizás desaparezca, porque no tiene sonido, solo constancia gráfica.
El género es español no es solo real , tenemos el arbitrario en el cual no aparece la distinción masculino- femenino, sino una marca de uno u otro género, asociada a la designación del objeto inmotivadamente y fijada por el uso, como en casa , mesa sustantivos femeninos y cielo, libro sustantivos masculinos.
Cuenta también el español con el género dimensional que utiliza la forma masculina para significar una dimensión menor en los objetos inanimados y la femenina para significar una dimensión mayor, como en cesto, cesta o cubo, cuba.
Todos somos propietarios de la lengua, es nuestro deber protegerla.