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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Pensamientos, legados y futuros

La Editorial En vivo ofrece un texto que contribuye a preservar nuestro devenir intelectual
Jose Antonio Portuondo

Jose Antonio Portuondo

La historia, la memoria, se arman pedazo a pedazo mientras se sigue adelante. Hay figuras, pensamientos, herencias, que forman parte de la cultura, del pasado y del presente, y cuyas obras y trayectos se hace necesario conocer y preservar ante el futuro. En esta variopinta paleta, por suerte, hay siempre diversidad, y no faltan luces y sombras. Justo el esfuerzo por conservar esas gamas hace mejor los frutos. Así, la Editorial En vivo ofrece un texto que contribuye a preservar algunos de esos colores de nuestro devenir intelectual.

Hablamos de El legado estético cultural de José Antonio Portuondo, un libro de David Batista Vargas. El doctor en Filosofía y Letras José Antonio Portuondo es, sin duda, un importante referente de nuestra crítica literaria y del pensamiento artístico en general. Fue profesor, ensayista, investigador, historiador y desarrolló una notable obra, en especial sobre la estética, la poesía y la literatura toda. Además de múltiples responsabilidades intelectuales y como funcionario en diversas entidades en Cuba y en el exterior, en 1986 recibió el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra.

Al autor del volumen, dediquemos también algunas palabras. David Batista es licenciado en Marxismo y Filosofía y doctor en Ciencias Filosóficas.

El pensamiento estético y, en una mirada mayor, toda la obra de José Antonio Portuondo han sido parte significativa de los estudios y labores de este investigador. Varios artículos y trabajos ensayísticos, a los que ahora suma este volumen, dan fe del seguimiento que ha hecho Batista de la obra del prestigioso intelectual santiaguero. Como integrante del catálogo de la Editorial En vivo, fungió también como compilador del libro Poéticas epistémicas y estéticas del Caribe en tiempos de tempestades, publicado en 2019.

Sobre sus motivaciones para encarar el estudio de la figura de Portuondo, Batista destaca la intervención de su profesor, el doctor Rigoberto Pupo, y luego las lecturas directas de la obra del polifacético pensador. Este libro, destaca el autor, cumpliría sus objetivos si lograra incentivar en sus lectores “el deseo de buscar en la historia las raíces identitarias de la nación cubana para entre todos seguir construyendo el presente y el futuro de nuestra isla.”

El texto se divide en dos grandes acápites. En el primero, el escritor recorre el escenario histórico cultural donde José Antonio Portuondo inserta su vida y cuáles son los cimientos básicos de su desarrollo. Las raíces y la formación de su personalidad; una periodización de su obra; los fundamentos políticos, culturales y filosóficos de su pensamiento, así como el itinerario histórico y las relaciones con la cultura y la política de su actividad y producción intelectual, son los caminos que recorre esta primera sección.

Luego, el autor se adentra y profundiza entonces en los elementos que componen el andamiaje estético y político cultural de José Antonio Portuondo. El accionar crítico de Portuondo, ya en pleno marco del socialismo cubano, y su labor como intelectual integrado al proceso revolucionario, inician esta segunda parte. Un importante análisis se desarrolla entonces en las páginas siguientes. En especial, destaca la pesquisa en torno a la presencia y quehacer de Portuondo en los años del llamado Quinquenio Gris de la literatura cubana, denominación esta que acuñara Ambrosio Fornet (con quien, por cierto, años antes, sostuvo una interesante polémica).

Sabido es que hubo desmanes cometidos en esos años, contra teatristas, escritores y otros artistas en general, a través de las llamadas parametraciones. De las muchas aristas de este complejo fenómeno, en muy breve e incompleto resumen, digamos que el hecho de adscribirse o no a ciertas posturas estéticas desde la creación artística (en especial al realismo socialista y en especial en la literatura), determinaba estar acorde o no con las políticas culturales y parámetros del momento.

Portuondo fue uno de los defensores de las líneas estéticas, creativas y políticas que luego, torcidas en sus interpretaciones y aplicaciones, condujeron a los errores ya mentados. El autor reconoce que todavía no se ha investigado lo suficiente en esta dirección, pero destaca que Portuondo no asumió actitudes “extremistas ni simplificadoras en relación con el arte, la cultura y sus representantes en aquellos momentos” y que “la desidia, la maldad, la mediocridad y la mala intención, no formaron parte de su personalidad.”

Se ofrece aquí un sólido retrato de esta significativa y polémica figura de nuestra cultura. Así pues, la invitación a la lectura de El legado estético cultural de José Antonio Portuondo queda hecha.

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