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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Libertad Lamarque embrujó a los cubanos

No caben dudas, Libertad ejerció un poderosísimo embrujo sobre el pueblo cubano. Y si alguien lo duda, que se convenza con la anécdota que narraré a modo de cierre.
Libertad Lamarque

Libertad Lamarque

No caben dudas: Gaudencio la está pasando terriblemente.

Él, uruguayo hijo de franceses, se ha avecindado en Rosario, Argentina, con una viuda que tiene siete hijos.

Pero su desventura no radica en tener que criar tan copiosa prole heredada.

No. La adversidad que lo aqueja se origina en que lo han hundido en el fondo de una mazmorra, por sus actividades revolucionarias en las filas anarquistas.  

Transcurre el 24 de noviembre de 1908cuando le llega el mensaje de que su esposa Josefa, quien estaba encinta cuando lo encarcelaron, acaba de dar a luz una niña.

Y Gaudencio salta como un resorte, gritándole al portador de la noticia: “¡Que la llamen Libertad! ¡No acepto ningún otro nombre!”.

A no dudar, singularísima llegada tuvo la chiquilla al entrar en este mundo. Como original sería su tránsito por la vida. 

A los dieciocho años ha debutado profesionalmente en el teatro y en la radio. También ha grabado su primer disco.

Durante sus 76 años de carrera profesional, apareció en 65 películas y seis telenovelas. Grabó unas 800 piezas musicales. Y el mismísimo Luis Buñuel la contrataría para protagonizar Gran Casino, junto a Jorge Negrete.

Y la admiraron hasta en la lejanísima Croacia, donde recibió el Premio a la Mejor Artista Extranjera.

La Novia en Cuba 

El 5 de enero de 1946 llega Libertad Lamarque a territorio cubano, por el aeropuerto de Camagüey, en su primer viaje a la Isla. Viene contratada por RHC Cadena Azul.

Su presencia en la radio fue un grandioso éxito.

Luego actuó en los teatros América y Fausto.

Así contó La Novia de América lo que sucedió en su debut: “Después de dejar que disfrutaran de todos mis tangos, valses y canciones, la orquesta abrió un paréntesis interpretando La comparsita. Mientras esto ocurría, yo cambié mi traje de noche por una bata de larga cola, despampanante, cubanísima… (me la habían prestado)”.

“Al terminar el paréntesis, ya me encontraba entre cajas esperando mi turno, preparada por dentro y por fuera, de pies a cabeza (…) Triunfalmente entré en escena meneando la cola, bailando y cantando El tumbaíto, provocando en un primer segundo un desconcertante silencio, el que aproveché para gritar: «¡Ño!, ¡un muerto! ¡Ay mamaíta que me da el santo!». El público y yo éramos una sola voz cantando entre jaleos y amor… y me boté pal solar (y olvidé mi señorío)”.

No caben dudas, Libertad ejerció un poderosísimo embrujo sobre el pueblo cubano. Y si alguien lo duda, que se convenza con la anécdota que narraré a modo de cierre.

Paseaba la cantante argentina, en compañía de su esposo, por cierta calle habanera. Un hombre, quien estaba detenido en una esquina, se lanzó sobre ella y le dio un beso.

Libertad miró estupefacta a su marido y él, sonriente, le dijo: “¿Acaso no eres tú La Novia de América? Entonces… ¡acepta las consecuencias!”.

(Por cierto: el apodo se lo pusieron nuestros cubanos tatarabuelos).

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