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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Promesas cumplidas (parte IV y final): Guille, Yosvany y Rafael

Me sumo al deseo de la colega Paquita Armas: yo también quiero más Promesas.
Promesas cumplidas

Promesas cumplidas

Con Rafael, Promesas llegó a su último capítulo el martes 23 de noviembre, poniendo así punto final a la serie de 12 historias que durante tres meses nos hizo mirar sabiamente nuestro interior y reflexionar sobre la vida, las motivaciones, emociones y sentimientos que nos mueven, así como lo trascendental en que se convierte lo que prometemos y a quiénes lo hacemos.

En uno de los primeros trabajos que realicé sobre la serie, Giselle Crespo Alonso, editora general y encargada de la compleja postproducción, me comentó: “En cada una de las historias se abordaron diversos temas, tratados desde la subjetividad, además todos fueron narrados desde la perspectiva de varios géneros como el drama, la comedia, la tragedia, la farsa con comedia y viceversa. Es por eso que también resultó ser muy compleja desde la puesta en escena hasta el montaje.”

El objetivo fue logrado y las promesas hechas al televidente saldadas. Pese al inapropiado horario, logró altos índices de audiencia, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociales de Radio y Televisión, y una gran aceptación tanto del público como de la crítica especializada.

Aunque las 12 historias estaban conectadas entre sí, al desarrollarse todas paralelamente en un mismo pasaje de Centro Habana, cada episodio fue un telefilme en sí, con personajes y argumentos diferentes. Para lograr engranar la idea original de Amílcar Salatti, fueron convocados otros cinco guionistas, mientras que el reto de llevar las promesas a la pequeña pantalla fue asumido por un equipo de cuatro realizadores bajo la dirección general de la experimentada Mirta González Perera.

El guion demostró ser, una vez más, la piedra angular en el dramatizado, la base sin la cual es imposible sostener un adecuado diseño dramatúrgico, solidez argumental y buenas actuaciones, como lo logró la recién finalizada serie. A esta fortaleza también se unieron, como cartas de triunfo, la exquisita fotografía que nos mostró una Habana diversa, la que el cubano camina, diferente a la que nos han retratado reiteradamente en audiovisuales anteriores; además de la excelente banda sonora con música original de Kelvis Ochoa; la atinada narración en voz de Luis Alberto García y el milimétrico trabajo de edición y postproducción, a cargo de Giselle Crespo.

Guille, Yosvany y Rafael fueron los tres últimos protagonistas de una serie, de la cual el único reproche que le hago a los encargados de diseñar la programación de Cubavisión, es el desfavorable e incomprensible horario en el que fue transmitida.

La décima historia, con libreto de Alberto Luberta Jr.  y dirección de Ricardo Miguel González, llevó por nombre Guille, sin embargo, su verdadero protagonista fue el viejo Guillermón, magistralmente defendido por el primer actor Mario Limonta.

El núcleo familiar multigeneracional que nos presentó este capítulo es el reflejo de muchos hogares cubanos, donde el difícil sustento económico recae sobre aquellos que no están imposibilitados de trabajar. Guille, interpretado por el convincente Bárbaro Marín, era el encargado de luchar –hablando en buen cubano– y echar para adelante su familia, compuesta, además de él, por su anciano y enfermo padre y su hijo Willy, sin el apoyo de esa figura maternal que todo hogar necesita.

A Guillermón le tocó asumir las responsabilidades y tareas que su ausente hijo –sumido en los problemas económicos– fue dejando pasar, hasta poner en peligro su vida. A partir de esta extrema situación Guille hace una promesa ante San Lázaro y decide darle un giro a su vida.

En una sociedad envejecida como la nuestra existen muchos Guillermones, lograr el bienestar y calidad de vida de los adultos mayores es tarea de todos. No podemos dejar que los problemas nos consuman, quedando nuestra existencia supeditada a ese contexto privado, duro y sacrificado donde no tardan en aparecer sobrecargas, sentimientos de soledad y desconexión con nuestro entorno; tenemos que dedicarle más tiempo a nuestros seres queridos y a nosotros mismos.

Destacables también en este capítulo resultaron las actuaciones de Mónica Digat, Tulio Marín y el niño Alain J. Amat.

Guillermón, interpretado por el magistral Mario Limonta, fue el verdadero protagonista del capítulo 10 de Promesas (Foto: Tomada de la página oficial de Facebook de la serie)

Yosvany, así se llamó la penúltima promesa que nos llegó de la mano de Amílcar Salatti y Alberto Luberta Jr. y también bajo la dirección de Ricardo Miguel González. La historia de un psicólogo de adictos, excelentemente interpretado por el actor Denys Ramos –otra vez certero–, al que la vida lo sitúa ante una difícil encrucijada: ¿Puede el amor a un padre y la promesa a una madre interponerse ante los principios morales?

La respuesta claro que es un No, tal y como quedó evidenciado en este capítulo. El escritor francés François de La Rochefoucauld sentenció: “prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores”, una frase que bien se ajusta a la historia de Yosvany. Hay promesas que vale la pena no cumplir, o mejor aún, no hacerlas nuca.

La actitud egoísta de sus padres lo llevó al borde de un profundo abismo. Los mismos que una vez le dieron la vida, ahora le arrebataban todo en lo que creía, hasta el amor propio y la dignidad. Entonces, ¿por qué cumplir con esa promesa? Una historia que suscitó mucho debate y diversidad de opiniones, unas a favor de la decisión final de Yosvany y otras en contra; pero la reflexión y mirada interior que buscaban sus creadores con este capítulo en la teleaudiencia se logró.

Mención aparte merecen las actuaciones de los maestros Natasha Díaz y Serafín García, siempre precisos en cada personaje, demostraron una vez más el virtuosismo y la versatilidad histriónica que los distingue. A estos actores deben de darle más oportunidades en televisión, son una generación que aún tiene mucho por dar y no se está aprovechando. El desempeño de Natasha y Serafín se unen a las anteriores clases magistrales de actuación ofrecidas en la serie por otros grandes como Paula Alí, Coralita Veloz, Aramis Delgado y Mario Limonta.

Con roles secundarios, las actuaciones de Jorge Molina, Erdwin Fernández, Yudith Carreño, Danae Hernández y Amaury Millán fueron también plausibles.

Excelente el desempeño de los actores Natasha Díaz y Serafín García en el penúltimo capítulo de Promesas (Foto: Tomada de la página oficial de Facebook de la serie)

Finalmente, el pasado martes disfrutamos de una nueva entrega de Promesas, aunque con sentimientos encontrados por tratarse del último capítulo. El guion escrito por Amílcar Salatti, fue también llevado a la pantalla por el director Ricardo Miguel González con la historia de Rafael, un hombre al que la vida lo obligó a aprender a ser padre.

Yohandis Aballe –el Miguelito de Vuelve a Mirar– volvió a demostrar su capacidad de asumir cualquier papel, desdoblarse y hacerlo creíble. De todos los personajes de la serie era el único que no había intervenido en ninguno de los anteriores capítulos, lo cual se explica con su llegada al pasaje tiempo después del apagón accidental y aquellas 11 promesas que marcaron la vida de sus nuevos vecinos. Esta vez no se escucharon los gritos de una desorientada y atormentada Danay (Yailene Sierra) por su Emilio; por el contrario, pudimos disfrutar de una mujer que cicatrizó sus heridas y que busca recomenzar. Finalizar la serie entrelazando ambas historias –Danay y Rafael– fue un excelente cierre que nadie esperaba.

Sobre la importancia de una paternidad responsable rondó el último capítulo, donde Rafael por una extraña coincidencia asumió el cuidado de sus tres hijos a la vez –todos de matrimonios diferentes– y se enfrentó ante un sentimiento que era desconocido para él: ser padre, con todas las responsabilidades y obligaciones que esto implica. Danay devino en un verdadero ángel guardián que ayudó a Rafael a recuperar su resquebrajada familia, mientras que él le ofreció a ella la oportunidad de volver a amar y ser feliz.

Acertadas también en este capítulo las actuaciones de los niños Osdeimy Pastrano, Cristian López, Andy Castro y Ricardo Miguel Padrón; a este último ya lo habíamos visto en el primer episodio de la serie.

Finalizar la serie entrelazando las historias de Danay y Rafael fue un excelente cierre que nadie esperaba (Foto: Tomada de la página oficial de Facebook de la serie)

La llegada de Danay y Rafael a un nuevo pasaje desató nuevas promesas y juramentos, ¿será que los guionistas dejaron las puertas abiertas a una nueva temporada? Por mi parte, me sumo al deseo de la colega Paquita Armas: yo también quiero más Promesas.

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