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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Radio Rebelde y la primera alocución de Fidel en Palma Soriano

Sobre mi experiencia de ver al Comandante y sentirme libre antes del 1ro de enero de 1959

Corrían los últimos días del diciembre de 1958. Ya Fidel había bajado de la Sierra Maestra y liberado el poblado de Guisa, lugar donde Braulio Coroneaux hacía “cantar” la ametralladora calibre 50.

Después fue la toma y liberación de Maffo, donde se libró un combate con los casquitos en el BANFAIC.

Fidel se instaló en el Central América. Mi pueblo, Palma Soriano, esperaba con ansiedad su liberación por las fuerzas rebeldes. Desde el 25 de diciembre comenzaron a rodear la ciudad los barbudos.

Recuerdo con nitidez la entrada de Universo Sánchez y su tropa, posteriormente llegó la columna de Almeida, donde venían mi hermano y varios combatientes de Palma Soriano como Lino Carreras, Diocles Torralba y otros. El día 26 todos estábamos alegres, pues ya éramos libres. Los guardias acantonados en un almacén y su jefe, el comandante Talavera, se rindieron, así como el resto de la guardia y la policía.

A partir de ese momento todo fue regocijo y festejos. Comenzaron a llegar combatientes y el pueblo los recibía con cariño. Entre ellos tuve la dicha de conocer a los integrantes de Radio Rebelde. Como joven y combatiente de la lucha clandestina me hice de un librito al que llamábamos  “Autógrafo” para que me firmaran. Así conseguí las firmas de los locutores de la emisora, además de los combatientes Piti Fajardo, Pedro Miret, Universo Sánchez y Julio García Olivera, entre otros.

El 29 de diciembre, exactamente, pedí los autógrafos a los integrantes de Radio Rebelde, aunque ellos venían con una tarea específica: preparar todo para que Fidel se dirigiera a la nación. Se presentaron en la emisora de la ciudad, CMKZ, “La voz del Cauto”, que era propiedad de mi padre. Luego de conversar con mi madre, ella accede a la locución, les informa que la guardia rural había roto varios equipos de la planta, pero que podían llevarse lo que desearan.

Así se improvisó una pequeña planta con Eduardo Fernández, técnico de Radio Rebelde en la Sierra, conocido como “7 RR”, y con la ayuda de otros compañeros montaron una planta en la casa (situada en la calle Aguilera, frente al edificio de un colegio de monjas) propiedad de Gustavo Rodríguez, miembro del Movimiento 26 de Julio.

En ese momento Fidel se encontraba en las inmediaciones de Palma, después de entrevistarse en el Central Oriente con el traidor Cantillo, que estaba dando tiempo para que el dictador Fulgencio Batista huyera de Cuba y entonces él dar un golpe de Estado.

Esa noche veo a Fidel frente a mi casa. Con el impulso de la juventud me adelanto,  lo abrazo, y le pido que me firme el autógrafo; recuerdo que traía el brazo izquierdo en cabestrillo, cuando le pregunté qué le había sucedido me dijo: “no es nada, pero Piti se encaprichó en vendarlo”.

Todo estaba preparado el 30 de diciembre para la alocución de Fidel, yo había logrado las firmas de Jorge Enrique Mendoza, Orestes Valera, Violeta Casals y Ricardo Martínez, los integrantes de Radio Rebelde.

Una multitud se concentró frente al lugar donde el Comandante iba a dirigirse a la nación. Después de los ¡Viva Fidel!, ¡Viva la Revolución!, ¡ya somos libres!, se hizo un gran silencio y, desde la pequeña antesala de la casa de Gustavo, habló Fidel. Con la voz un poco ronca pero firme reiteró: ¡Revolución sí, golpe militar no! y llamó a la huelga general.

Al cabo de tantos años llevo grabada las palabras de nuestro invicto Comandante, de ese hombre que confiaba en su pueblo y que nunca lo defraudó. Hoy que ya no lo tenemos físicamente, lo siento más que nunca presente, porque él sigue siendo para mí eterno.

Ha sido el hombre del siglo XX y perdurará por muchos siglos más. Para concluir este breve relato personal quiero parafrasear al Che, que en su carta de despedida escribió: “Cuando me llegue la muerte, mi último pensamiento será para ti”. ¡Gracias Fidel!

Documentos Originales
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