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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Un Sol radiante que brillará por siempre

Homenaje a la gran vedette cubana Rosa Fornés, quien cumpliría 98 años

Rosa Fornés

Hoy Rosa Fornés cumpliría sus 98 años de fructífera vida y de una laboriosa carrera, en la cual incursionó en todos los medios dedicándose a su público. Y este representó su mayor premio, al decir de la querida y respetada artista.

Fue hija de padres españoles, nacida por accidente en Nueva York. Su padre era catalán y su madre, madrileña. Tras el divorcio de la pareja de Lupe y Palet, él más tarde fallece. La madre se casa con Fornés cuando Rosita contaba con cuatro o cinco años. La niña se cría y educa al lado de Fornés, por eso asumió su apellido como parte de su nombre artístico, aunque el apellido del progenitor era Palet y el de su mamá, Bonavia.

Rosa fue naturalizada ciudadana cubana. Aunque una primera etapa de su vida la vivió en México, la mayoría fue en Cuba. En el país azteca sostuvo un amor inconcluso con el actor Mario Moreno, Cantinflas. Y de su matrimonio con el también actor mexicano Manuel Medel tuvo a su única hija, Rosa María, que devino actriz del teatro y la televisión.

Nacida bajo el signo de Acuario, Rosita fue fundadora de la Televisión Cubana, en donde se destacó en programas musicales, humorísticos, dramáticos y líricos. Fue una artista muy carismática que supo consolidar su popularidad y mantenerse en la preferencia de sus admiradores y de su público. Su arte ha llegado a disímiles confines y escenarios de Europa, Estados Unidos, América Latina y otros. Entre muchos reconocimientos, recibió el Honor al Mérito, otorgado en México; la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Teatro.

La luz de una estrella

Me honro hoy al hablar de esa figura excepcional que fuera Rosalía Lourdes Elisa Palet Bonavia, nuestra gran vedette Rosita Fornés, de Cuba, México y América. Siempre que la veía le decía que cuando ella entraba en algún lugar, este se iluminaba con la luz que irradiaba a su alrededor. Era como el Sol radiante, y ella siempre se reía.

Desde muy pequeño, alrededor de los seis años, sentí una enorme admiración por nuestra gran vedette Rosita Fornés, porque además de cautivarnos por su belleza sin par y su versatilidad, en aquellos tiempos vivía muy cerca de mi casa. De vez en cuando solía verla y admirarla, así crecí.

Siempre la seguí en su larga carrera artística, donde demostró su capacidad para incursionar en las diferentes manifestaciones del arte, el canto lírico, el popular y la actuación dramática en las tablas, en el cine (durante la época de oro del cine mexicano), en el espectáculo de variedades y el cabaret.

En el transcurso de las temporadas del teatro lírico, que renació entre los años 1962 y 1968 en Cuba, tuvimos la oportunidad de conocernos y yo la visitaba con otros estudiantes de San Alejandro en su apartamento del edificio del Retiro Radial, en Línea y E. Una tarde, previa concertación con ella, posó para nosotros.

De ese, nuestro primer encuentro cercano, surgió una entrañable amistad que duró hasta sus últimos días. También de esos apuntes que le hicimos y de una foto suya tuve la dicha que ella aceptara un retrato hecho “al pastel” que le regalé, y supe más tarde que le encantó. Tanto así, que me encargó personalmente lo llevara a El Arte (tienda en Galiano y Zanja, donde se enmarcaban pinturas y vendían los materiales de artes plásticas para estudiantes de Bellas Artes y profesionales, además contaba con un estudio fotográfico).

El retrato quedó de maravillas, con un doble marco que escogí laminado en oro y madera laqueada, montado entre dos cristales. Ella quedó muy complacida. En la obra solamente se ve de su rostro la parte superior (nariz, ojos, cejas y cabello), pues por delante ella tiene cargado a su gato y es una imagen comparativa de sus ojos y los del felino. Esto resultó para mí de mucho orgullo y satisfacción en aquellos años juveniles.

Rosita fue una persona de una calidad humana increíble, la que nadie calcula, de una sensibilidad y amor hacia el arte, sus compañeros, sus amistades, su familia y especialmente a Cuba, a la que siempre puso en primer lugar. Sencillamente ella fue un ser adorable y excepcional.

Cumpliendo un encargo para la Revista En Vivo, tuve la dicha de hacerle una entrevista a La Fornés en su propia casa de Siboney, donde nos recibió como siempre: con una sonrisa, tan cariñosa y amable como acostumbraba a ser con todos y más aun con sus admiradores, entre los que me considero uno de los más fieles. Ojalá todos los artistas o los que así se autotitulan, con muchos menos méritos y trayectoria, tuvieran la sencillez y amabilidad que poseía nuestra gran vedette cubana.

Todos estamos muy complacidos por el otorgamiento a Rosita de ese merecido Premio Honorífico “Enrique Almirante”, ya en el ocaso de su vida. Entre los tantos que ella recibió a lo largo de su carrera, este resulta uno muy significativo. Sabemos que para ella representó algo muy valioso, pues contó con la entrañable amistad de Almirante desde siempre, trabajo mucho con él y fue su vecino más cercano. Así lo comprobé en un cumpleaños de Rosa, donde tuve la dicha de compartir con ella, Bianchi, parte de su familia y Enrique Almirante y su familia.

Rosa Fornés fue declarada durante siete años consecutivos la Primera Vedette de México y, posteriormente, como Primera Vedette de América. En nuestro país es y será siempre nuestra primera y única Gran Vedette de Cuba. Ostentaba muchísimos reconocimientos y distinciones por sus años de actividad artística, como el Premio Nacional de Teatro del año 2001.

Es y será considerada una leyenda del arte y la cultura cubana, por la obra de toda una vida dedicada al arte. Ella ha emprendido un viaje hacia otra dimensión y desde allí nos seguirá deslumbrando, al ser el Sol radiante que brilla por siempre.

Rosa fornés (Montaje de Luis Casariego).
Rosita Fornés en la década del 70.
Foto de Armand en los años 50.
Rosita con su mamá Lupe y sus dos hermanos junto al retrato en su salón, realizado con la técnica del pastel en la década del 60 por un admirador y alumno de tercer año de San Alejandro.
Con Rosita Fornés, en 2017 en la entrega del Premio “Enrique Almirante”
El día de la entrevista en su casa de Siboney.
Rosita Fornés en Mejilla con mejilla, de Nicolás Dorr, bajo la dirección de Delso Aquino, uno de sus últimos trabajos.

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