16 de abril de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Una vida detrás del lente

Francisco Anca no es solo un buen profesional, Artista de Mérito de la Radio y la Televisión Cubanas, 2023, sino al mismo tiempo una excelente persona, lo que constaté cuando lo visité en su casa del Vedado para conversar sobre parte de su vida laboral.
Francisco Anca

Francisco Anca

Francisco Anca no es solo un buen profesional, Artista de Mérito de la radio y la televisión cubanas, 2023, sino al mismo tiempo una excelente persona, lo que constaté cuando lo visité en su casa del Vedado, donde vive junto a su hija Alina, graduada de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, su yerno Bobby (productor) y la hija de ambos, estudiante del preuniversitario Saúl Delgado.

Más que una entrevista, entre Paco Anca (como todos lo conocen) y yo, se estableció un diálogo, de esos que solo se dan entre mejores amigos. Por eso no  resultó difícil, acceder a la historia su vida laboral.

Cuénteme de su paso por la televisión

En la televisión permanecí 46 años. Comencé como auxiliar de estudio, después trabajé como camarógrafo por casi 20 años, hasta que me evalué como director, y pasé a tareas afines.

¿En qué programas dejó su impronta como camarógrafo?

Si no en todos, en casi todos, vienen a mi memoria los teatros Ropa de teatro, dirigido por Loly Buján, Jaque al Rey, por Roberto Garriga, e integrado por Enrique Santisteban, Diana Rosa Suarez, Margarita Balboa, y Nilda Collado, hice teatros para jóvenes, y el espacio musical Juntos a las nueve, bajo la batuta de Pedraza Ginori.

Durante dos años trabajé con casi todos los directores e hice cámara con muchos de mis compañeros camarógrafos como yo. Fue un tiempo en que cubrí vacaciones y eso me permitió estar en varios espacios, no fue fácil pero  me dotó de oficio.

Dicen que la primera experiencia nunca se olvida. ¿Cuál fue su primer trabajo como director?

Se llamó Televista, se transmitía al medio día, con duración de una hora y era la unión de la cartelera con un espacio musical ya existente. Hice también el humorístico El comepiedras verde; Nuestros hijos (que más tarde se llamó Convivencia), Así era entonces, junto a Yaky Ortega, desde 1987 hasta 1990 y la novela El eco de las piedras. Al concluir esta serieviajé a Perú para grabar  la novela Cosas del amor.

A su regreso a Cuba ¿qué nuevas propuestas asumió?

Me llamaron para dirigir la serie Lo que me queda por vivir, escrita por Mayte Vera; cuyo  propósito era ofrecer un homenaje a un grupo de actores y actrices de avanzada edad.

Entre ellos Salvador Wood, su esposa Yolanda Pujols, Elsa Cam, Asseneth Rodriguez, y Alden Knight, Natacha Díaz, Sarita Reyes Armando Fernández y Raúl Pomares. Era un elenco de grandes figuras con las cuales aprendí asuntos relacionados con la dramaturgia, las habilidades para hacer aportes al guión, y la disciplina y la entrega que debe caracterizar a los artistas.

Fue codirector de la novela Pasión y Prejuicio, ¿cómo llegó a ella?

Por intermedio del actor guionista y director Rolando Macías. Él necesitaba para este proyecto un codirector, había conversado con varios colegas pero todos estaban ocupados hasta que alguien le habló de mí.

Macías y yo nos conocíamos poco, no obstante vino a mi casa, dialogamos y me convocó para la nueva puesta, me dio algunos guiones para familiarizarme con ellos y confieso, que desde la primera lectura quedé enganchado con la oferta.

¿Cree que Pasión y Prejuicio marcó un antes y un después en su carrera?

Es posible porque después de esta novela hice varias series, teatros, teleplays y me quedé fijo como director de dramatizados. Esta fue una novela muy exitosa, y el éxito a mediano o largo plazo implica reconocimiento popular, compromiso y una legitimación para nuevos planes

La audiencia fue grande, magnífica escenografía y excelentes actores, unos jóvenes y otros no tan jóvenes pero todos con un mismo objetivo, lograr una puesta digna.

¿Dónde se sintió más cómodo en las cámaras o en la dirección?

En ambos desempeños me sentí cómodo e incómodo. Por una parte sentía cierta comodidad con las cámaras pues era un trabajo conocido, pero en ocasiones resultaba bastante tenso.

Cuando comencé en la televisión se trabajaba con cámaras americanas que se rompían con facilidad, eran menos en el set y por lógica el desplazamiento era mayor. Estas particularidades convertían el ejercicio en algo duro y gratificante, me gustaba y aún me sigue gustando..

En la dirección la situación era igual: debía estar al tanto de todos los detalles, las cámaras, los actores, los puntos de referencia porque el mayor responsable en una grabación es el  director, aunque el trabajo se hace en colectividad.

¿Tuvo la oportunidad de enseñar a jóvenes que se iniciaban en el mundo del lente?

Impartí alrededor de seis o siete cursos de cámara, junto con El Yaky y José Manuel Oseira, El Yaki se encargaba de la parte práctica, Oseira de la técnica y yo de la  parte artística. Me había graduado de Historia del arte en La Universidad de La Habana y tenía facilidad para enseñar.

Tuve alumnos que empezaban en la Tv y devinieron en mis compañeros de trabajo, como es el caso de Willy Canals, uno de los camarógrafos de Pasión y Prejuicio, que por estos días se transmite por Cuba Visión.

Se convirtió en un excelente camarógrafo y eso me estimula porque veo en él, no solo al alumno, sino a mi continuidad.

Francisco Anca otro de los laureados con la Condición Artista de Mérito

Hábleme de los dos Premios Caracol que atesora

Tengo dos premios Caracol, uno de dirección por Pasión y Prejuicio, junto a Rolando Macías y otro en el apartado de guión por un teleplay, original de Manuel Ángel Daranas (padre). Fue un libreto de Así era entonces  de 27 minutos adaptado por mí, con la ayuda del hijo de Daranas, a quien agradezco la colaboración.

Antes de la despedida Anca confesó sentirse retribuido con la Condición de Artista de Mérito entregada el pasado dos de junio en la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, luego de 10 años de jubilación.

Aprovechó esta entrevista para agradecer también a su hija, yerno, nieta y a su fallecida esposa, pues sin su apoyo no hubiese sido quien es: un hombre feliz,  que pudo desarrollar “una vida detrás del lente”.

Fotos: De la autora

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