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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Una voz para tiempos difíciles

Resulta muy relevante la labor de Ana María Ramos en la radio y la televisión cubanas durante momentos difíciles del país

Fue a inicios de la década de los años 90 del pasado siglo, durante la difícil situación vivida en Cuba a causa del llamado período especial, que irrumpió en el éter una cautivante voz femenina, que cada noche a las 11:00, por las frecuencias de la emisora habanera Radio Metropolitana, se convirtió en una suerte de oasis donde saciar la sed de ternura inevitable en los momentos de crisis.

La dueña de esa voz lleva por nombre Ana María Ramos. Ella, además de conducir, escribía y dirigía ese icónico programa de la radiodifusión capitalina que fuera Casa de Cristal: el sitio ideal para paliar, durante 57 minutos de transmisión en vivo, las carencias, angustias, incertidumbres y desesperanzas que era preciso afrontar día tras día para sobrevivir aquellos tiempos tremendos.

Quien nunca tuvo la oportunidad de sintonizar ese espacio radial, tal vez por no haber nacido a tiempo o por vivir en otros puntos de nuestra geografía, posiblemente no pueda comprender lo que ahora digo. Pero había que escuchar esa voz acogedora y cálida reflexionando cada noche “de lo humano y lo divino” para sentir cómo, de a poco, se nos reconfortaba el alma desde la primera frase hasta la última… siempre inteligentes por demás.

Si ahora rememoro esos lejanos momentos es porque ha pasado el tiempo, que todo lo transforma, y sin embargo aún es posible escuchar la voz de Ana María Ramos, devenida realizadora de propaganda en la Televisión Cubana, en numerosos mensajes televisivos de bien público, más recientemente en los relacionados con la prevención y el enfrentamiento a la COVID-19.

Vuelve nuevamente esa hermosa y convincente voz a persuadirnos de muchas cosas, como hace años lo hiciera en Casa de Cristal, aunque ahora se trate del cumplimiento de las medidas higiénicas tan necesarias, del aislamiento social indispensable en estos tiempos, del especial cuidado que precisan los más vulnerables sectores de nuestra población.

Por eso me he permitido hablar de la labor y de la voz de Ana María Ramos en estos tiempos, quizás tan o más complejos que aquellos eufemísticamente nombrados como período especial. Una labor y una voz que siguen siendo, como casi 30 años atrás, a las 11:00 de la noche en Radio Metropolitana, una buena acción que debemos agradecer y, a la vez, corresponder por nuestro propio bien y el de todos los cubanos.

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