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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Vivir del Cuento no se raja

Ese humor criollo que fustiga con su oportuno, atinado y cascabeleante látigo persistió en la nueva temporada de Vivir del Cuento

Tras una ausencia que resultó demasiado prolongada para los millones de televidentes que tanto lo echábamos de menos, Vivir del Cuento ha vuelto a la pantalla y por sus fueros. Lo cual quiere decir, demostrando su valía como un programa imprescindible en la parrilla del Canal Cubavisión y a contrapelo de las disquisiciones y elucubraciones -no siempre asistidas por buenas intenciones- de ciertos «cuentapropistas de la opinión», que habían pronosticado el ocaso de un espacio donde se dicen no pocas verdades sobre la realidad nacional… como si no fuera precisamente esa la esencia del humorismo costumbrista que desde tiempos inmemoriales se hizo tradición en esta tierra nuestra.

Ese humor criollo que fustiga con su oportuno, atinado y cascabeleante látigo -con el fin de sacudirlos- los lunares que ensombrecen la obra bella, y que llegado el caso es como una suerte de exorcismo capaz de liberarnos momentáneamente al menos de unas cuantas angustias y preocupaciones, al abrir entre ellas y nosotros esa benefactora brecha que es la risa o simplemente una sonrisa… tal cual hiciera en su anhelada reaparición Vivir del Cuento.

Utilizando con acierto los más clásicos recursos de la comedia de equívocos y enredos y sin renunciar por ello al crítico propósito que siempre lo ha caracterizado, el guion del siempre eficaz Antonio Berazaín con que este programa dejó inaugurada su temporada veraniega -que ojalá se prolongue por el resto de las estaciones de este complejo año- proporcionó suficientes razones para reír y hasta para meditar, con un tono refrescante donde tampoco faltaron el doble sentido y la música aportada por los mariachis previstos en la trama.

¡Ay, Jalisco, no te rajes! fue el capítulo que marcó el retorno de tan gustado, esperado y necesario programa. Y teniendo en cuenta la intencional agudeza que siempre lo ha caracterizado, quiero pensar que no fue nada casual la elección de dicho título, pues pese a los designios de quienes por una razón u otra pronosticaron por cuenta propia su desaparición de la pantalla o en todo caso la extrema mediatización de sus contenidos, para beneplácito de los televidentes Vivir del Cuento no se raja.

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