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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Voy por 10, por 11,12…

Retos de la programación infantil en TV: que permita aprender, divertirse y entretenerse

“La televisión es un espectáculo de multitudes que no puede prescindir de las grandes mayorías (…) no es posible sustraerse de las necesidades, características y apetencias del público porque la televisión existe por y para el público”. (1)

Los niños, un segmento de público muy interesante y heterogéneo, en muchos de los casos, usan los medios de comunicación como material de estudio, como complemento a lo aprendido en la escuela. El medio televisivo es un trampolín de oportunidades para ganar conocimientos en niveles diferentes, además presenta varios tipos de contenidos. Las diferencias en las cotidianas vidas infantiles y en la recepción de los contenidos audiovisuales propician la  construcción  de sus propios  significados.

“La televisión  tiene múltiples  funciones, entre ellas, educar, instruir y entretener. La televisión infantil participativa de calidad tiene que estimular a los niños. La pantalla tiene que ser seductora, lo suficiente como para imponerse al contexto ruidoso, diverso y ecléctico que la rodea”. (2)

“Calidad en televisión infantil significa ofrecer espacios para enriquecer la vida emocional y social de los niños; ayudar a comprenderse a sí mismo y entender al mundo cotidiano en el que viven; divertirse, gozar de la vida y de la riqueza que ofrece el mundo; inspirar y alentar a los niños a ser activos en su ambiente social”. (3)

La edad escolar constituye un periodo decisivo en el desarrollo del niño. Este es uno de los motivos por los cuales realizar programas para niños y adolescentes deviene un gran reto. Nuestros niños y adolescentes son protagonistas de la revolución tecnológica que está teniendo lugar.

No obstante, según resultados obtenidos en estudios realizados por diversos centros de investigaciones, incluyendo el Centro de Investigaciones Sociales de RTV Comercial, entre las principales actividades que continúan realizando los niños y adolescentes en su tiempo libre está Ver Televisión.

Este es un dato significativo desde el punto de vista del aprovechamiento del medio televisivo como herramienta para adquirir y asimilar información para este segmento etario específico.
    
¿Cómo conquistar a nuestros niños y adolescentes a través de la televisión? ¿Cómo establecer una comunicación fluida con ellos? ¿Qué tipo de espacios prefieren ver en pantalla? ¿Cómo presentarles los contenidos para que sean atractivos?

Actualmente están muy de moda los programas de participación, reality shows, los interactivos, los que insertan medios digitales o al menos lo intentan.

En la pantalla cubana algunos programas dirigidos a niños y adolescentes no logran la calidad necesaria. No debe soslayarse que aderezan también la sociedad cubana actual y afectan, ciertamente, a nuestros menores: el resquebrajamiento de los valores, el desinterés por el estudio y el uso indiscriminado del ciberespacio que conduce al facilismo.

¿Qué hacer? Buscar soluciones urgentes, prácticas, que involucren a todos los actores sociales. La televisión puede contribuir a resolver este problema, pero no es la única solución.

Recordemos algunas producciones de los canales Educativo y Cubavisión donde los niños y adolescentes tienen un rol primordial: RBG Los Enredos de Rubagia, Sopa de Palabras, Barquito de Papel, El Elefante y la Hormiga, Sorpresa XL y, más recientemente, Voy por 10.

Voy por 10….
Resulta importante conocer las características de la niñez y la adolescencia, así como identificarlas en los estudiantes, con sus particularidades individuales y con sus rasgos comunes.

Esta es una premisa para elevar no solo la calidad del proceso docente-educativo sino también la del producto comunicativo. Según el director de TV y profesor de los medios audiovisuales, Vicente González Castro: “es imprescindible conocer todo lo relacionado con el gusto, las necesidades, los intereses, las motivaciones y las frustraciones del público al que se dirige”.

Lo más importante no es que los receptores se expongan al espacio, sino que comprendan el mensaje que contiene, aquello que quiere comunicar el realizador.

Música, cámara, planos, efectos sonoros y efectos digitales son algunos de los recursos que aumentan la familiarización e identificación emocional con los contenidos. La relación es directamente proporcional: mientras más accesibles, asimilables y emotivos son estos contenidos, serán mejor recordados en el tiempo.

Un espacio bien concebido, con equilibrio en cuanto a contenido y forma siempre  se agradece.

Voy por 10 es dirigido por Yiria Otaño, realizadora con experiencia en espacios infantiles, quien ha sabido trabajar coherentemente para lograr un espacio formativo y dinámico, también, en la medida que el acceso a los recursos se lo han permitido.

Este programa posee una intencionalidad educativa marcada, una estructura sencilla. Lo conduce Yumié Rodríguez, incluye un grupo de niños de escuelas primarias que compiten, el jurado formado por profesores y propone competencias variadas; pero falta mucho por hacer aún, sobre todo con respecto a la escasa preparación integral de los escolares participantes, evidente en el desarrollo de estas competiciones.

Dentro del espacio se constata que los estudiantes tienen dificultades en la comprensión, poca destreza para la realización de operaciones sencillas, problemas para la memorización, la ejemplificación, la explicación o la identificación de determinados elementos.

En resumen, resalta la ausencia de habilidades básicas que corresponden a estos grados escolares. Esto infelizmente vuelve a sorprendernos, pues ha sucedido en otros programas de producción nacional dirigidos a adolescentes y jóvenes, lo que puede declararse definitivamente como una debilidad de los espacios participativos dirigidos a estos públicos.

¿Qué está provocando este comportamiento? ¿Lo aprendido en la escuela  permanece por poco tiempo en la memoria de los educandos, por qué? ¿Falta el trabajo independiente? ¿Falta exigencia? Las anteriores interrogantes pudieran determinar este comportamiento en los educandos; mi juicio y experiencia pedagógicas así lo avizoran.

Expertos en comunicación coinciden en que la televisión aumenta el nivel emocional de lo aprendido y con esto se instauran fuertes connotaciones en los diferentes modos de adjudicarse los contenidos, materias o temas abordados en cada emisión.

Está claro que lo aprendido debe relacionarse con la vida personal de cada individuo y con su mundo circundante, a partir de esta relación surgen nuevos significados.

También se recomienda reforzar la estrategia de reproducir de manera eficaz los contenidos escolares y no escolares en los espacios televisivos, pero también es vital hacer un llamado a la reflexión desde la educación como institución. Debe recordarse que quien sale ante cámara, en este caso para expresar mensajes instructivos, informar, educar, exaltar valores establecidos o por establecer, se convierte en patrón de imitación.

Ojalá nuestros programas televisivos de participación dirigidos a estos grupos etáreos puedan garantizar un puntaje más alto, superior a 10, en el aprendizaje de nuestros niños y adolescentes.

Referencias:
1 González Castro, Vicente: Para entender la televisión. El público ante la televisión. Monografía digital.
2 Ídem.
3 Gotz, Maya: Diferentes e iguales. Algunos apuntes dirigidos a los productores de TV infantil sobre la diversidad de los niños. Instituto Central Internacional para la juventud y la televisión educativa, Alemania.

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