dom. Ene 19th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El problema trasciende a los medios audiovisuales


La falta de acceso a las tecnologías solo nos lleva a un estado de ostracismo y caducidad en las puestas en pantalla, que perjudica a nuestra TV.

Orlando Cruzata

Siempre he tenido la posibilidad de vivir en un lugar donde coexisten muchos apartamentos uno al lado del otro. Tal promiscuidad sonora me ha servido de termómetro para saber qué pasa con la teleaudiencia, qué ve realmente la gente, sus preferencias. Ese sistema de valoración me ha valido de mucho. Pero, desde hace un tiempo, esa apreciación ya prácticamente no la tengo.cruzata

En primer lugar, porque mis vecinos se han comprado DVD y otros se han hecho de alguna que otra antena satelital. Por tanto, casi todos mis vecinos han dejado de seguir la Televisión Cubana, a juzgar por  las bandas sonoras que me llegan. La mayoría siguen las peores telenovelas mexicanas, colombianas, los peores programas reality shows norteamericanos, principalmente de Miami. De los cuales todos siguen el mismo esquema —algunos más, otros menos—, con formatos y contenidos contrarios a la Revolución Cubana, a los proyectos culturales cubanos. Lo que sí es cierto es que son bastante seguidos.

Los DVD de videoclip que la mayoría alquilan son de lo peor que existe en el contexto nacional e  internacional. Es un público que antes seguía la Televisión Cubana un ciento por ciento y, no quiero ser absoluto, pero creo que ahora solamente siguen la telenovela de turno, el béisbol y algún que otro programa musical.

Los casos del DVD, el satélite e Internet son parte de una tecnología actual que permite llegar a millones de personas de forma mucho más ágil y segura. En una pequeña memoria flash de 4 Gigabytes caben cuatro películas, o posiblemente una serie entera de 16 capítulos. Eso es parte de una tecnología que se ha impuesto.

Desde que en los rosados años 60 el hombre decidió democratizar los medios audiovisuales, la posibilidad de que cada ser humano hiciera su propia película, apareció el video, para que el audiovisual no fuera solamente patrimonio del cine y la televisión. Hoy una cámara digital de alta definición de segunda mano se vende en el mercado sobre los 3 000 dólares, que para un cubano es mucho dinero; sin embargo, en varios lugares del mundo desarrollado está al alcance de varias personas; y se introducen en Cuba con una facilidad tremenda, al igual que una computadora, que no es necesario que sea de primera mano, con un pequeño programa de edición. Eso te da la posibilidad de que en tu casa, hagas tu documental, tu DVD, etcétera.

Pero, no tenemos por qué tenerle miedo a eso. Con ese objetivo ha luchado el hombre durante mucho tiempo, para lograr esa democratización de la imagen.

Hago esta reflexión porque he oído en algunos lugares que la solución es negar  la posibilidad de creación individual, que “Internet tiene elementos que pueden ser utilizados por el enemigo”.

Creo fervientemente en la libre información y acceso a cualquier medio de difusión masiva de todos los seres humanos. Muchos profesionales de la TV Cubana deberían tener un libre acceso a estas tecnologías, como Internet y la  TV satelital, como seres humanos del siglo XXI y, en segundo lugar, como profesionales que deben estar informados y actualizados de los últimos acontecimientos, las estéticas y formas de realización en la TV a nivel mundial. La falta de acceso a estas tecnologías solo nos lleva a un estado de ostracismo y caducidad en las puestas en pantalla, que perjudica a nuestra TV.

Todas esas cosas no tenemos por qué verlas totalmente negativas. Es importante asumir como algo natural la posibilidad de que alguien tenga una cámara, un set de edición en su casa. Eso no puede ser una preocupación para nosotros. Si esa persona quiere hacer un videoclip o un documental a su forma, su gusto, su manera de ver la vida, nadie le puede prohibir que lo haga. Simplemente porque esa cámara, ese set de edición es para esa persona lo mismo que una pluma, un bolígrafo y una máquina de escribir para un escritor, un pincel y el lienzo para un pintor, o un instrumento musical para el músico. Es su medio de expresión, su parte de libertad individual, espiritual y artística de verse reflejado en la realidad.

Ahora, ¿dónde viene el problema? ¿Cómo llega esa realización individual o a veces colectiva a los medios de difusión? He ahí donde está el dilema.

Defendemos el derecho de libertad creativa asumiendo el riesgo que esto conlleva. Ahora, ¿como es posible que audiovisuales de bajísima calidad, irreverentes hacia la sociedad, faltos de valores estéticos, completamente contrapuestos a la política cultural y de programación, se hagan muy populares y de alto consumo entre la juventud?

Por ejemplo, videoclips de muy bajo presupuesto artístico, con ofensas a la mujer, donde lo erótico roza con lo pornográfico sin que medie estética alguna, se exhiben en la gran mayoría de los centros nocturnos del país, discotecas, centros recreativos. Los expenden y alquilan cada uno de los nuevos vendedores de DVD que hay en todo el país.

Logramos desde hace mucho tiempo tener en cada cuadra un Comité de Defensa de la Revolución y ahora un vendedor de discos, muchas veces más de uno. No cuestiono si eso es bueno o malo, simplemente: ¿quién aprueba y decide que se venda ese tipo de material, se promueva en los centros recreativos de este país, donde se supone hay una política cultural que rige a estos centros, la programación televisiva y radial? Mi punto de vista es que no debe censurarse a quien lo haga, sino cómo llega eso a hacerse popular.

También hago otra pequeña reflexión, voy un poquito más allá: ¿por qué al público, mis vecinos, les encanta este tipo de materiales?, porque les encanta. Les encanta una telenovela de quinta categoría, les encanta este tipo de videoclip, les encantan esos reality shows. Cuando uno va a la escuela donde estudian esos adolescentes, lo que ponen a la hora del receso es lo peor del reggaetón, de la trova cubana, del pop meloso, lo peor del rock. Se pone en los DVD que ha entregado el Estado a las escuelas.

Como vemos, no es un fenómeno de la Televisión, es una pérdida de valores de incalculable trascendencia en la  sociedad cubana, donde los gustos transmitidos por padres y maestros ya no tienen la profundidad de pensamiento y el buen gusto de aquellos que tuvimos nosotros cuando éramos estudiantes. No tienen ese don de arcángel señalado por Martí.

Entonces, encontramos a un adolescente cantando a toda voz no solamente un reggaetón, sino esas canciones horribles de Marco Antonio Solís, que hacen tanto daño como un reggaetón de los peores.

Ese tipo de cosas es la que realmente me preocupa. Y no podemos tenerle miedo a esos avances tecnológicos, sino saber qué vamos a hacer con ellos para evitar que se conviertan en audiovisuales de alto consumo, cuando sabemos que son realmente dañinos para la sociedad.

Por eso es que mis vecinos van a continuar viendo DVD, la antena satelital y cada día verán menos la televisión, porque es un problema más profundo que trasciende a los medios audiovisuales.

Ahora, nosotros como Instituto Cubano de Radio y Televisión tenemos que “automirarnos”, saber en qué fallamos que ya no llegamos a ese público, ¿qué debemos hacer para que nuestros programas -como dijo Waldo- tengan en primer lugar un contenido interesante y, en segundo lugar, una morfología, una imagen, un sonido que cautive a la población?, porque todos esos programas, cuyos contenidos son a veces demasiado agresivos o no nos interesa como sociedad que sean vistos aquí, sí cautivan con su imagen. Ustedes saben que el oropel cautiva también.

Lo falso, lo que brilla, lo kitsch cautiva, pero cautiva a un público al cual no hemos preparado. Pensamos que está preparado para recibir lo mejor; sin embargo, la realidad, cuando usted va a la concreta, que son mis vecinos, comprueba que no es así.

El reto está en hacer las cosas mejor y, sobre todo, dentro de la propia institución ser más transparentes los unos con los otros, más sinceros, saber realmente cuáles son las estrategias que le convienen a la dirección del país, basados en la propia política cultural, la de programación pero, fundamentalmente, ser más creativos.

No puede ser, como sucede actualmente en la Televisión Cubana, que se tomen determinaciones que influyen en la creación artística sin contar con los creativos propios de la televisión, que se mantienen al margen de los consejos de dirección y de programación. La política cultural del país, puede ser perfecta —que no lo es—, al igual que la política de programación de la Televisión, pero quienes la llevan a millones de personas son los creadores, los directores los realizadores, son quienes tienen que estar siempre.

Este sería un primer paso, solo un primer paso, para que un día mis vecinos vuelvan a ver y sentir la Televisión Cubana.

 


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