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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Con noventa y nueve años… ¡y tan joven!

Por esa incansable vocación de servicio es inevitable desearle una larga y fructífera existencia a esa gran amiga que es la radio cubana

Este 22 de agosto una amiga llega a sus noventa y nueve años plena de entusiasmo y vitalidad, como si el tiempo en vez de envejecerla la rejuveneciera. O como si la edad se le convirtiera en un atributo que le renovara los bríos y la experiencia acumulada durante casi un siglo… y mucho ha aprendido y logrado esta amiga, tan entrañable y necesaria para todos los cubanos.

Porque digamos que su vida comenzó –como todas las vidas de este mundo- dando esos primeros y discretos pasos que poco a poco fueron cimentándole el camino, hasta que su andar se fue haciendo cada vez más firme, para inspirar en todos una mayor confianza y hacerse ella misma de un infinito compromiso de servir.

Por eso a estas alturas no descansa esta amiga ni un instante, alentando los amaneceres de esta tierra nuestra, acompañando las jornadas de creación o el merecido ocio, compartiendo con el pueblo su sabiduría en las sobremesas, reconfortando la vigilia en cada madrugada insomne, tomándole continuamente el pulso a estos complejos tiempos de pandemia en los cuales no ha recesado su labor.

Dedicada y solícita, profunda y amena, multifacética y única, tiene esta amiga el maravilloso don de integrarse a la familia como un miembro más, desentendiéndose de diferencias generacionales porque a todos trata con idéntico respeto, consideración y amor sin importar la edad que tengan, sino haciéndoles saber cuán importantes son.

Y tal vez esa ha sido durante toda su existencia la ofrenda mejor que ha hecho a la patria esta amiga, tan cubana como las palmas: parecerse a un país que se rehace a sí mismo cada día, ya sea en circunstancias adversas o propicias, con sus raíces afincadas en la tierra y sus sueños a la altura de su dignidad.

Cumple hoy noventa y nueve años una amiga que no ha cedido terreno ante los embates de las nuevas tecnologías, sino se ha servido de ellas para acrecentar cada vez más su utilidad entre quienes le profesan tanta admiración y lealtad.

Por esa incansable vocación de servicio, por esa incondicional entrega al mejoramiento humano y al desarrollo cultural de nuestro pueblo es inevitable desearle una aún más larga y fructífera existencia a esa gran amiga que es la radio cubana, con noventa y nueve años… ¡y tan joven!

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