vie. May 29th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

En el mismo lugar, en el lugar exacto


En el mismo lugar apuesta por educar el gusto musical de los amantes de la Nueva Trova y la canción inteligente

En el mismo lugar, en el lugar exacto

Por Raúl Fuillerat Alfonso

Fotos: Archivo

Hay deudas que no pueden quedar sin pagar y desde la salida al aire de En el mismo lugar, por el canal Cubavisión, ando por comentar al respecto, no como crítico del medio –no lo soy–, sino desde mi perspectiva profesional, de psicólogo y comunicador.

El espacio de las noches de viernes nace de la complicidad entre el director Juan Pin Vilar; el músico, comunicador y conductor Jorge Gómez y un Equipo de realización, así con mayúsculas.

A primera vista, resalta la intención didáctica. No sé si constituye una pretensión del colectivo, aunque parece que sí. A mi juicio deviene una educación activa y no a la que, en ocasiones, nos tiene acostumbrada la pequeña pantalla con entregas de información pasiva, bancaria como le llaman en Pedagogía.

Lo anterior, por supuesto, responde no solo al talento del director y a la buena faena del colectivo de producción, sino a que Jorge Gómez, más allá de las profesiones citadas, resulta un maestro. Cuando le adjudico el calificativo evado el uso extendido hoy en el argot popular. Hablo del ejercicio eminentemente docente que despliega en cada emisión.

A Jorge, también escritor del programa, lo admiramos como buen músico y director del mítico grupo Moncada. Quienes hemos seguido su espacio en Radio Progreso y ahora este, encontramos en él a una persona donde confluyen las normas de una buena comunicación: autenticidad, sencillez, lenguaje entendible sin ser chabacano, dominio del tema, amplia cultura musical y general, imagen elegante sin caer en brillos y oropeles; en resumen, logra el intercambio efectivo con el televidente, en un cara a cara difícil de lograr.

Siempre he admirado el desempeño pedagógico de Gómez en cada una de sus apariciones. No sé si ha ejercido el magisterio en algún momento, pero sus intervenciones semejan excelentes clases. Muchos elementos que fundamentan las teorías de la dinámica del comportamiento humano y de la pedagogía en la enseñanza son herramientas que Jorge maneja con facilidad. A lo mejor lo hace de manera inconsciente, pero demuestra madera de educador con creces.

Proyecta control en cada comentario, aún en aquellos sobre intérpretes o agrupaciones de su preferencia. Sabe decir con mesura, equilibrio y maneja de manera hábil las motivaciones para provocar al televidente. Conversa como si estuviera en una reunión de amigos o en un aula, así lo percibo durante cada entrega de este espacio musical educativo.

Como se dice en el argot popular, “engancha” al telespectador, estimula sus intereses, concepto que en ocasiones tiende a igualarse con motivación, cuando en realidad el primero expresa cuando la persona es capaz de buscar información acerca de lo que lo ha estimulado.

A juicio del eminente pedagogo y psicólogo Félix Varela, la teoría sin práctica es puro verbalismo y la practica sin teoría, mero empirismo”, principio que Jorge Gómez lleva hasta sus últimas consecuencias.

Aporta datos, pero los valida con una muestra de videos e interpretaciones en el estudio, las cuales hacen posible la comprensión del mensaje teórico. Sabe relacionar hechos, momentos, intérpretes, géneros, etapas, y armar una buena historia temática.

Se apoya en un excelente trabajo de investigación, un guión sobresaliente, unido al arte de la comunicación, para que el televidente conozca, se entere, aprenda.

 

Sin perder la brújula

El espacio presenta secciones, pero no fijas, dedicadas a la obra de un compositor, músico o intérprete. Recientemente, vimos una emisión consagrada de manera íntegra a la vida y obra de uno de nuestros más completos cantantes, Augusto Enríquez, mediante la trasmisión de un excelente documental de Armando Padrón.

En el mismo lugar exhibe objetivos y súper objetivos bien trazados que permiten darle unidad al espacio, lo cual hace más loable y presente el trabajo de dirección de Vilar. A lo anterior se añade un singular trabajo de equipo.

Hoy día se realizan múltiples intentos para facturar musicales cubanos genuinos, como aquellos que disfrutamos el siglo pasado: Música y Estrellas, Buenas Tardes, Fin de semana en TV, los inolvidables show del mediodía con Pinelly o En la viva, de la mano de nuestra Consuelo Vidal.

Casi siempre en los nuevos proyectos se nota un estilo reiterativo, programas sin objetivo, intentos de parecerse a modelos foráneos, sobre todo en el estilo de conducción y animación. Además de ser un producto original y bien pensado, En el mismo lugar mantiene una esencia moderna y cubana. Y cito tales conceptos porque por desdicha muchas “mentes” defienden que para ser actual resulta necesario imitar modelos foráneos.

El espacio llegó en un momento ideal, cuando las propuestas televisivas saturaban con salsa, reguetón, rock, orquestas y temas interminables propios de bailes populares y no de la pequeña pantalla.

Vino a satisfacer las necesidades de una generación amante de la Nueva Trova, tal vez con la misma fuerza que a Los Beatles y a lo más representativo de la década prodigiosa. Nos devuelve a aquellos tiempos con la dosis adecuada, buscando el punto de encuentro entre lo antológico y lo contemporáneo, sin dejar de proyectar el futuro.

Sazonado con secciones como “Aquí y ahora” y “El clip nuestro de cada día”, entre otras, exhibe una estructura que va de lo particular a lo general. Al final siempre recordamos y aprendemos algo nuevo.

A los méritos de Gómez se añaden los del equipo liderado por el talentoso y siempre joven Juan Pin Vilar, responsable mayor del resultado: excelente trabajo de cámaras y fotografía, edición y sonido hechos con ganas, ambiente agradable, íntimo, sencillo, sin grandes pretensiones.

En el mismo lugar deviene pretexto no solo para jugar a dos manos con la nostalgia y el presente, sino para reafirmar cuánto sabemos y, en esencia, aprender a asociar música, autores, intérpretes y géneros en el tiempo y el espacio. No le falta ni sobra nada, porque está en el lugar exacto.


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