vie. Sep 25th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Entretener para hacer pensar

El libro Pensar el entretenimiento, que publica la Editorial En Vivo, propone varios criterios acerca de cómo hacer una televisión mejor que, además de entretener, aporte conocimientos, utilidad y virtud

Aunque aquí vamos a hablar de televisión, comencemos esta reseña con una referencia a los libros o, más bien, a su misión ideal. En 1839, Federico Engels escribía: “El libro popular tiene la misión de alegrar, animar y deleitar al campesino cuando por la noche vuelve cansado de su dura jornada de trabajo, hacerle olvidar sus fatigas, transformar su campo de piedras en un fragante jardín de rosas. Tiene la misión de transfigurar en un mundo de poesía, en un palacio dorado, su taller al artesano, su miserable buhardilla al atormentado aprendiz y presentarle su robusta amada como maravillosa princesa. Pero tiene la misión, junto con La Biblia, de aclararle sus sentimientos morales, de hacerle tomar conciencia de su fuerza, su derecho, su libertad, de despertar su valor, su amor a la patria”.

Justo con esta cita de un joven Engels, aún sin conocer a Carlos Marx, comienza el libro Pensar el entretenimiento, que publica la Editorial En Vivo. Se trata de una compilación de ensayos y trabajos periodísticos, a cargo de Lázaro González. La referencia de marras viene a colación porque, en dicha introducción, su autor Waldo Ramírez de la Ribera aplica justo tales postulados del filósofo alemán a la que también debiera ser la misión ideal de la televisión. No huelga agregar que ese es en general el objetivo principal de la obra. Este título reúne diversos ensayos y trabajos periodísticos que persiguen analizar cómo es, y más, cómo debiera ser y funcionar la maquinaria escondida tras la pequeña pantalla.

Desde el propio inicio, en esa incitación al debate que funciona como obertura, Waldo Ramírez lanza al ruedo algunas importantes ideas. La inseparable, pero nada fácil mezcla entre los objetivos de entretener y educar, hacer pensar y divertir, ha sido para la televisión uno de los más vigentes dilemas. A la vez, los grandes escollos, el uso de este poderoso medio para vaciar al público de contenidos inteligentes, difundir productos pseudoculturales y solo poner las prioridades en función de lograr altas audiencias a cualquier costo son permanentes enemigos de los proyectos e intenciones que animan a una sociedad humanista.

El libro resulta un interesante y valioso compendio donde diversas ópticas y análisis se combinan para diseccionar diferentes problemas. Sabida la particular situación de nuestro país respecto a la adquisición de recursos o la implementación de no pocas tecnologías, la televisión siempre ha sido y será un medio muy caro, las miras deben enfocarse entonces en otras soluciones. Si bien los recursos limitan en determinados aspectos de producción o realización, es el ingenio, la capacidad de aplicación conceptual de nuevas ideas, lo que debe primar, porque, como plantean varios trabajos, hay también dificultades, limitaciones, escaseces, pero de índole ideotemática, de creatividad, de métodos y de conceptos.

En el compendio, varios realizadores, directivos, críticos y periodistas, aportan sus ideas sobre diferentes ámbitos y desde plurales ángulos, pero todos con un mismo fin. Pretenden hacer una televisión mejor, apta para la amplia gama de estratos que constituye nuestro público y que, además de entretener, aporte conocimientos, utilidad y virtud.

Varios son los ejes principales sobre los que giran los trabajos. Los mecanismos relacionados con la producción y la creación televisiva; la importancia de la programación, los valores o naderías que puede trasmitir este medio, así como la selección y diversidad de los materiales a crear y emitir son algunos de los asuntos tratados. Entre otros autores, Víctor Fowler, Pablo Ramos, Juan Antonio García Borrero y Maribel Acosta, por solo citar unos pocos, abordan un amplio espectro de cuestiones. Desde cómo adecuar y escoger lo mejor del alto número de producciones televisivas foráneas actuales, pasando por abordajes analíticos del humor, los programas de entretenimiento, la proyección cinematográfica, hasta llegar a los espacios infantiles y el periodismo televisivo, se vierten argumentos valiosos y que deben ser tomados en cuenta.

La ya larga pero siempre vigente polémica sobre las utilidades, usos y abusos de los poderes de la televisión, aquí encuentra nuevos caminos y criterios. Este libro añade buena leña al fuego del debate y ofrece herramientas a las labores por hacer. Las pantallas de papel de Pensar el entretenimiento esperan por ser abiertas.


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