vie. Sep 25th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Nunca estará de más la música, si cumple cabalmente su cometido

Reflexiones sobre la programación nocturna del canal Cubavisión el miércoles en el verano del 2020

Hace apenas un rato, un vecino me expresó su desconcierto con la programación nocturna del canal Cubavisión el pasado miércoles, por considerarla excesivamente musical, mientras otros días la música casi brilla por su ausencia en ese horario.

Cuestión de criterios que son para mí muy respetables, aunque no los comparta totalmente. Porque si bien es cierto que “la más bella forma de lo bello” –según la magistral definición martiana– tuvo una notable presencia en tres de los programas transmitidos, solamente De la Gran Escena se corresponde con los requerimientos de dicho género.

Me sentí entonces en el deber de aclararle al desconcertado televidente que El Potaje –cuya primera emisión provocó ciertos comentarios adversos–, en esta ocasión tuvo a su favor un ingrediente capaz de satisfacer los más exigentes paladares: el análisis teórico y la demostración práctica de los extraordinarios aportes rítmicos hechos por Juan Formell a nuestra música, puestos a prueba –y de qué manera– en los Van Van.

¿Y cómo ilustrar tan innovador y relevante legado sonoro sino recurriendo a algunos fragmentos de esas creaciones musicales que han hecho bailar a todos los cubanos y al mundo entero? Bienvenida entonces la música que, junto a las didácticas y a la vez sencillas intervenciones de algunos de sus depositarios y continuadores, puso al alcance de la telaudiencia –quizás como nunca antes– el proceso creativo que ha inmortalizado a Formell.

Tuvo, además, la noche del pasado miércoles el magnífico colofón de ese otro espacio veraniego que es A Ritmo de Cine. Como su nombre sugiere, una revista cinematográfica donde se transmiten películas en las que la música representa una apoyatura esencial al argumento fílmico, sin que sea ese el único propósito de tan gratificante programa.

Haciendo gala de una admirable e intencionada coherencia, en su salida al aire del 16 de abril, A Ritmo de Cine no se limitó a la entrega del estremecedor filme francés Los Coristas, sino se detuvo en la tradición coral existente en nuestro país, contando para ello con la presencia de muy destacados cultores de dicho formato vocal.

Imposible hubiera sido ejemplificar la amplia trayectoria de los coros en Cuba sin deleitar a la teleaudiencia con algunas excelentes interpretaciones corales –y de paso sensibilizarla con la entrega cinematográfica prevista para el cierre del programa–, en un derroche de buen gusto que justificó con creces la razón de ser de dicha oferta televisiva.

Es por eso que nunca estará de más la música, si cumple cabalmente su cometido. Y ojalá mi desconcertado vecino al fin lo haya comprendido.

 


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